General Leandro Gómez

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General Leandro Gómez

Alfredo Corvalán

          El ilustre Hermano Leandro Gómez es afiliado a la Logia Fe el 7 de noviembre de 1856, siendo exaltado el 18 de noviembre del mismo año. El 3 de febrero de 1857 se le confiere el grado 18, y el 20 de noviembre de 1859 alcanza el Grado 33° del Rito Escocés, Antiguo y Aceptado. El 5 de septiembre de 1862 es nombrado miembro activo del Supremo Consejo de la Orden.

General Leandro Gómez.

          Fue electo como orador titular de la Logia Fe Nro. 8 durante seis ejercicios (1858-1863), como lo testimonian las acta de tenidas de aquellos años. Del destacado papel que desempeñó en defensa de los valores de la tolerancia y la fraternidad masónica, tanto como integrante de nuestro taller y del Consejo Supremo de la Orden, dan testimonio los episodios de violencia, intolerancia y discriminación que padecieron los Hermanos de la Logia “Dupla Alianza” del Oriente de San José. Leandro Gómez integró también, en el mundo profano, la Comisión Permanente Ejecutiva de la Sociedad Filantrópica: brazo ejecutor de la Masonería y puesto al servicio de los más necesitados.

          El Coronel Leandro Gómez no era lo que se dice un militar de profesión en el estricto sentido de la palabra, sino que encuadraba mucho más en la condición del ciudadano común que, en horas de peligro para su patria, toma las armas para defenderla, aunque apenas cuando desaparece el motivo retoma su actividad civil. Su padre era Don Roque Antonio Gómez, español, vecino de Montevideo, dedicado con éxito al comercio y que llegó a ser muy considerado por los círculos mercantiles y sociales de la época. Tenía muy buen trato con las fuerzas vivas del momento, así como con políticos de primera línea. Supo también combatir en el frente de la defensa contra las invasiones inglesas.

         En el seno de esa familia, el 13 de marzo de 1811, nace Leandro Gómez, a pocos días de comenzar la gesta libertadora. En el año 1825, con 14 años, es enviado a estudiar a Buenos Aires. El objetivo era acrecentar su cultura y que comenzara a interiorizarse en los negocios paternos. Luego pasa una temporada en la República Oriental del Uruguay y vuelve a Buenos Aires por un período de 5 años. En 1839, en las postrimerías del gobierno del también ilustre Hermano G° 33 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, Don Manuel Oribe, aún no se le conocía afiliación política alguna; pero en ese año, con el grado de Alférez en el Ejército Nacional y como responsable del control de vituallas para los cuerpos de línea, comienza su afinidad con el General Don Manuel Oribe, además de haber sido siempre desde sus años jóvenes un admirador de la figura de Don José Gervasio Artigas.

          Recordamos la anécdota de que él recuperó para nuestro acervo histórico, y de su propio peculio, la única espada que hoy es patrimonio histórico de la nación. Como si esto fuera poco, publicó en el diario La República (noviembre de 1856) un vibrante artículo periodístico, destacando las brillantes virtudes de nuestro héroe máximo.

Mausoleo General Leandro Gómez, ubicado en el centro de la ciudad de Paysandú.

          Producido el retorno de Oribe para lidiar con los temas del defensa nacional, se cuenta entre sus filas a Leandro Gómez. En el Cerrito son reconocidos sus méritos de organizador, con un alto sentido de la disciplina y del honor. Restablecida la normalidad en 1851, se reintegra a sus ocupaciones civiles, pero hacia 1864, más exacto en noviembre, es nombrado jefe de las fuerzas militares de los departamentos de Salto, Tacuarembó y Paysandú, donde le sorprende la batalla de la heroica Paysandú; sitio en el que, luego de 33 días de batalla, cae definitivamente el 2 de enero de 1865, vilmente asesinado por el oprobioso verdugo Goyo Suárez, alias “el jeta Suárez”, mano derecha de Venancio Flores, que se alegró con el fusilamiento y permitió el horrible mutilamiento a que fue sometido el cadáver del General Leandro Gómez. Así concluyó el héroe inmortal de la “Nueva Numancia”. (Numancia fue en la historia de Roma una Paysandú por su igual determinación de vencer o morir; y así fue: Numancia sucumbió ante el Imperio Romano y sus legiones).

          Hoy recordamos, además, que el Hermano Leandro Gómez fue ascendido al grado de General por sus propios méritos en el campo de batalla de la heroica Paysandú, donde debió enfrentar una fuerza siete veces mayor, tanto en número de hombres como en poder de fuego.

“El día 4 de enero de 1865, el Sr. Presidente de la República, Don Atanasio C. Aguirre proclamó: “AL PUEBLO ORIENTAL. ¡Conciudadanos! Las fuerzas brasileñas unidas a los traidores que acaudillan con Venancio Flores han cometido un acto de repugnante crueldad y barbarie. La heroica Paysandú sucumbió al fin, después de haber luchado como luchan los héroes, por la independencia de su patria. ¡Los bárbaros y los cobardes vencedores tuvieron la vileza de mandar a fusilar a los héroes Leandro Gómez, Braga y Fernández! ¡Todos guardias nacionales! Pueblo Oriental, ¡ese nuevo y bárbaro atentado reclama de nuestra parte una actitud digna y resuelta, la cual compete a la venganza de los mártires de la patria, a los inmortales defensores de Paysandú! Esta situación reclama la solución hecha, el juramento inquebrantable de alistarnos para vengar a nuestros hermanos, salvando ilesa la dignidad nacional. Pueblo Oriental, ¡el Presidente de la República os lo promete, desde este instante no habrá sacrificio por penoso que sea que el gobierno no arrostre en el firme propósito de la salvación de la independencia nacional! (…) La sangre de los mártires de Paysandú nos pide venganza. ¡JUREMOS TODOS A UNA, QUE SERÁ CUMPLIDA ESA VENGANZA!”.

         Este modesto homenaje finaliza con un verso de Miguel Navarro Viola y una reflexión final, que transcribimos textualmente:

“Un día, sobre ese jardín se levantará / un templo, y las flores de ese jardín, / llevarán sangre de Leandro Gómez, / las que adornarán el altar y el templo / donde el sacerdote del Señor, Arbitro /de los pueblos, entonará el ‘Te-Deum’ / por el triunfo de los 33, y de los defensores de Paysandú”.

         Su expediente en el Supremo Consejo se cerró con estas palabras, quizás las más ajustadas a lo que fue su vida y a lo que fue su muerte: “Murió en el cumplimiento del deber”; así está escrito en el libro de las Biografías Masónicas Orientales.

 

Referencia:

[box type=”shadow”]Por textos masónicos adicionales puedes consultar nuestra lista completa de trazados o granarquitectodeluniverso.com.[/box]

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