Cristina no cumplió con su promesa y Francisco la congeló

Cronista.com – Publicado 24/09/2015

 

No es un secreto de Estado que Francisco valora a Daniel Scioli y a Julián Domínguez. Y puso énfasis en sus candidaturas cuando recibió a Cristina en el Vaticano, a principios de junio de este año. En ese encuentro quedó claro que no habría sorpresas en la interna justicialista: Scioli precandidato a presidente en una interna contra Florencio Randazzo y Domínguez con la vía libre para su candidatura a gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Ese compromiso político se conoció como El Pacto de Santa Marta.cristina_francisco_la_habana.jpg_1328648940

Pero unos días más tarde, CFK volteó a Randazzo, ratificó a Scioli y puso en carrera a Aníbal Fernández, el funcionario oficialista más desacreditado en el Vaticano. Las llamadas desde el Trastevere no tardaron en llegar a Buenos Aires, y las respuestas fueron conciliadores y escurridizas. Esos mensajes aseguraban que la nominación de Fernández era una jugada de equilibrio interno y que el aparato K tenía la orden de apoyar a Domínguez.

En el Vaticano aguardaron en vano que se cumpliera la promesa presidencial. Fernández derrotó a Domínguez, y Scioli quedaba apretado entre Carlos Zannini y la controversial imagen pública del Jefe de Gabinete. Francisco escondió su iracundia, pero sus mensajeros porteños -laicos y religiosos- pusieron un silencioso mecanismo para evitar que finalmente Fernández accediera a la gobernación de Buenos Aires.
En este sentido, el crecimiento de María Eugenia Vidal y la persistencia política de Felipe Solá encendieron cierta esperanza en Santa Marta. Pero los números a favor de Scioli ponen a Roma en una difícil encrucijada política: valoran la actuación del gobernador bonaerense y tienen pesadillas cuando piensan que Aníbal puede reemplazarlo a fin de año.

Francisco sabe de las necesidades políticas de Cristina. Conoce su aislamiento internacional y ayudó a evitar que la Presidenta multiplique sus papelones en la arena global. Pero se cansó y le dio una lección pública. Sin nombrarla, le dijo a los periodistas de su comitiva oficial, que había rechazado un pedido de audiencia de un jefe de Estado.

CFK fue a la homilía de la Plaza de la Revolución y se refugió en el Hotel Nacional a la espera de un llamado que abriera la puerta de la Nunciatura Apostólica en la Habana, adonde Francisco almorzaba antes de partir hacia su cumbre política con el comandante Raúl Castro. Pero el llamado finalmente no llegó y la Presidente marchó al aeropuerto internacional José Martí para regresar con las manos vacías a Buenos Aires.

Cristina enfrenta un dilema. Para recuperar las buenas relaciones políticas con Santa Marta debe cumplir la palabra empeñada. Una posibilidad que fue superada por el tiempo y las circunstancias. Domínguez ya no está en carrera y Fernández tiene muchas chances de suceder a Scioli.

En Roma buscan un milagro que se ejecute a través de una reforma en el sistema de votación. Aseguran que hay tiempo y que CFK podría hacerlo, si quisiera. Pero hay un clima de sospecha: recuerdan que Cristina nunca le anticipó a Francisco que anularía Randazzo y que Aníbal sería su caballo de Troya.

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