La unidad en la diversidad es la piedra angular de la doctrina masónica

A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.
Libertad Igualdad Fraternidad

La unidad en la diversidad es la piedra angular de la doctrina masónica

Alfredo Corvalán

El diccionario de la Real Academia Española define a la unidad como “la propiedad de todo ser, en virtud de la cual no puede dividirse sin que su esencia se destruya o altere”. En otras palabras: para que haya unidad debemos respetar la esencia, la naturaleza de las cosas, lo permanente, lo invariable. La esencia de la masonería, lo permanente e invariable de sí misma son tres grandes convicciones:

  1. La existencia de un Ser Supremo, el Gran Arquitecto del Universo, nombre con el que nos referimos a Dios en sus distintas denominaciones y concepciones monoteístas.
  2. El Gran Arquitecto de Universo es el Padre de todos los hombres.
  3. Todos los hombres somos Hermanos, por ser hijos del mismo Padre.

La diversidad, según el diccionario antes citado, es “la variedad, las desemejanzas y las diferencias”. Diferencias relativas, tanto en las formas de manifestación exterior de la masonería como en los niveles de comprensión y, por ende, de la interpretación de sus símbolos.

La fe iniciática, que se nutre de la razón y de la inteligencia intuitiva, nos dice que el misterio divino se halla en el corazón de cada uno de nosotros, y que si logramos trascender las formas y los conceptos limitadores, descubriremos que somos Uno en ese misterio trascendente.

El concepto de unidad en la diversidad es la piedra angular de la doctrina masónica. Lo iniciático hace a la esencia de la masonería, o sea, a su naturaleza; entendiéndose naturaleza como aquello que hace que una cosa sea lo que es y no otra cosa.

Por la misma razón no podemos confundir la Orden Masónica con un club de amigos, por más que en ella se cultive la amistad, ni con un ateneo filosófico, por más que en ella se reflexione sobre filosofía, ni con una entidad de ayuda mutua, por más que en ella se practique la caridad. Para filosofar, practicar la caridad o forjar amistades no se necesitan símbolos, ritual ni templos.

La palabra iniciación procede de la latina “initiare”, de “initium”, “inicio o comienzo”, que deriva de la voz “in”, dentro o “ire”, ir; esto es ir adentro o penetrar en el interior y comenzar un nuevo estado de cosas.

Iniciación etimológicamente significa el ingreso al mundo interno para comenzar una nueva vida. También decimos que la masonería es una Orden iniciática, porque su objetivo docente es la formación plena del iniciado, para hacer de éste no un profano bueno, sino un hombre nuevo en espíritu y conducta.

El hombre nuevo, el iniciado, da testimonio de su existencia como tal en la vida diaria, en sus actos; sea cual fuere su posición en la sociedad, desde la más humilde a la más encumbrada.

Al respecto, creemos oportuno transcribir las afirmaciones del masón Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos de América, en el Desayuno Nacional de la Oración, del jueves 5 de febrero, de 2009, en Washington, DC:

Con demasiada frecuencia hemos visto que se utiliza la fe como herramienta para dividir a unos de otros; como una excusa para el prejuicio y la intolerancia. Se han emprendido guerras. Se han ejecutado inocentes. A lo largo de los siglos, religiones enteras han sido perseguidas, siempre en nombre de lo que se cree correcto.

Sin duda, la misma naturaleza de la fe muestra que nuestras creencias nunca serán iguales. Leemos diferentes libros. Seguimos diferentes mandatos. Estamos suscriptos a diferentes relatos acerca de cómo fue que llegamos aquí y a dónde iremos luego, y algunos no profesan absolutamente fe alguna.

Pero independientemente de aquello en que elijamos creer, recordemos que no existe ninguna religión cuyo credo central sea el odio. No existe Dios que consienta la eliminación de seres humanos inocentes. Esto lo sabemos muy bien.

Sabemos también que a pesar de nuestras diferencias, hay una ley que vincula a las grandes religiones. Jesús nos dijo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. La Torah ordena: “Aquello que sea malo para ti, no lo hagas a tus semejantes”. En el Islam hay una enseñanza que afirma: “Ninguno cree realmente hasta que desea para su hermano lo mismo que desea para sí”. Y lo mismo vale para los budistas, los hinduistas, los seguidores de Confucio y para los humanistas. Es, por supuesto, la regla de oro y la propuesta que nos invita a amarnos, a entendernos, a tratar con dignidad y respeto a todos aquellos con quienes compartimos un breve momento en esta tierra.

Es una regla antigua, una regla simple, pero también uno de los mayores desafíos. Porque pide de cada uno de nosotros que tomemos responsabilidad por el bienestar de gente que tal vez no conocemos ni admiramos, y con quienes tal vez no coincidimos en todo. A veces, nos pide además que nos reconciliemos con acérrimos enemigos o que resolvamos viejas disputas. Y eso requiere una fe activa, vital y fervorosa. Requiere no sólo que creamos, sino que actuemos para dar algo de nosotros para beneficio de otros y la construcción de un mundo mejor.

El presidente Obama, como excelente masón que es, sabe muy bien que el objeto principal de la Orden a la que pertenece es la construcción del Templo de la Fraternidad Masónica Universal, para que albergue a todos los hombres del mundo de buena voluntad, sin distinción de razas, sexos, políticas ni religiosas.

Obama también sabe y da testimonio de eso que el maestro masón es por sus actos y no sólo por sus palabras.

Referencias:

Corvalán, Alfredo (2009). Masonería y esoterismo. Montevideo: Ediciones de la Fe.

Obama, Barack (5 de febrero, de 2009). Recuperado: 1 de junio de 2014. En línea: www.whitehouse.gov/blog_post/this_is_my_prayer.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *