Docencia masónica – Capitulo 2 – El Ritual

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Docencia masónica

Libro de Alfredo Corvalán

(Continuación, Capítulo 2, quinta parte)

El Ritual

 

           El Ritual es el símbolo en acción. Trataremos de explicar aquí el Ritual como práctica humana y herramienta fundamental de la docencia masónica.

Resonancia mórfica, se denomina así a la hipótesis central de Rupert Sheldrake.

Resonancia mórfica, se denomina así a la hipótesis central de Rupert Sheldrake.

           Para ello será necesario tener algunas nociones básicas acerca de la resonancia mórfica. Se denomina así a la hipótesis central de Rupert Sheldrake, científico inglés que postula que cada especie tiene un campo de memoria propio. Este campo estaría constituido por las formas y las actitudes de todos los individuos pasados de dicha especie, y su influencia modelaría a todos sus individuos futuros: cada especie animal, vegetal o mineral posee una memoria colectiva a la que contribuyen todos los miembros de la especie. Si un animal aprende un nuevo truco en un lugar (por ejemplo, una rata en Londres), a los animales de la misma especie en otro lugar les resultará más fácil aprenderlo (por ejemplo: a las ratas de Madrid les resulta más fácil aprender el mismo truco). A cuantas más ratas londinenses se les enseñe ese truco, tanto más fácil y rápido  resultará a las ratas de Madrid aprenderlo. Ello permitiría explicar cómo adquieren los animales sus instintos, incluidas las complejísimas habilidades que muestran algunos animales desde pequeños.

            Estos campos –según el investigador inglés– permiten la trasmisión de información entre organismos de la misma especie, sin mediar efectos espaciales. Es como si dentro de cada especie del universo, sea ésta una partícula o una galaxia, un protozoo o un ser humano, existiese un vínculo que actuara instantáneamente en un nivel sub-cuántico fuera del espacio y el tiempo. Este vínculo es lo que Sheldrake denomina campos mórficos. Al tratarse de una transmisión de información y no de energía, ello no contradice la teoría de la relatividad. Por ejemplo: un roedor australiano puede conocer sin que exista transmisión material, simplemente por resonancia mórfica, algo aprendido por un roedor de su misma especie en Leningrado. Siguiendo con el ejemplo, si llevásemos desde Leningrado a Australia un enemigo natural del citado roedor, el pariente australiano del roedor reconocería al momento a su enemigo como si se tratara de su pariente ruso.

             Lo anterior también explicaría cómo se reproduce la forma de un organismo en generación en generación. El código genético sólo describe los aspectos menos sutiles de la herencia, pero no puede explicar por qué determinadas células de nuestro embrión se han diferenciado, dando lugar a una oreja, un ojo, un dedo gordo del pie izquierdo, determinado tejido intestinal, etc. Según Sheldrake, adquiríamos la forma que reconocemos como humana porque las formas de todos los miembros pasados de nuestra especie resuenan en nosotros, como ondas en un estanque, organizando la vía de nuestro crecimiento. A la vez, nosotros incorporamos nuestra forma a la memoria colectiva de la especie, engrosándola e incrementando así su influencia.

           Estos hábitos de organización serían inherentes a toda la naturaleza. Por ejemplo, si elaboramos un nuevo compuesto químico, debería ser más fácil obtenerlo en otros laboratorios a medida que transcurre el tiempo, porque cuantas más veces haya cristalizado, mayor será su campo de resonancia mórfica. En realidad, hace décadas que los químicos reconocen este hecho y, hasta ahora, su explicación era que diminutas partículas del nuevo compuesto iban de laboratorio a laboratorio a través de la barba de los químicos.

          El eje de la teoría le fue sugerida en parte a Sheldrake por ciertos experimentos de psicología animal, donde dicho efecto parecería tener lugar. Estos experimentos, realizados por el doctor William McDougal, de la Universidad de Harvard, alrededor de los años 20, trataban de descubrir en qué medida la inteligencia de las ratas era heredada.

         El Dr. Sheldrake, luego de la publicación de su libro Una nueva ciencia de la vida, realizó dos experimentos para refutar o verificar su teoría. El primer experimento fue patrocinado por la revista New Sientas, de Londres, y el segundo por la Bira/minad Boletín, de los Ángeles. Ambos experimentos parecieron confirmar su teoría.

         En el experimento patrocinado por el New Sientas, a personas de distintas partes del mundo se les dio un minuto para encontrar rostros famosos escondidos en un dibujo abstracto. Se tomaron datos y se elaboraron medias. Posteriormente la solución fue emitida por la BBC en una franja horaria donde la audiencia estimada era de un millón de espectadores. Inmediatamente de realizada la emisión, en lugares donde no se recibe la BBC, se realizó el mismo test sobre otra muestra de personas. Los sujetos que hallaron los rostros dentro del tiempo de un minuto fueron un 76% mayor que la primera prueba. La probabilidad de que este resultado se debiera a una simple casualidad era de 100 contra 1. Según el Dr. Sheldrake, los campos no-locales, o campos morfogenéticos, habían transmitido la información a toda la “especie”, sin detenerse en aquellas personas que presenciaron la mencionada emisión de televisión.

         En otro experimento organizado por la misma publicación, se convocó un concurso de experimentos para probar la hipótesis. El ganador fue un científico de Nottingham, que envió un poema tradicional turco junto con una versión desbaratada del mismo poema que seguía rimando (la resonancia mórfica tendría que hacer mucho más fácil, para quienes no sepan turco, aprender el poema verdadero). La idea se puso en práctica con tres poemas enviadospor un poeta japonés: uno era un poema conocido por miles de niños, los otros dos fueron especialmente compuestos y tenían una estructura parecida al primero. En los experimentos, realizados en Gran Bretaña y Norteamérica, el 62% de los voluntarios encontraron más fácil aprender el poema original (que no sabían cuál era). Si no existiera la resonancia mórfica, la dificultad de aprender los poemas habría sido la misma para los tres.

         En el experimento patrocinado por el Braun/min Boletín de los Ángeles, a varios grupos de personas se les pidió que memorizaran tres poemas distintos. El primero era una canción infantil japonesa, el segundo un poema de un autor japoneses moderno y el tercero una galimatías sin sentido. Tal como la teoría de los campos morfo genéticos predice, la canción infantil, que había sido aprendida por millones de niños durante muchas generaciones, aunque estos fueran japoneses, fue memorizada notablemente más rápido que las otras dos alternativas.

        En 1986, el Tarry Town Group de Nueva York concedió los premios de otro concurso. El primer premio, de diez mil dólares, se repartió entre dos pruebas similares. Un psicólogo de Yale enseñó a estudiantes que no sabían hebreo palabras hebreas de tres letras, la mitad reales y la otra mitad falsas. Los estudiantes, que no sabían de qué se trataba el experimento, encontraron más familiares las palabras verdaderas. Por su parte, un psicólogo inglés escogió palabras persas verdaderas y otras con letras mezcladas, y pidió a ochenta estudiantes que las dibujaran tras observarlas unos segundos. Ni ellos ni los jueces conocían el propósito del experimento, pero el 75% de los jueces consideró mejor reproducidas las palabras verdaderas que las mezcladas.

         Una hipótesis de Gary Schwartz permite suponer que la memoria no estaría almacenada en el cerebro (sabemos que los repetidos intentos de localizar rastros de ella nunca han dado resultado). La resonancia mórfica se basa en la similitud: más sintonizamos con un organismo del pasado cuanto más similares somos a él. Pero el organismo más parecido a nosotros que ha existido hace una hora o un año éramos nosotros mismos. “Somos más parecido a cómo éramos nosotros mismos que a cualquier otro organismo; creo que eso implica que estamos específicamente sintonizados con nuestro pasado, y explica por qué nuestro pasado influye sobre nosotros”, asevera Schwartz.

        También podemos sintonizar con el inconsciente de otras personas, y ello nos acerca al inconsciente colectivo postulado por Carl Gustav Jung. La sintonización por resonancia con la memoria reciente de otras personas puede igualmente dar explicación de fenómenos como la telepatía. Otro hecho curioso es que, si la resonancia mórfica facilita el aprendizaje, en el presente siglo cada vez debería resultar más fácil aprender a andar en bicicleta, a conducir un automóvil, a tocar el piano o a utilizar una computadora, a causa de la resonancia mórfica acumulada de la gran cantidad de gentes que ya ha adquirido estas habilidades.

          En La presencia del pasado (1989), Sheldrake exhibe una espiritualidad posiblemente brotada de su relación con el sacerdote Vede Griffiths, que predicaba en India. Allí Sheldrake señala que la ciencia no puede suministrar las explicaciones últimas: “Podríamos contemplar el origen del universo y la creatividad que contiene como un misterio impenetrable y dejarlo así. Si decidimos explorar más allá, nos encontramos con la presencia de varias antiguas tradiciones de pensamiento sobre el origen creativo último, bien sea éste concebido como el Único, Brahma, el Vacío, el Tao, el abrazo eterno de Shiva y Shaki o la Santa Trinidad. En todas estas tradiciones, tarde o temprano llegamos a los límitesdel pensamiento conceptual, y también al reconocimiento de estos límites. Solamente la fe, el amor, la esencia mística, la contemplación, la iluminación o la gracia de Dios pueden llevarnos más allá”.

Inconsciente colectivo.

¿La resonancia mórfica lleva a un inconsciente colectivo?

         Sheldrake nos explica que la clave de la resonancia mórfica es la similitud, y su efecto habitual consiste en que refuerza las similitudes a medida que los hábitos se desarrollan. Comúnmente los hábitos se tornan cada vez más inconscientes; sin embargo, en el reino humano, las cosas a veces se hacen deliberada y conscientemente del mismo modo como se las hizo anteriormente, y esto es especialmente cierto respecto de los rituales.

          Todas las sociedades humanas tienen rituales. Cualquiera que sea el ritual, la sociedad o el contexto, los rituales tienen una tendencia conservadora muy fuerte. Las personas creen que deberían celebrar el ritual del modo como lo han hecho anteriormente. ¿Por qué? Creen que, haciéndolo así, se conectan de algún modo con las personas que lo han hecho antes.

           En las sociedades tribales, creen que, por medio de los rituales, los antepasados se hacen entonces presente ante quienes participan del ritual. En todas las religiones se encuentran creencias parecidas. Un ejemplo es la celebración de la Pascua Judía: Pésaj.

          En todas las tradiciones tiende a haber un alto grado de conservadorismo en el lenguaje ritual. Los brahmanes de la India celebran sus rituales en sánscrito, porque éste es el antiguo idioma ritual. En la Iglesia Romana los celebraban en latín. En la Iglesia Rusa aún los celebran en el antiguo eslavo. Es muy común hallar antiguos idiomas que se conservan en formas rituales. A menudo la gente olvidó la razón de ser de esos rituales, pero cree que se los debería celebrar del modo tradicional para que sean eficaces.

          La finalidad de los rituales es conectar a los participantes presentes con el hecho original que el ritual conmemora, también los  vincula con todos los participantes anteriores. El ritual es algo relacionado con un cruce del tiempo, con una aniquilación de la distancia en el tiempo y una introducción del pasado en el presente.

          En los rituales iniciáticos, propios de la verdadera Francmasonería, el rito es el símbolo en acción y vehículo de trasmisión de una influencia espiritual que opera el proceso de transformación subjetiva en lo más profundo del ser del hombre iniciado.

           El tema del proceso iniciático en la Orden fue abordado en detalles en mi obra El Simbolismo Constructivo de la Francmasonería (cap. II: La Iniciación), editada por la logia Fe. Nada de esto tiene sentido desde un punto de vista secular y racionalista. Según éste, el ritual es sólo un ejemplo de superstición, hacia lo que los seres humanos lamentablemente tienden, hasta que estos restos del pasado pueden ser erradicados ilustrando a la gente. Sin embargo, los rituales son notablemente persistentes, hasta en las sociedades seculares. La gente parece tener necesidad de ellos, y cuando se le priva de rituales tradicionales, vuelve a crear los suyos propios. Los rituales tienen un sentido perfecto desde el punto de vista de la resonancia cósmica. Mediante la realización consciente de actos rituales, de un modo que se parezca lo más posible a aquel con que se celebró anteriormente, los participantes entran en resonancia cósmica con quienes llevaron a cabo ese ritual en el pasado. Entonces el tiempo se derrumba y hay una presencia inevitable de todos los que anteriormente celebraron el ritual, o sea, de la comunidad ritual trans-temporal.

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