El esoterismo masónico, según el erudito y maestro masón uruguayo Antenor Dal Monte

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El esoterismo masónico, según el erudito y maestro masón uruguayo Antenor Dal Monte

Alfredo Corvalán

  

        La pregunta clave que debemos formularnos es: ¿existe un esoterismo específicamente masónico? La respuesta correcta, a nuestro modesto entender, es afirmativa. No obstante, dejaremos la respuesta a cargo del erudito y maestro masón uruguayo Antenor Dal Monte:

“A quienes trabajamos en esta línea se nos presenta cada día más clara la evidencia de que la Francmasonería posee su propio esoterismo. (…) Tiempo hubo en que el consenso general suponía que el esoterismo masónico se asimila a las doctrinas más o menos ‘ocultistas’ que se difunden por ahí , a cuya luz se leían los rituales y los símbolos. Confieso que yo mismo participé del error de suponer que nuestros misterios no eran sino una versión de la enseñanza que en otras tiendas se presenta como ‘doctrina secreta’ y que el cotejo de nuestro simbolismo con tales ‘doctrinas’ facilita la solución y aclara el enigma”.

“Hoy sé que estuve equivocado; y no puedo comprender cómo pude permanecer por años sin ver que las columnas representativas de las llamadas ‘dos Grandes Tradiciones’ (la del saber exotérico, y la del esotérico) se quedan AFUERA del Templo de la Sabiduría”.

“¿Cómo podía esperar yo que no tenía ojos para ver algo tan evidente, podría abrirlos tapándomelos con el barro de abstrusas doctrinas? ¿Cómo no advertí de inmediato que usar lámparas ajenas para interpretar lo propio, además de antimasónico (nuestro primer deber es estar cerrados y a cubierto de toda intromisión extraña) es un paso tan falso como innecesario?”

“Hoy sé cuánta razón tenía el H.·. A. Pike (que asistió al parto de la Francmasonería, y que así lo señala en carta al H.·. Gould) en que la Masonería es más rica en secretos que las pirámides, que está ahí tan muda como aquéllas lo estuvieron durante milenios a la espera de un intérprete”.

“Hoy pienso que buscar afuera lo que aquí se da en abundancia, es como si encontrándonos a orillas de una límpida y caudalosa corriente y teniendo sed, nos pusiéramos a cavar un pozo en la pétrea ribera”.

          Los párrafos transcriptos corresponden a la obra de Dal Monte titulada Varios ensayos para el adelanto de los Compañeros,  editada en 1975, es decir, 18 años después libro La Iniciación- Instrucción para el mejoramiento de los Compañeros, cuya primera edición es 1957 y la segunda de 2008.

          El alma de la Masonería, es decir su aspecto subjetivo, se vivencia en el campo de lo interno, de lo profundo: el campo del ser; es decir, de lo esotérico, de lo reservado a los iniciados. Se trata de una vivencia de trascendencia, por ende excede el campo puramente racional. Pero exceder lo racional no significa que sea irracional, sino transracional. Significa, además, que integra la razón y la fe en un nivel superior de comprensión.

         Conceptualizamos el esoterismo masónico como el proceso de introspección interior, de búsqueda y vivencia espiritual, que se funda en principios tales como: correspondencia, analogía y sintonía entre el microcosmo y el macrocosmo, entre lo interno y lo externo, entre el mundo y el hombre, entre la materia y el espíritu; proceso que obedece a leyes naturales. Esa armonía, esa sintonía que debe existir entre la percepción humana del microcosmo y del macrocosmo es lo se puede llamar la sabiduría del camino del medio, la sabiduría del sendero iniciático. Sendero que debemos recorrer de la mano de las dos grandes capacidades con que Dios privilegió al hombre: la inteligencia racional y la inteligencia intuitiva: la razón y la fe.

         No puede, no debe haber incompatibilidad entre aquello que creemos a través de la luz sobrenatural de la fe y aquello que conocemos por medio de la luz natural de nuestra inteligencia o ciencia. Afirmar la razón contra le fe o afirmar la fe contra la razón son, paradójicamente, actos de fe absurdos. Y la auténtica fe nunca es absurda, como la razón verdadera nunca es incrédula. Lo verdaderamente absurdo es cortar el diálogo entre fe y razón. La fórmula áurea del diálogo entre fe y razón, que debe iluminar nuestro camino iniciático, ya la formuló con meridiana claridad San Agustín, diciendo “Creo para entender, entiendo para creer”. Con esta fórmula San Agustín sintetiza la armonía entre fe y razón. La fe no es un obstáculo para una mayor comprensión del mundo (“creo para entender”) y la razón busca razones para la fe (“entiendo para creer”).

¿Existe un esoterismo específicamente masónico?

¿Existe un esoterismo específicamente masónico?

       La doctrina masónica postula la existencia de una fe iniciática que se nutre de la razón y de la intuición, y que nos lleva a la evidencia cierta de la existencia del Gran Arquitecto del Universo.

       No obstante, debemos reconocer que el camino de la fe iniciática no está exento de aptitudes fundamentalistas. Porque cuando se resta importancia, se desmerece o se ignora el papel de la inteligencia intuitiva (la fe) en la búsqueda de la Verdad, podemos caer en el racionalismo; pero cuando se adopta la posición contraria, y se considera que el papel de la razón es irrelevante, podemos caer en el fideísmo. Ambos fundamentalismo son negativos para nuestro progreso en el camino iniciático.

      Las enseñanzas esotéricas en la Orden Masónica se trasmiten a través del simbolismo constructivo, fundado en los significados de las herramientas de los constructores de edificios. El verdadero fundamento del simbolismo constructivo es la correspondencia que existe entre todos los órdenes de la realidad que los liga uno al otro. Se extiende desde el orden natural, tomado en su conjunto, al orden sobrenatural en sí mismo. En virtud de esa correspondencia, la naturaleza en su totalidad es, en sí misma, un símbolo.

[box class=”pull”]La Masonería es más rica en secretos que las pirámides.[/box]

      Un antiguo maestro expresó: “el Universo no es más que la cara visible de Dios”.
Dentro del concepto de símbolo incluimos el Ritual, que es el símbolo en acción. El Ritual es el vehículo de transmisión de una influencia espiritual que opera el proceso de transformación subjetiva en lo más profundo del iniciado.

      Los Rituales como actos humanos conscientes activan los arquetipos que moran en el subconsciente del hombre e iluminan su interior, de ahí la importancia que los mismos sean practicados en forma justa y perfecta.

      El simbolismo constructivo, como método masónico de transmisión del conocimiento, es uno de los principios fundamentales de la Orden (Landmarks); y, según la tradición masónica, tiene su génesis en el Templo de Jerusalén, mandado construir por el Rey Salomón hace 3.000 años.

Cadena de Unión Masónica

Cadena de Unión Masónica

     El Templo de Jerusalén expresa arquitectónicamente el matrimonio sagrado entre la Tierra y el Cielo, pues su construcción se efectuó conforme al modelo cósmico. Según este modelo, el mundo terrestre aparece como el reflejo del mundo celeste, y en íntima comunión con él. Geométricamente, esa unión se expresa mediante dos triángulos entrelazados: el uno siendo reflejo del otro, figura que es conocida como “Sello de Salomón” o “Estrella de David”.

     El Templo de Salomón está en la esencia misma de la Masonería, que actualiza permanentemente su contenido espiritual a través de sus ritos y símbolos, empezando por la propia logia, que tiene en él su modelo o prototipo.

     En definitiva, para los masones, la arquitectura es el arte de las artes, y significa construir de acuerdo con el diseño (el Templo de Salomón) y la finalidad (el perfeccionamiento espiritual y el servicio a la humanidad, de acuerdo al mandato bíblico: “amarás al prójimo como a ti mismo”).

    La arquitectura continúa siendo el arte de las artes, al margen que se esté construyendo un edificio, como en la Masonería operativa, o que se esté planificando una vida humana, como sucede en la Masonería especulativa.

    Según la creencia masónica, implícita en su esoterismo, la ciencia de cómo se construyó un edificio real proporciona la sabiduría de cómo construir un templo espiritual en la propia alma (Templo interno donde mora la Divinidad) y colectivamente para el conjunto de la humanidad (Templo de Fraternidad Masónica Universal que albergue a todos los hombres del mundo de buena voluntad).

    El esoterismo masónico, a través del camino iniciático, no busca la iluminación, como sinónimo de perfección, por la perfección misma; sino, también, como medio de servir a la Humanidad. La Masonería, a diferencia de otros esoterismo, no cree en la utopía de que la Humanidad será perfecta cuando todos los hombres lo sean (iluminados), sino que aspira a que sus adeptos se apliquen simultáneamente a la construcción del Templo interior y colaboren conscientemente en la construcción del Templo exterior de la Fraternidad Masónica Universal, basado en el concepto de que todos los hombres (no solamente los masones) son hijos del mismo Padre (Dios) y, por ende, hermanos.

    La Fraternidad es el perfume de la flor del amor. Sin Fraternidad no hay Masonería y el llamado masón se transforma en un profano con mandil.
El esoterismo masónico se distingue, además, de los otros esoterismos por adoptar el simbolismo constructivo como método de trasmisión del conocimiento.

[box class=”pull”]La Fraternidad es el perfume de la flor del amor. Sin Fraternidad no hay Masonería.[/box]

    El esoterismo masónico no riñe con los sistemas filosóficos ni con los científicos, los abstrae por medio de sus símbolos y alegorías. La ciencia tiene un lenguaje propio, un método particular. El esoterismo masónico tiene otro lenguaje. La ciencia no es simbólica, es positiva; su método no es iniciático. Es diferente aprender física cuántica a ser exaltado al sublime grado de Maestro Masón. Grandes científicos, que también fueron masones, jamás pusieron en duda esta verdad. Su formación científica no riñó con su formación masónica; por el contrario, se complementaron. Eran mejores científicos y mejores seres humanos.

   Para ellos, como para todo verdadero masón, el discurso interior del hombre (microcosmo) y el exterior (macrocosmo) se corresponde en una cosmovisión armónica de Dios, el Hombre y el Universo.

 

Referencias:

 

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