Las masonerías en el mundo contemporáneo. Sexta entrega. La masonería latinoamericana

A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.
Libertad Igualdad Fraternidad

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LAS MASONERÍAS EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO

La masonería latinoamericana

(Capítulo primero)

H.·. Oscar Figueredo

M.·.M.·.

Log.·. José Martí Nº 125

 

       La Masonería en América Latina comienza a tomar forma en el siglo XIX, muy ligada a los fenómenos políticos que en ese tiempo se generaron.

       En efecto, a diferencia de lo que ocurrió en Europa y en Estados Unidos, en el siglo XVIII, en donde la influencia y la acción de las Grandes Logias Británicas fueron los factores determinantes que generaron la formación o nacimiento de la Masonería; en América Latina su surgimiento, que fue posterior en el tiempo, estuvo muy vinculado a los fenómenos sociales y políticos ocurridos en esa época histórica.

Consideraciones preliminares

        En la Europa del siglo XIX es cuando se establece una división entre la masonería anglosajona y otra de origen latino. La primera abarcaba a la masonería inglesa o británica, la alemana, la escandinava, la danesa, la holandesa y también la norteamericana; así como todas aquellas “reconocidas” por la Gran Logia de Inglaterra o las Grandes Logias Norteamericanas.

Las Logias Lautaro servían de enlace y dirección de los  trabajos entre San Martín y Pueyrredón.

Las Logias Lautaro servían de enlace y dirección de los
trabajos entre San Martín y Pueyrredón.

        Es la Masonería que puede ser calificada como regular, puesto que, según afirma Ferrer Benimeli, es la que puede reivindicar este derecho de una Orden concebida en un momento de la historia, sustentándose en la fidelidad a los principios y a las reglas dictadas por los fundadores. Es decir, que se trataría de una masonería que, entre otras cosas, sólo admite como miembros a varones que reconocen un Dios como principio creador, y de los que recibe su juramento de fidelidad a los compromisos, sobre el Libro Sagrado de una religión. Sus integrantes han sido y son, básicamente, teístas.

        En los países donde se implantó esta masonería de origen anglosajón, la misma ha gozado, en sus relaciones con las autoridades oficiales de sus respectivas naciones, de una posición oficial y elevada.

       Al actuar a cielo abierto y a cara descubierta contó, en su membrecía, con personalidades eminentes, de forma tal que en algunos países –incluso hoy en día–, el Gran Maestro es el rey o la persona en quien él delegue tal rol. Éste es el caso, según afirma el historiador José Ferrer Benimeli, de Dinamarca y Suecia, por ejemplo.

       En Inglaterra, luego de la conformación de la Gran Logia Unida de Inglaterra en 1813, e incluso antes, ha sido Gran Maestro un miembro de la familia real (actualmente, el Duque de Kent). En Estados Unidos, al menos dieciséis presidentes han pertenecido a la masonería, empezando por el propio George Washington.

      La masonería latina europea, es decir, la de los países latinos, en especial la francesa y la belga, y en su momento la italiana, la española y la portuguesa, a lo largo de los siglos XVIII y XIX, debido a las incidencias político-religiosas que afectaron a estos países, experimentó algunas variaciones ideológico-prácticas como la que hemos apreciado en relación al Gran Oriente de Francia (vea Las Masonerías en el mundo contemporáneo,  Segunda Entrega: La Masonería Francesa), que se manifestaron en un fuerte laicismo y anticlericalismo. Sus miembros, de inspiración racionalista o liberal, y que profesan normalmente un estricto laicismo, han suprimido –en muchos casos– de sus rituales, la presencia de La Biblia y otros libros considerados sagrados.

      Entre ambos extremos es posible detectar posiciones intermedias, como las que se aprecian en la Masonería de América Latina; que se proclama a sí misma como “regular”, pero sin exigir a sus miembros el adoptar la creencia en el GADU como un Dios personal, sino que lo admiten como un principio superior e ideal.

     La Biblia, presente en sus altares, tampoco tiene el carácter de libro revelado, sino de libro sagrado entre los demás, que atestigua la sabiduría del hombre. Sus integrantes han sido y son, en general, deístas y respetan las formas tradicionales, aunque desarrollan una perspectiva y un accionar que está muy vinculado a los temas sociales de sus naciones.

      En el año 1947 las Grandes Potencias Latinoamericanas, luego de varios intentos previos, conformaron en Montevideo, Uruguay, la Confederación Masónica Interamericana (CMI), que desde el inicio plasmó una serie de principios que incorporó a su Estatuto Fundacional y que son develadores de la concepción que ha animado a este tipo de Masonería.

      Así, al enunciar los Ideales y Principios Generales se consigna: “La Francmasonería no es órgano de ningún partido político ni agrupación social y se afirma en el propósito de estudiar e impulsar, al margen y por encima de aquellos, los problemas referentes a la vida humana, para asegurar la paz, la justicia, y la fraternidad entre los hombres y los pueblos, sin diferencia alguna de raza, nacionalidad o creencia”.

      Y, al momento de definir los Objetivos de la Confederación establece, entre otros: “Contribuir, con cuantos esfuerzos se realicen a nivel nacional e internacional, a la defensa de la libertad, de los derechos humanos, de la justicia, de la verdad, del mantenimiento de la paz, de la solidaridad, la protección de la ecología y de la más sincera colaboración entre los pueblos de América y del resto del mundo”.

Simón Bolívar (1783 - 1830)

Simón Bolívar (1783 – 1830)

      Las nociones que hemos transcripto, plasmadas en ese documento fundacional continental, no representan el origen de tales concepciones, sino que las mismas son el fruto, la consecuencia, de los procesos constitutivos de la Masonería, en el continente latinoamericano.

      En forma similar a lo consignado por muchas de las Masonerías europeas de origen latino, las Masonerías Latinoamericanas Regulares han reconocido como los principios fundamentales que las definen, a los emergentes de la divisa de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. Estos principios difieren de los adoptados por muchas de las Grandes Potencias del mundo anglosajón que enuncian y reconocen los de “Brotherly Love, Relief, Truth” que en una versión libre pueden ser traducidos como “Amor Fraternal, Caridad y Verdad”.

     No habremos de considerar ahora estas diferencias, pero basta con consignar, en esta instancia, que los tipos masónicos que cada una de estas divisas ha generado, difieren uno del otro.

Los orígenes ideológicos de la Masonería Latinoamericana

       Hemos denominado este subtítulo como el de Los orígenes ideológicos de la Masonería Latinoamericana, porque, más allá de las circunstancias particulares que dieron nacimiento a cada Gran Potencia en un territorio y en un tiempo determinado, existe una génesis ideológica que terminó por construir las esencias que posteriormente conformaron esas Grandes Potencias, tal como hoy las conocemos.

       En efecto, desde las últimas décadas del siglo XVIII hasta las primeras del siglo XIX, el mundo Occidental se vio conmocionado por las transformaciones sociales y políticas que modificaron totalmente el escenario existente, hasta ese momento.

      Mientras el Viejo Mundo en el siglo XVIII ya vivía la inquietud y las transformaciones derivadas de las sorprendentes corrientes de pensamiento que se expandían, en el Nuevo Mundo surgían hombres que recibirían esas nuevas ideas con mente fresca y sin prejuicios: Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José de San Martín, Bernardo O´Higgins, José Gervasio Artigas, Juan José Castelli, Antonio Nariño, Cristóbal Echevarriarza, Juan José Zufriategui, Mariano Moreno y Manuel Belgrano son ejemplos de aquellos líderes que, habiendo nacido en la segunda mitad del siglo XVIII, fueron algunos de los que, al comprender la trascendencia de los pensamientos actualizados, participarían activamente en su entorno político, encabezarían movimientos o impulsarían a centenares de jóvenes de la siguiente generación de su época, hacia un nuevo futuro lleno de promesas.

Bernardo O´Higgins (1778 - 1842)

Bernardo O´Higgins (1778 – 1842)

      En los colegios y universidades se cuestionó el espíritu de casta imperante en el pensamiento colonial. De esos recintos surgió la generación que, luego de la primera década del siglo XIX, habría de conducir la lucha libertadora. En esos espacios fue donde se conformó la disidencia, que producirá el quiebre con la autoridad española.

      Las obras de Rousseau, Montesquieu, Jovellanos y Filangieri eran los estudios que los condiscípulos discutían en esos ámbitos, generando un ambiente en donde se respiraba el espíritu del contrato social, la libertad, la igualdad, la fraternidad y la rebelión.

      Un centro de enseñanza que tuvo singular vinculación con los nuevos pensamientos que se recibían, estudiaban y se desarrollaban en el Nuevo Mundo, fue la Universidad de Chuquisaca, en la ciudad de La Plata o Charcas (ahora Sucre), del Alto Perú (ahora Bolivia). En la ciudad vivían al comienzo del siglo XIX unas 18.000 personas, y estaba dominada por los frailes y prelados. En la universidad, entre claustro docente y discípulos, había unas 500 personas.

       Mención  aparte merece la Universidad de Córdoba, fundada en el siglo XVII por los jesuitas. Es la más antigua de  Latinoamérica y resistió la expulsión de la Orden Jesuita del Virreinato dispuesta por el  monarca español Carlos V. De sus claustros salieron masones ilustres como Joaquín V. González, fundador de la Universidad Nacional de La Plata, que escribieron la historia de la Orden en la Argentina, a pesar de la dominante  influencia antimasónica liderada por la Iglesia Católica de Roma.

       La formación liberal llegó a estos ámbitos bajo el manto de la enseñanza y algunos sectores de la iglesia, en tanto que las ideas republicanas y las referentes a los derechos del hombre y el ciudadano, junto a la concepción de cómo los pueblos podían organizarse para desarrollar sus inquietudes, llegó por vía de la formación masónica.

      La Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica, la Declaración de los Derechos Humanos allí redactada y la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano elaborada en la Revolución Francesa fueron las obras leídas por estos hombres y que los inspiraron, como si fueran un espejo posible en donde los americanos del centro y del sur de América pudieran reflejarse.

       El accionar de las Logias Masónicas o para-masónicas de España, Francia e Inglaterra fue lo que hizo posible el nacimiento efectivo de las agrupaciones masónicas en América del Sur, antes del fin del siglo XVIII y en los primeros años del siglo XIX.

Francisco de Miranda y la Gran Reunión Americana

       Edgar Perramón en una obra denominada “Masonería en Venezuela” publicada en la página web de la Gran Logia de Venezuela, expresa lo siguiente:

“La historia de Venezuela está estrechamente ligada a la historia misma de la Masonería. Desde antes de la Independencia, la Masonería viene jugando un papel importante en la libertad y progreso del país.

Los orígenes de la Masonería Venezolana se encuentran, casi simultáneamente, en La Guaira, en 1797, con la llegada de cuatro masones españoles, de tendencia liberal, que incorporan a varios venezolanos a la actividad masónica, y en Londres, en 1798, con el establecimiento de la Gran Reunión Americana, fundada por el Precursor Francisco de Miranda, a través de la cual –y de las Logias Lautarinas que fueron sus sucursales–, muchos venezolanos se incorporaron a la actividad masónica”.

¿Quién fue Francisco de Miranda?

        El 28 de marzo de 1750 nació en Caracas, Sebastián Francisco de Miranda y Rodríguez. Su padre fue un comerciante canario, casado con una criolla de Caracas, que ocupaban los estratos superiores de la pirámide social y económica colonial española.

Francisco de Miranda (1750 - 1816)

Francisco de Miranda (1750 – 1816)

       Cursó primaria en el Colegio Seminario de Santa Rosa y posteriormente en la universidad, que era una simple prolongación del seminario, estudió artes y filosofía, acercándose a los filósofos clásicos (Aristóteles y Santo Tomás), pero estudiando también a Locke, Newton, Descartes, Gassendi y otros pensadores europeos.

       A los 21 años se embarcó para Europa, con el fin de ingresar en la Armada española. Participó en la lucha de España contra Gran Bretaña, procurando alcanzar en su actividad militar, ascensos y condecoraciones que le fueron mayormente postergadas.

      Al tener dificultades en la Armada, se dirigió, en 1783, a los Estados Unidos. Hasta ese momento, había interpretado sus actividades como un súbdito más de la corona, pero las experiencias vividas en su propia familia le comenzaron a mostrar una realidad diferente a la imaginada. Comprendió que la lucha de los hombres de la América del Norte era más de que una simple lucha comercial contra Gran Bretaña.

      A partir de ese momento se convirtió en el Precursor de la Independencia de lo que llamó “Colombia”, que abarcaba todas las naciones hispanoamericanas de América.

      En Estados Unidos se relacionó con casi todos los fundadores de la nueva república, con quienes compartió tertulias y discusiones acerca de los fundamentos de la constitución que acababan de darse, relata Luis Alberto Lagomarsino en El Ideario de los Caballeros Orientales. Hay quienes expresan que en ese tiempo se integró en la Masonería, siendo iniciado en una Logia del Estado de Virginia.

      De 1785 a 1789 se embarcó en un largo viaje, en donde recorrió diferentes países europeos y recogió apoyo para sus proyectos, entre los que se encontraba el brindado por Catalina II la Grande, quien, se dice, dispuso que se le entregara un subsidio permanente.

     Se destaca que fundó en Londres, la Gran Reunión Americana,  para agrupar en Europa y América a los revolucionarios partidarios de la independencia. Algunos historiadores aseveran que ésta no era, estrictamente, una Logia Simbólica u operativa, sino más bien un club a medio camino entre lo masónico y lo político.

     Cerca, en Londres, se nuclearon hombres que dieron más tarde origen y nacimiento a numerosas logias que se extendieron por toda América. Más allá de considerar si la Gran Reunión Americana fue una Logia Masónica o un club político, lo medular es que Francisco de Miranda se vinculó en forma constante por medio de este movimiento en Europa y en América, con los revolucionarios partidarios de la independencia, manteniendo constante correspondencia con los criollos revolucionarios de América.

       La Gran Logia de Chile expresa, en su página web, en relación al rol de Francisco de Miranda, en un artículo denominado Antecedentes y Fundación, lo siguiente:

A nuestra América española la influencia de la Masonería llegó con la independencia. Las ideas del notable masón venezolano Francisco de Miranda, perteneciente a una Logia de Virginia, llevan sin lugar a duda la impronta masónica cuando considera organizar una sociedad secreta que trabajase por la independencia de la América hispana. En el año 1798, bajo la inspiración de Miranda se crea en Londres, dependiendo de la Gran Logia de Inglaterra, La Gran Reunión Americana, cuyos miembros se autodenominaban “Caballeros Racionales”, y que se preocupó de constituir sociedades o Logias que llevaron el subtítulo de “Lautaro”. En estas Logias Lautaro, cuyo nombre se dice habría sugerido O’Higgins a Miranda, militaron la mayoría de los héroes de la independencia de América. La naturaleza de las Logias Lautaro en cuanto a ser sociedades propiamente masónicas, es aún tema de discusión entre los historiadores, pero sí estaban formadas por masones y tenían un objetivo político muy concreto: independizar a América de la corona española”.

La Sociedad de los Caballeros Racionales

       Sostiene el autor Emilio Ocampo en su obra “Inglaterra, la Masonería y la Independencia de Américapublicado en Entre la Fábula y la Historia, en 2012, que la versión de la fundación de la “Gran Reunión Americana” no tiene asidero en fuentes documentales.

       Pero señala que, según se relata, luego de haber sido fundada en Londres, se habría expandido a España en donde habrían tomado el nombre de la Sociedad de los Caballeros Racionales.

      Por otra parte, está comprobada la existencia de una organización patriótica, creada en Santa Fe de Bogotá por Antonio José Nariño y Bernardo Álvarez del Casal, nacido en el Virreinato de la Nueva Granada (la actual Colombia) y que posiblemente llevaba ese nombre y fuera la casa matriz de posteriores organizaciones con el mismo u otros nombres.

Carlos Maria de Alvear (1789 - 1852)

Carlos Maria de Alvear (1789 – 1852)

      Nariño era un ferviente partidario de las ideas revolucionarias, luego bonapartistas, que se desarrollaban en Francia y por ello es muy difícil que al crear Los Caballeros Racionales lo hiciera bajo la dependencia de la Gran Logia de Londres, que tenía a un miembro destacado de la casa real al frente de la misma.

     Pero también, y en esto coinciden muchos estudiosos, Francisco de Miranda, tal como hemos destacado, habría fundado la Gran Reunión Americana, una organización masónica o similar, de la cual derivarían, a través de los Caballeros Racionales las llamadas logias lautarinas, que se desarrollaron en territorio americano.

     Afirma, Luis Alberto Lagomarsino (en El Ideario de los Caballeros Orientales) que las Logias de Cádiz, Londres y Madrid fueron logias simbólicas masónicas que adoptaron esa denominación de la Sociedad de los Caballeros Racionales. La primera de ellas fue fundada por masones cercanos a Pablo Antonio Olavide (peruano nacido en la ciudad de Lima en 1725, pero que vivió gran parte de su vida en España y Francia), y que habrían sido del mismo tipo las que fundaron José de San Martín y Carlos María de Alvear. En ella participaron allegados a Miranda, pero no directamente el venezolano.

     En la biografía masónica de San Martín publicada en GADU.ORG, su autor Kevin Lomax destaca que el Libertador fue iniciado masón en la Logia Integridad de Cádiz en 1808, cuyo Venerable Maestro era el General Francisco María Solano; poco tiempo después San Martín se afilió a la Logia Caballeros Racionales No. 3, también de Cádiz, en donde recibió el grado de Maestro Masón, el 6 de mayo de 1808.

     A esta Logia también pertenecieron Simón Bolívar y Bernardo O´Higgins, así como Carlos María de Alvear, Zapiola, Sarratea, Velazco, Pueyrredón, Nicolás Cruz, Antonio Nariño y otros revolucionarios del Nuevo Mundo, relata Luis Lagomarsino en su libro.

     Posteriormente San Martín y Alvear participaron de la fundación de la Logia Caballeros Racionales No. 7 de Londres, muy influenciada por la ideología liberal española y la iluminista francesa.

     Según una carta enviada por Alvear a Rafael Diego Mérida (miembro de la Logia Caballeros Racionales No. 4 de Caracas), de octubre de 1811, citada por Luis Lagomarsino y por Emilio Ocampo, de la Logia de Londres No. 7 eran miembros Andrés Bello, Luis López Méndez y Manuel Moreno (hermano de Mariano) y fue fundada por Alvear para servir de comunicación con la de Cádiz, con la de Filadelfia y con la de Caracas.

     Mientras tanto en Buenos Aires seguían existiendo Logias Masónicas como la fundada en 1804 por un portugués denominado Juan de Silva Cordeiro (iniciado en la Logia Matritense de Madrid), denominada como “San Juan de Jerusalem de la felicidad de esta parte de América”, y que según Mario Dotta Ostria en Caudillos, Doctores y Masones, podría ser o estar vinculada a una famosa Logia “Independencia” que habría existido desde 1795 y de la cual habrían sido parte Manuel Belgrano y Juan José Castelli, pero que durante la Revolución de Mayo tuvo como Venerable Maestro al Dr. Julián Álvarez, que proporcionó a muchos de los miembros de la Logia Lautaro.

      El profesor Mario Dotta Ostria sostiene que puede deducirse de los rasgos biográficos de Eduardo Kannitz Holmberg y de Juan Matías Zapiola que antes de la fundación de la Logia Lautaro, probablemente se fundó, en Buenos Aires, la Logia Caballeros Racionales No. 8, que daba continuidad a los trabajos iniciados en Cádiz y Londres.

Las Logias Lautaro

       Kevin Lomax también relata en su biografía masónica de San Martín, que el Libertador luego de haber participado de la fundación de la Logia Caballeros Racionales Nº 7, acordó con el Conde de Fife, una de las prominentes figuras de la masonería londinense, los detalles finales de su viaje al Río de la Plata, a bordo de la fragata George Canning junto a sus hermanos masones Alvear, Zapiola, Holmberg, Chilabert y otros.

      Además, subraya que en Buenos Aires, en contacto con Julián Álvarez, como señalábamos anteriormente, el Venerable Maestro de la Logia Independencia, y con su ayuda, fundaron la Primera Logia Lautaro, cuyo primer Venerable Maestro fue Carlos de Alvear.

      Sigue relatando Lomax, que el 24 de mayo de 1814, San Martín constituyó la Logia Lautaro de Córdoba, cuya Acta de fundación se conserva.

Antonio Narino (1765 - 1823)

Antonio Narino (1765 – 1823)

      Las Logias Lautaro –que adoptan su nombre en honor y homenaje al Cacique Lautaro, un guerrero mapuche que combate en la Guerra del Arauco contra el Gobernador Pedro de Valdivia, al que derrota en el actual Chile, en el entorno del año 1550–, con rigor y métodos masónicos, procuraban adoctrinar a los ciudadanos y estudiaban las posibilidades políticas y sociales de la nación y no un vago independentismo. Se estructuraba en cinco grados, siendo que los problemas graves de la hora, se reservaba para los grados superiores (Grados 4º del Arco Real y Grado 5 Kadosh).

      Los integrantes de la Primera Logia Lautaro organizaron posteriormente otras subsidiarias en Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Santiago de Chile y Lima, las que tenían como finalidad apoyar y desarrollar, a medida que avanzaba, el movimiento revolucionario, sostiene Luis Lagomarsino.

     Así, por ejemplo, la Logia Lautaro de Santiago de Chile es instalada formalmente el 12 de marzo de 1817, después del triunfo de los patriotas en la Batalla de Chacabuco. Bernardo O´Higgins es el autor de la Constitución Matriz de dicha logia y fundador de la misma.

     Las Logias Lautaro servían de enlace y dirección de los trabajos entre San Martín y Pueyrredón (Director Supremo de las Provincias Unidas) y es incuestionable su trascendente actuación en la insurrección americana, hayan sido sociedades masónicas, sociedades políticas o con ambos caracteres.

     La Primera Lautaro se desmembró y autodisolvió en el transcurso de 1815, cuando Carlos María de Alvear la quiso utilizar en función de sus objetivos personales. San Martín fundó la Segunda Lautaro en Mendoza, junto a la Logia “Ejército de los Andes”. Cuando Alvear se refugió en Montevideo en 1818, fundó una Tercera Lautaro de la que participaron masones miembros de la Primera y colaboradores de Alvear en su fugaz gobierno bonaerense.

    Tal como destacábamos al inicio, la Masonería en América Latina tomó forma en el siglo XIX, muy ligada a los fenómenos políticos que en ese tiempo se generaron y que hemos descripto genéricamente. En el próximo capítulo estudiaremos algunos casos particulares que, por sus características, merecen destacarse.

 

Referencias:

  • Ferrer Benimelli, José Antonio (2005). La Masonería. Madrid: Alianza Editorial.
  • Lagomarsino,  Luis Alberto (2009). El Ideario de los Caballeros Orientales. Buenos Aires: Editorial Zona Libro.
  • Dotta Ostria, Mario  (2006). Caudillos, Doctores y Masones. Montevideo: Ediciones de la Plaza.
  • Ocampo, Emilio (2012). “Inglaterra, la Masonería y la Independencia de América”, en Entre la Fábula y la Historia.
  • Perramón, Edgar: “Masonería en Venezuela”. Página web de la Gran Logia de Venezuela.
  • Gran Logia de Chile: “Antecedentes y Fundación”. Página web de la Gran Logia.
  • Lomax, Kevin: “Biografía masónica del General San Martín”. Publicación digital www.gadu.org

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