El liderazgo masónico

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El liderazgo masónico

Oscar Figueredo

M.·.M.·.

Log.·. José Martí Nº 125

 

        Señala Iván Herrera, en la publicación digital Diario Masónico, que el líder masónico, aunque desempeñe sus funciones administrativas en el simbolismo o en el filosofismo, tiene sobre sus hombros el avance de la institución que dirige y la obtención de los objetivos planteados.

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Algunas Masonerías se encuentran hoy trabajando para mejorar el reconocimiento interno a los masones en general.

        Consecuentemente, los actos del líder masónico deben repercutir directamente en la organización; de tal forma, que el éxito será siempre su éxito, pero el fracaso también será su fracaso.

        Para emprender sus tareas con éxito, el líder masón tendrá que sustentar con entusiasmo en el proyecto que tendrá a su cargo. Por un lado, debe escrutar constantemente el horizonte, desarrollando visiones de largo plazo; por el otro lado, debe aprovechar la eficacia proveniente de las ideas nuevas.

        Hoy no basta con desarrollar una buena administración de los recursos, porque estos tiempos y sus circunstancias exigen poseer una gran apertura mental que posibilite encarar las inevitables transformaciones que se aproximan, como un requerimiento del tiempo histórico. El aislamiento, en la sociedad globalizada que vivimos, ya no es factible de sostener, por lo cual habrá que encarar su fin, sin perder la identidad local, pero evitando la engañosa comodidad que brinda estar en una suerte de burbuja que nos desconecta del resto del mundo.

         Los masones, como es lógico, sienten profundamente sus raíces locales o particulares, pero la propia institución desarrolla la vocación de la “universalidad”. Motivo por el cual el líder masónico, si intenta cumplir con su cometido en este tiempo específico, no puede vivir ni actuar a espaldas de esa realidad, refugiándose en la seguridad de lo conocido.

         De acuerdo a ciertos estudios y mediciones efectuadas por la organización Great Place to Work, existen cinco parámetros que permiten evaluar el clima organizacional de una asociación que permite la participación del talento y las capacidades generales, con el fin de posibilitar la obtención de los objetivos y metas comunes.

Esos cinco parámetros son:

Credibilidad: Hace relación con el liderazgo desarrollado a través de la comunicación, la capacidad operacional y la consistencia.

Respeto: El líder debe crear espacios de participación que faciliten a todos los masones expresar libremente sus ideas e inquietudes, de tal manera que éstas se conviertan en iniciativas de crecimiento y progreso.

Imparcialidad: El líder debe estar firmemente comprometido con la equidad y la ausencia de favoritismo.

Camaradería: Descansa en la inteligencia emocional de líder y del grupo, y en cómo reaccionan frente a diversas situaciones, sin perder el sentido de equipo.

Orgullo: Tiene que ver con los sentimientos hacia las diferentes facetas relacionadas con el trabajo que se adelanta, el equipo al que se pertenece y con los sentimientos de adherencia que genera la Logia o Gran Logia.

Algunas Masonerías se encuentran hoy trabajando para mejorar el reconocimiento interno a los masones en general. Para eso abren espacios de participación en los asuntos de interés común y fortalecen la comunicación y la transparencia de las relaciones internas. Otras Masonerías están situadas en esquemas jerárquicos de inspiración absolutista.

         Se corre un enorme riesgo al subestimar el impacto del entorno cuando no se entiende bien y qué es lo que realmente está pasando,  cuáles han sido las construcciones y las formas que el pasado nos ha legado.

[box class=”pull”]Los masones, como es lógico, sienten profundamente sus raíces locales o particulares, pero la propia institución desarrolla la vocación de la “universalidad”.[/box]

         Es necesario visualizar qué es lo que puede suceder en el futuro previsible cuando se avizoran, a corto o mediano plazo, cambios trascendentales, porque permanecer en la seguridad de lo ya conocido, aunque proporciona una sensación de “falsa comodidad”, implica adoptar la “política del avestruz”, que esconde su cabeza para no ver lo que ocurre en su entorno.

         La actitud del líder masónico, fruto de su comprensión de la realidad y su apertura mental, generará los ambientes agradables que disminuyan la deserción, el ausentismo, así como generará un entramado social atractivo y que propicie el crecimiento de la institución y fortifique la sensación de pertenencia de sus miembros.

         Tal actitud, conjuntamente con el comportamiento ético interno y la asunción de la responsabilidad social de la Orden, permitirá la consecución de los objetivos generales de la sociedad específicamente considerada. Además, es necesario tener presente que la Masonería no posee un componente social, sino que es un componente social, y como tal debe cumplir el rol que, como mandato histórico, proviene de sus orígenes.

 

Referencias:

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