Frases sobre Masonería y Religiones

“Los orígenes de las religiones antiguas se encuentran en el animismo y en la adoración totémica. Alguien dijo que el hombre ‘adora lo que teme y teme lo que no se explica’. Lo cierto es que parece ser la muerte lo primero que despertó el temor y la preocupación del hombre por darse una explicación más allá de lo que le era cotidiano”.

“Los orígenes del judaísmo se encuentran en las raíces mismas del pueblo judío, cuando Abraham impuso la idea de un Dios único. Eran tribus seminómades de Mesopotamia, que lograron reconocer como propia esa idea del dios único, y a las cuales, posteriormente, Moisés les despertó una conciencia nacional, unificándolas también en torno a la fe en un solo Dios”.

“El cristianismo tiene sus orígenes en el judaísmo y en las profecías que plantearon la venida de un mesías o redentor del pueblo de Israel. Si bien la existencia de Cristo (“el Ungido”) para algunos tiene elementos discutibles, lo cierto es que el mensaje y la prédica de Jesús, recogida por los Evangelios, son factores articuladores de una nueva profesión de fe que surge en medio del Imperio Romano, y a través de éste se extiende por el resto del Mediterráneo”.

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“En nosotros las virtudes son distintas. En Dios las virtudes se superponen al mismo tiempo que se distinguen, pero cuando se llega a la Divinidad (la parte superior del diagrama, el Infinito), las fronteras de las virtudes se disuelven y cada una adquiere las características de las otras. Todas las virtudes se condensan en una singularidad que los escolásticos denominaron la “divina simplicidad”.

El infinito no puede (a menos que se contradiga a sí mismo) renunciar a su infinitud. Sin embargo, al mismo tiempo, debido a su infinitud, no puede excluir nada, lo que significa que debe incluir lo finito. Siguiendo la misma línea de razonamiento, no sólo debe incluir lo finito, debe incluir igualmente todas sus gradaciones.

La metáfora del velo, tan usada en la Orden para velar y revelar los misterios, nos enseña que los velos aumentan progresivamente a medida que descendemos en la escala del Ser. Así sólo un único velo oculta la plenitud de lo infinito a aquello que más se le aproxima (a saber: el Dios personal), pero los velos se le añaden progresivamente para producir todos los grados de lo finito hasta que finalmente llegamos a las más exiguas formas de existencia (los elementos subatómicos), donde lo infinito está oculto casi totalmente. La fuerza de la metáfora de los velos radica en que reconoce la ubicuidad de lo infinito mientras que al mismo tiempo permite explicar sus grados discernibles”.

[/box] Alfredo Corvalán

Alfredo Corvalán (2013). Docencia masónica: enseñar, instruir, educar

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