El secreto masónico

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El secreto masónico

Aldo Lavagnini

WWW.GADU.ORG presenta a continuación una versión resumida y corregida del prólogo del libro homónimo de este conocido y polémico autor masónico (Siena, Italia, 1896-México D.F., 1963).

 

      No son pocas las ideas erróneas y los prejuicios que se han difundido sobre la verdadera naturaleza de la Institución que lleva el nombre simbólico de Masonería. Esto se debe especialmente a su carácter oculto y misterioso que, si constituye para algunos un motivo de atracción, lo es para otros igualmente de desconfianza, haciéndole el blanco para las flechas de sus adversarios que, aun cuando sean sinceros, la desconocen.

      El llamado secreto masónico es justamente el punto sobre el cual más se ha especulado, y sobre el cual se basan los que condenan nuestra Orden Augusta. No comprendiéndose su razón ni su verdadera naturaleza, o sea, el carácter espiritual, iniciático y constructivo de ese secreto, no se quiere ver en el mismo más que un pretexto para fines execrables, o cuando menos tales que no pueden confesarse públicamente, por tenerle miedo a la luz del día.

La tolerancia más amplia y más plena, en materia de religión, es uno de los principios fundamentales de la Masonería.

La tolerancia más amplia y más plena, en materia de religión, es uno de los principios fundamentales de la Masonería.

      Sin embargo, en todos los ataques abiertos, en contra de ese secreto —que concierne tanto la naturaleza de la Orden como las reuniones— siempre se transparenta el temor y la preocupación que hizo motivar a un emperador romano (Trajano) la prohibición de toda clase de reuniones con la razón de que “cuando algunas personas inteligentes se reúnen, aunque fuera sólo para extinguir los incendios, puede producir esto consecuencias mucho más graves que la destrucción de unas cuantas casas o de toda una ciudad”. (…) Nuestro intento no es defender la Sociedad [Orden] en contra de los ataques que le han venido de muchas partes, ya sea por la incomprensión de su carácter verdadero, o por los temores de cualquier clase que pueda haber inspirado. En otras palabras, en lugar de detenernos a discutir sobre lo que no es la Masonería, combatiendo los errores y las diferentes objeciones que se le hacen, nos esforzaremos en hacer ver, con la mayor posible claridad y sencillez lo que es realmente. Sobre todo lo que es en su esencia más verdadera, íntima, espiritual y universal, en sus principios que descansan sobre las leyes del universo y de la evolución humana, y en su finalidad constantemente progresista y constructora.

     (…) Según se halla actualmente constituida y organizada [la Orden], es nuestro deseo hacer ver el espíritu vivificante que la anima y que constituye su principio y su razón de ser; o sea, como otros lo han dicho, poner en evidencia por encima de su forma exterior, el masonismo como escuela filosófica ecléctica, impersonal y constructiva, como camino individual hacia la Verdad, como arte (y ciencia al mismo tiempo) de la Vida, en su más alta y dilatada acepción, como doctrina y factor de Armonía y de Progreso para cada hombre particularmente, para la sociedad y el medio en que se encuentra, y para toda la humanidad.

      De nuestro estudio se hará evidente el error de atribuirle un carácter antisocial o antirreligioso. Aunque proclame la Verdad por encima de todas las creencias, y la libertad de buscarla por encima de toda limitación y de todo dogmatismo, no quiere decir con esto que se halle naturalmente en contra de alguna o de cualquier particular convicción o creencia; al contrario, la tolerancia más amplia y más plena, en materia de religión, es uno de sus principios fundamentales, y toda convicción sincera se halla igualmente respetada en su seno. (…) Los principios de laicidad y de libertad de conciencia que en ella se afirman, cuando sean, como deben, acompañados constantemente por ese espíritu de plena tolerancia, no pueden nunca interpretarse en sentido antirreligioso; más bien hacen ver y comprender la religión verdadera y única que se halla en la base de los sentimientos religiosos de toda la humanidad, y de la cual toda confesión religiosa es una forma o cristalización particular.

     Sin ser una religión, y sin declararse partidaria o contraria de ninguna, la Masonería respeta igualmente todas estas manifestaciones del sentimiento religioso del hombre; pero, por encima de las creencias y formas exteriores (que de por sí no tienen valor y decaen al decaer del espíritu que las anima) hace hincapié en el espíritu religioso que se encuentra en cada hombre, como anhelo instintivo hacia lo bueno, lo bello y lo verdadero y procura cultivarlo y fomentar su desarrollo, independientemente de las formas en que pueda expresarse, de manera que se manifieste libremente en la forma para cada cual más apropiada.

La Masonería se propone buscar y poner en evidencia esa perfección espiritual latente en todo ser humano.

La Masonería se propone buscar y poner en evidencia esa perfección espiritual latente en todo ser humano.

      La iniciación, por medio de la cual se logra, se confiere y se reconoce la cualidad de Masón (como lo veremos, la iniciación verdadera es un proceso espiritual que se halla simplemente simbolizado por el ceremonial de recepción en la Sociedad), es pues un desarrollo progresivo que procede de adentro hacia afuera y que puede parangonarse al que origina el crecimiento de una semilla o de un germen en una planta u organismo completo, que potencialmente existía en aquellos, en un estado latente.

      Realmente, la Masonería se propone buscar y poner en evidencia esa perfección espiritual latente en todo ser humano, que en él se halla inherente al estado de Divina Semilla, facilitando los medios para su más completo, armónico y gradual desarrollo. En otras palabras, su objeto fundamental es educar al hombre y hacerle mejor, o según se expresa simbólicamente, trabajar la piedra bruta (que representa el carácter y la personalidad en su estado de imperfección) y hacer de la misma una piedra labrada que pueda mejor llenar su función constructiva en el edificio de la sociedad y de la vida universal.

      La Masonería reconoce, por consiguiente, implícitamente la perfección, inherente en el hombre —así como una piedra labrada o una estatua se encuentra potencialmente en cada bloque o piedra bruta— y dirige sus esfuerzos para que esa perfección se haga evidente, por medio del proceso sencillo y seguro de quitarle asperezas externas. Lo mismo hace también el tallador de piedras al transformar el diamante en una joya, desde el estado natural en que se encuentra. Y ésta es, tal vez, la mayor diferencia de principios entre nuestra Institución y la creencia, comúnmente aceptada en algunas religiones, en la originaria fundamental imperfección del hombre; y en lugar de una patética salvación (o redención) la Masonería indica al hombre la necesidad de labrar por sus esfuerzos su propio camino de progreso, trabajando como obrero para la realización de los Planes Ideales de la Inteligencia Cósmica.

      La Masonería es verdaderamente tal según ejerce esa función primordial educativa y constructora, es decir, según realmente contribuye en hacer mejores a todos aquellos que ingresen en ella, incitándolos a progresar espiritual, moral e inteligentemente, adquiriendo una conciencia más clara de sus deberes y estableciendo una relación más armoniosa y profunda con el Principio Interno de la Vida que se reconoce y se venera con el nombre simbólico de Gran Arquitecto), con las condiciones externas en que uno se encuentra, y con sus semejantes. Alejándose de ese objeto se alejaría, pues, igualmente de su principal finalidad.

 

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One thought on “El secreto masónico

  • para ser mason que necesito pues fuentes sercanas me comentaron que necesito 5000.00 para ingresar y la verda no cuento de momento con dinero.otros me dicen que me consiga un padrino pero donde lo encuentro pues lamentablemente a muchos lo oculto o mejor dicho la verdad les asusta.

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