CLAVERO: “La masonería no es secreta; es discreta”

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CLAVERO: “La masonería no es secreta; es discreta”

Entrevista a G.·.M.·. Ángel Clavero

 

Fuente: http://www.ambito.com

 

G.·.M.·. Ángel Clavero

G.·.M.·. Ángel Clavero

 

El jefe de los masones argentinos recibe a Viernes en la antesala de su despacho, adornada con los retratos de todos los grandes maestres de los siglos XIX, XX y XXI. Ángel Clavero muestra las instalaciones del templo de la calle Perón. En el salón principal de reuniones, posa junto al mobiliario original de 1872, que fue utilizado, entre otros, por Sarmiento, Derqui, Mitre y Alem.

Por: Christian Veronelli

 

 

 

Viernes: A muchos les suena como algo desactualizado. ¿Qué es la masonería?

Ángel Clavero: La masonería, como nosotros la entendemos, es una escuela de vida, una cátedra de moral, de pensamiento. Para ingresar sólo hay que tener 18 años y ser hombres libres y de buenas costumbres. El hombre libre es el ciudadano que sabe pensar por sí mismo y está alejado de dogmatismos como de fanatismos políticos y religiosos. Allí va ascendiendo en sus grados. La masonería simbólica tiene tres grados: aprendiz, compañero y maestro. La masonería tiene su esquema de enseñanza a través de los símbolos, de la construcción. Por eso se ven escuadras y compases en los edificios y en la indumentaria masónica. Cuando la masonería era operativa, por el año mil, en los alrededores del Lago de Como, estaba formada por los que conocían los misterios de la construcción, el gremio que sabía manejar las herramientas. A través de los siglos entra en una encrucijada: el iluminismo, la ilustración, el Siglo de las Luces. El hombre se va liberando con el avance del espíritu laico. En 1717 y en 1723 se reúnen en Londres las logias más grandes del mundo. El sector más progresista se impone con la idea de construir al ser humano y la masonería pasa de ser de operativa a especulativa. Se permite el ingreso de poetas, filósofos, médicos, científicos… Allí nace el concepto de aceptados, los que no pertenecían al gremio de la construcción.

V.: ¿Es difícil encontrar en la sociedad actual personas que quieran ser masones?

A.C.: La masonería está creciendo en la Argentina y en el mundo, y mucho más en la juventud. Estamos trabajando muy fuertemente en distintos lugares en la sociedad. Tenemos el Estudio Laico de Estudios Contemporáneos trabajando en defensa de la educación pública, laica y obligatoria. Tenemos el Observatorio de la Ciudadanía, trabajamos con ONG, gremios, partidos políticos y entidades empresarias. Hay un espíritu libre en la sociedad. Estamos abriendo cátedras de libre pensamiento en universidades nacionales. Los alumnos escuchan la voz de la masonería. Desde 2008 hemos bajado la edad promedio de los masones: era de 60 años y ahora estamos en 38. Cada vez va bajando más. Hemos duplicado y estamos casi triplicando la población activa. El lenguaje de la masonería ha penetrado, porque pusimos a la masonería en valor comunicacional.

V.: ¿Admite que la masonería estuvo asociada mucho tiempo a mitos e ideas conspirativas?

A.C.: Justamente. Fue una decisión nuestra, cuando llegamos al gobierno de la institución. Tenemos que hacer ver lo que hacemos, para qué estamos en la sociedad. Le dimos 14 presidentes y 7 vicepresidentes a la Argentina, hombres de ciencia, premios Nobel. ¿Por qué tenemos que escondernos? Hay que salir a los medios. Vino el canal Encuentro, National Geographic y el History Channel.

V.: Emilio Corbiére escribió el libro “La Masonería, política y sociedades secretas”, sobre la dificultad de lograr información y documentos por la propia naturaleza de las sociedades cerradas. ¿No la transforma esta característica en elitista y alejada del ideal democrático?

A.C.: Si fuera una sociedad elitista no podrían entrar hombres de distintas clases sociales, razas, etnias. Aquí están desde un ministro de la Nación, un hombre que trabaja en la Suprema Corte o un diputado hasta un empleado de banco, un actor o un joven estudiante. Acá somos todos hermanos, todos iguales. El principio de la igualdad se cumple a rajatabla. El dinero y los títulos universitarios quedan, como nos decían en el servicio militar, en el alambrado de afuera.

V.: ¿Y por qué esa idea de sociedad secreta?

A.C.: Nosotros decimos que es discreta. Eso viene porque la masonería tiene una cualidad que la distingue de las otras organizaciones humanas, que es una sociedad iniciática. Acá para entrar hay que pasar por la famosa ceremonia de iniciación, con el ritual, que tiene tanta mala fama, que matamos a los chicos, que la sangre… La ceremonia dura una hora y media, a uno lo van llevando por un viaje por todas las escuelas filosóficas iniciáticas de la antigüedad. Por ejemplo, se habla de los estoicos, porque tenían una moral muy particular, eran virtuosos. Se les habla de los pitagóricos, porque Pitágoras le daba mucho valor al silencio, y en la masonería el silencio tiene un valor muy importante. Después hay una parte en que se leen los trabajos y se cambian ideas. En la masonería caben todos los que estén en condiciones. Encontrás tipos que saben tanto acá adentro que vas conociendo cosas de la vida y cada vez te llenás más.

V.: ¿Cómo es la relación con las religiones?

A.C.: Es falso que estamos en contra. Todos los que estamos adentro de la masonería tenemos alguna religión. Yo soy católico. Se pide que se entienda que hay un principio superior que rige las leyes del mundo. Para algunos puede ser Dios, para otros la naturaleza, el equilibrio universal.

V.: ¿Cómo se organiza la institución y cómo funcionan las lealtades entre los hermanos?

A.C.: Sarmiento y José Hernández estaban acá adentro y se mataban. Sin embargo, los dos eran masones. La masonería oficia como el órgano de contención y acuerdo, busca lograr los grandes acuerdos y bajar los decibeles de cada uno. Dentro de la masonería están contenidas todas las aventuras del pensamiento. Hombres de centroderecha, centro, hasta la centroizquierda. Y de los distintos partidos políticos. Yo desde los 18 años soy afiliado al partido radical. Están los peronistas, socialistas, hay macristas. Hay de todo acá adentro, pero no vienen a hacer política partidaria.

V.: ¿Cómo les caen esos mitos que se forman en el imaginario social?

A.C.: Es una de las cosas que por no explicarlas y no mostrarse la masonería tal cual es, se fueron sufriendo esos problemas. Hemos tenido un año bisagra que fue 1930, cuando empezó la decadencia de la masonería en Argentina, con los gobiernos de facto y las ideas dictatoriales que llegan de Europa. Ahí empezó a caer hasta los noventa. La masonería tiene sus características que las da cada país. No es lo mismo Estados Unidos, Francia o Inglaterra, que hacer masonería acá. Uruguay, por ejemplo, es un país muy laico, entonces la masonería está reluciente.

V.: ¿Por qué se conocen los nombres de masones ilustres, y otros son anónimos o se sospecha su pertenencia?

A.C.: En Argentina hay mucha gente que perteneció a la masonería pero que fue iniciada en otros países. Gente muy importante, incluso presidentes, que han llegado pero nosotros no tenemos la constancia, y no podemos decir que son masones. Hay un presidente, del cual los hijos nos dicen que entienden o creen que el padre había sido masón. Nosotros estamos en la duda porque no tenemos nada escrito.

V.: ¿Entre ustedes, se reconocen en la vida pública, por actitudes, comportamientos?

A.C.: Hay signos, hay palabras, hay toques. Una vez fui a acompañar a un diputado a dar una conferencia a la Universidad de Santa Fe, cuando estaba recién iniciado. Y en la manera de dar la mano, el rector de ese momento, me saludo con la forma masónica.

 

Somos todos hermanos, todos iguales. El principio de la igualdad se cumple a rajatabla.

Somos todos hermanos, todos iguales. El principio de la igualdad se cumple a rajatabla.

 

V.: ¿Cómo trabajan y se relacionan las logias?

A.C.: Son todas iguales en su trabajo, pero cada una tiene su idiosincrasia. Hay logias muy políticas, en las que entran los que están en cargos públicos, partidos políticos. Otras son racionalistas, más filosóficas. Otras más simbólicas, que estudian rituales. Otras, más esotéricas.

V.: ¿Se puede abandonar la masonería?

A.C.: Acá no se induce a nadie, uno entra porque le gustó. Te podés ir, podés volver a los 30 años. Podés hacer lo que querés. Otro mito que se derrumba: que te agarran los masones y no te largan más. Pero eso si no se lo decimos al periodismo…

V.: ¿Qué puede decir de la P2 (Propaganda Due), dirigida por Licio Gelli, relacionada con dictadores como Massera o Suarez Mason?

A.C.: En el año 76, en Italia, cuando empezó a trabajar fuera de los cánones de la masonería, fue sacada (de la sociedad). Después tomó relevancia en el año 81. Fueron expulsados. A Gelli lo echaron al carajo. La P2 tenía mil miembros, no es una logia masónica. ¿Cómo hacés para meter mil miembros acá adentro? Más de 30 miembros no puede haber en cada logia. Eso era otra cosa. Lo que pasa es que habían estado adentro de la masonería, conocían el trabajo masónico y se autodenominaban logia masónica. Pero cuando la masonería italiana vio que se corrieron del emblema ético, los sacó. Los tipos después se metieron armaron un despelote, estaba cruzado el Vaticano, un desastre. Pero siempre, los intereses dogmáticos; cuando hay que pegarle a la masonería, le pegan.

V.: ¿Cómo fue la relación de los distintos gobiernos militares en la Argentina con la masonería?

A.C.: En general decae con los gobiernos de fuerza y crece en democracia. Acá hemos tenido hermanos que se fueron del país. La masonería soportó muchas cosas. Teníamos gente en la vereda de enfrente de los servicios de inteligencia; fotografiaban a los que ingresaban al templo. No había relación con las autoridades de los gobiernos militares porque nos perseguían. El que defiende el libre pensamiento siempre anda mal con los gobiernos de fuerza. Nosotros defendemos a rajatabla la democracia como estilo de vida y la república como estructura de gobierno.

V.: ¿Tienen relaciones con otras “sociedades secretas”?

A.C.: No, la masonería no se relaciona con otras sociedades, porque está en el mundo y nos juntamos entre masones, en nuestra actividad.

V.: ¿La institución, con sus ritos, no opaca esa libertad de conciencia que pregona?

A.C.: No, al contrario, el rito ayuda. Se enseña un comportamiento ético. Siempre nos acordamos de Immanuel Kant, por aquello de tener el valor de pensar por uno mismo. Ese es el secreto de la masonería, enseñar a pensar libremente.

V.: ¿Por qué no se aceptan mujeres?

A.C.: La masonería nuestra no tiene mujeres, pero la mujer entra. Acá está la Gran Logia Femenina de la Argentina. Si nos escribe una mujer, la pasamos a la masonería femenina. Ellas trabajan en otros lugares, lo que pasa es que esto empezó hace muy poco. Hace unos 25 años que hay masonería femenina en Argentina, y en el mundo, en Francia y en España estaba muy difundida, hace 80 años. En la España franquista había muchas mujeres. En Francia creo que sí hay logias mixtas, pero en el mundo no se adoptó. La masonería cuando empezó era para hombres, y la mujer no tenía reconocidos sus derechos. Ahora la mujer tiene igualdad de derechos. Estamos comenzando a hablar de la inclusión de la mujer en las logias. Somos instituciones en los que el peso de la historia es muy grande. Habría que estudiar un poco el carácter iniciático del hombre y de la mujer.

 

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