El viaje al sur de Albert Einstein (Uruguay Rossani)

El escritor Leopoldo Lugones era el delegado argentino ante la Comisión de Cooperación Intelectual de la Liga de las Naciones, que presidía el filósofo francés Henri Bergson. Einstein también la integraba. Valido de su personal relación con el físico, Lugones lo invitó a la Argentina, de donde podrían partir luego rumbo a Río de Janeiro. Las gestiones oficiales uruguayas lograron que estuviese aquí una semana, luego de pasar cinco en la Argentina. En el diario de Einstein —escrito en un telegráfico y elíptico alemán— hay muchas anotaciones referidas a la venida a Montevideo. A continuación se reproducen algunos fragmentos.

Carlos Vaz Ferreira. “24 de abril. A las 7 de la mañana arribo a Montevideo. Vista de Montevideo desde el edificio de seguros. Alojado en familia ruso judía, Rossenblatt. Visita del embajador alemán. Ras Fereide, caminata por la ciudad. Tipo fino, nervioso habla francés peor aún que yo. Frente a mí se mostró tímido y respetuoso, como la mayoría. En el Uruguay encontré una cordialidad auténtica, como pocas veces en mi vida. Encontré ahí amor a la tierra propia, sin el menor delirio de grandeza. Después de la llegada, junto con Rosenblatt e hijos, maravillosa vista sobre la ciudad y el puerto. La familia muy cordial y franca (…) El ingeniero Maggiolo, persona muy cordial, fina, callado y vuelto hacia adentro, nada americano. El ingeniero Castro, persona más joven, también agradable, con encantador hijito de mejillas doradas”.

A las ocho de la mañana Einstein desciende en el puerto, acompañado por el ingeniero uruguayo Amadeo Geille Castro. Declina cortesmente la invitación oficial de alojarse en el Parque Hotel, y se hospeda en la residencia de la familia de Naum Rossenblatt. Maggiolo era decano de la Facultad de Ingeniería y había decretado asueto. En el diario, Einstein comete un error: dice “Ras Fereide” en lugar de “Vaz Ferreira”. Luego del paseo vespertino, Einstein se sentó junto a Vaz Ferreira y al ingeniero A. G. Castro en un banco de la Plaza Artola. El fotógrafo Carbone de El Diario sacó una instantánea que al otro día publicó La Mañana, pero extrañamente Castro no aparece en la fotografía. El ingeniero Castro había dictado en 1923 varias conferencias sobre la Teoría de la Relatividad, lidiando con la escasa bibliografía disponible entonces. Estuvo con Einstein en Buenos Aires durante un mes y lo acompañó en el vapor de la carrera hasta Montevideo. El Rector, Dr. Elías Regules, lo designó secretario del ilustre visitante. Por su parte, Einstein recibió como estipendio mil pesos uruguayos, que tomó sin regateo alguno.

Einstein junto a Vaz Ferreira en la Plaza Artola (hoy Plaza de los Treinta y Tres). 24 de abril de 1925, Montevideo, Uruguay - vazferreira.org

Einstein junto a Vaz Ferreira en la Plaza Artola (hoy Plaza de los Treinta y Tres).
24 de abril de 1925, Montevideo, Uruguay – vazferreira.org

La Suiza De América. “25 de abril. Primera lección académica con recepción solemne. De noche con Maggiolo, los Rossenblatt y el embajador alemán. ‘La Traviata’ por compañía italiana. Bastante bonita.”

“26 de abril. Domingo. Paseo por la costa con el intendente. Muy bonito, con puesta de sol. Me mostraron un hotel en la playa, de buen gusto, construido por alguien del país. De noche ‘Lohengrin’, representado para mí. Osciló entre bueno y cómico, lo que no se debe solo al elenco. Dos estudiantes hacen la guardia, para que no se acerque nadie a mí sin autorización. Me asignaron un sirviente conmovedor, con el que pude comunicarme solo con ademanes.”

“El Uruguay es un país pequeño y feliz. No solo tiene una naturaleza hermosa con agradable clima cálido y húmedo, sino también leyes sociales ejemplares (protección a la madre y al niño, sustento para ancianos e hijos ilegítimos, jornada de ocho horas, día de descanso). Muy liberal. Estado totalmente separado de la Iglesia. Constitución en cierto grado parecida a la suiza. Montevideo arquitectónicamente bonita, en estilo colonial.”

En el párrafo fechado el 25 de abril, Einstein habla de su primera conferencia, pronunciada en francés, en el Paraninfo de la Universidad. Luego, cuando menciona una “Constitución en cierto grado parecida a la suiza”, alude al Poder Ejecutivo bicéfalo instituido por la Constitución de 1918, con un Presidente y un Consejo Nacional de Administración. El “intendente” era el Presidente de la Administración de Montevideo, ingeniero Luis P. Ponce.

“27 de abril. De mañana con el presidente del Senado en fábrica para trabajar el mármol nacional, muy lindo y variado. Hombre muy inteligente. Pero también astuto, más bien joven, que según se dice va a suplir a Lugones en la Comisión de la Cooperación Intelectual de la Liga de las Naciones. También estaban presentes Maggiolo y Castro. Luego, visita del nuevo edificio de gobierno casi terminado. De muy buen gusto, en estilo Alto Renacimiento en la parte interior, realizado por arquitecto suizo-italiano [Cayetano-Moretti]. De tarde, visita al Presidente de la República junto al Ministro de Educación. También al cónsul suizo, Guyer. (…) Luego lección académica. De noche familia Rossenblatt. Tres hijos, dos casados, y una hija ennoviada, no bonita pero de buen corazón.”

Acompañado por el doctor Juan Antonio Buero, Presidente del Senado, el científico había visitado la Compañía de Materiales para Construcción de Bella Vista. El “edificio casi terminado” es el Palacio Legislativo, oficialmente inaugurado el 25 de agosto de 1925. Los titulares de otros cargos públicos mencionados son don José Cerruti, Ministro de Justicia e Instrucción Pública, el doctor Luis Alberto de Herrera, que presidía el Consejo Nacional de Administración, y el ingeniero José Serrato, Presidente de la República.

Al Diablo Los Grandes. Naturalmente, hay muchísimas otras referencias entre esas sabrosas anotaciones de Albert Einstein, escritas “de memoria” a bordo del vapor. Por ejemplo, la descripción de los homenajes, su concurrencia al cine donde disfrutó de “una linda película de Chaplin”, y su bonhomía cuando esa gente “conmovedora y sin grandes ceremonias” pero rigurosa con la vestimenta y el entonces imprescindible smoking, cometió algunos errores de protocolo: “¡Tocaron la ‘Guardia junto al Rin’ en vez del himno alemán! El embajador alemán y yo nos sonreímos….”. O cuando agradece la amabilidad de la tripulación del transatlántico “Valdivia” (y no “Voldivia” como anota textualmente) del cual solo le dieron “pavor los excusados”. El diario insiste en que se quedó “sin aliento” en Montevideo, pese a todas las demostraciones de afecto, y en que “fue mucho más humano y agradable que en Buenos Aires”, sentimiento que explica de una manera muy particular:

“Contribuyeron naturalmente las dimensiones mucho más reducidas del país y de la ciudad. Claro, esta gente hace pensar en los suizos y en los holandeses. Modestos y naturales. Que el diablo se lleve a los grandes Estados y sus obsesiones. Los dividiría a todos en más pequeños, si tuviera el poder para ello”.

La estadía montevideana de Albert Einstein tuvo muchas consecuencias que pueden y deben ser rastreadas en beneficio de la historia y la filosofía de la ciencia. No es la menor una muy interesante carta que le escribe el científico a Vaz Ferreira, acusando recibo del libro Le Pragmatisme. Exposition et Critique, traducido del español por “C.B.” —que nuestra investigación identificó posteriormente como Charles Barthez—. La obra había sido publicada en Montevideo en 1914 por Barreiro y Ramos, en versión francesa del original vazferreiriano de 1908 —que hoy puede encontrarse más fácilmente en la edición de Homenaje de la Cámara de Representantes, tomo VIII, con el título Conocimiento y acción—.

La carta, escrita en francés —y cuya reproducción facsimilar puede encontrarse en el tomo XXV, Inéditos, de la ya citada edición de Homenaje—, empieza casi con inocencia, “Estimado Señor Vaz Ferreira! Le agradezco mucho el precioso regalo que usted me ha ofrecido. He comenzado a leer vuestra obra sobre el pragmatismo…” Pero a continuación, con admirable capacidad de síntesis, Einstein desarrolla varios tópicos en su análisis del pragmatismo, de tal relevancia que algunos constituyen protoideas de aportes fundamentales del lógico Alfred Tarsky (1901-1983), nada menos.

Sara Vaz Ferreira de Echevarría, hija del filósofo, relató en un artículo publicado el 17 de julio de 1983 en el Suplemento Dominical de El Día:

“En esos días Vaz Ferreira andaba preocupado y nervioso. [En su casa de la Quinta de Atahualpa] se paseaba entre sus árboles —contra su costumbre sin mirarlos ni verlos— formulando en voz casi alta las conclusiones que iba a someter al autor de la Teoría de la Relatividad. La entrevista se verificó al fin… en un banco de la Plaza Artola (o de los 33). Pocos datos hay acerca de su contenido. Tan sólo un detalle marginal. Según Vaz Ferreira en cierto momento Einstein le preguntó: ‘¿Votre formation?’. Vaz Ferreira se la explicó lo mejor que pudo, y anotaba, no sin un dejo de melancolía, que Einstein le había dicho: ‘Il faut continuer’…”

Lee el artículo original aquí.

[box]El País. Uruguay Rossani. 5 de septiembre de 2009. En línea: http://historico.elpais.com.uy/Suple/Cultural/05/09/09/cultural_172849.asp[/box]

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