Agrupamiento Didáctico de los Landmarks

A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.
Libertad Igualdad Fraternidad

Logo M sin Fondo

Agrupamiento Didáctico de los Landmarks

(Primera entrega)

Alfredo Corvalán

 

       Si bien es cierto que todos los landmarks son importantes como principios fundamentales que rigen la Orden Masónica, es posible, al sólo efecto didáctico, agruparlos por categorías a fin de facilitar su estudio.

Proponemos las siguientes categorías:

  • De Principios básicos: 2, 3, 18, 19, 20, 21, 24 y 25.
  • De Derechos del masón: 12, 13, 14 y 22.
  • De Obligaciones del masón: 1, 17, 23.
  • De constitución, funcionamiento y gobierno de las logias: 9, 10, 11, 15, 16 y 25.
  • De Prerrogativas del Gran Maestre (Gran Maestro): 4, 5, 6, 7 y 8.
  • Landmarks de Principios Básicos

      Entendemos por tales aquellos que tienen un grado de trascendencia que su ausencia dejaría sin contenido y sin sentido a la Orden como patrimonio espiritual que le permite al Hombre descubrir su verdadera naturaleza y la del Creador, el Gran Arquitecto del Universo, Dios. Ellos son los señalados con los numerales 2, 3, 18, 19, 20, 21, 24 y 25.

El masón nunca deja de ser Aprendiz.

El masón nunca deja de ser Aprendiz.

La División de la Masonería Simbólica en tres grados (2*)

       Por orden cronológico es el 2* en el listado de Albert Mackey. Cada uno de los grados (Aprendiz, Compañero y Maestro Masón) representa distintos niveles de conciencia que permiten una mayor comprensión de la Realidad Única. Ello está simbolizado en las frases que condensan el propósito de cada grado: “De la oscuridad a la Luz” (Aprendiz); “de la irrealidad a la realidad (Compañero); “de lo perecedero a lo imperecedero” (Maestro). El grado de Aprendiz trasciende los restantes y desde el punto de vista docente constituye los cimientos del Templo Interior donde mora la Divinidad. Es por ello que se dice que el masón nunca deja de ser Aprendiz.

La Leyenda del Tercer Grado (3*)

       Este landmark está íntimamente relacionado con la inmortalidad del Alma y la vida futura (20°). En él podemos identificar la trascendencia como uno de los pilares de la Identidad Masónica. Mackey lo fundamenta, textualmente, de la siguiente manera:

       “La leyenda del Tercer Grado es un ‘Landmarks’ cuya integridad se ha conservado hasta nuestros días, pues no hay Rito Masónico, sea el que fuere, que no la contenga.

        Podrán variar las palabras de un idioma a otro, y en efecto varían, pero la leyenda se mantiene y conserva sustancialmente la misma. Y es necesario que así sea, porque la leyenda del constructor del Templo, constituye la esencia e identidad de la Masonería.

       Todo Rito que la excluyera o que la alterara de modo fundamental, dejaría de ser Rito Masónico”.

       En la segunda edición de las Constituciones de Anderson, publicadas en 1738, se refiere a esta leyenda de la siguiente forma: “Se terminó [el Templo] en el breve plazo de siete años, lo cual asombró al mundo, la Fraternidad celebró con gran jubilo la colocación de la piedra cimera; pero su júbilo fue interrumpido por la muerte de su querido hermano Hiram Abi, a quien enterraron decorosamente en la logia, cerca del Templo, según la antigua enseñanza”.

        En la siguiente edición de la obra, publicada en 1756, se relatan algunas circunstancias más, como por ejemplo, la participación del Rey Salomón en el dolor general, y el hecho de que el Rey de Israel ordenó que sus exequias se celebraran con “gran solemnidad y decoro”.

Todo candidato a la iniciación ha de ser hombre libre y mayor de edad (18*)

      Constituye una de las condición indispensable de admisión; comprende tanto la pertenencia al sexo masculino (hombre en sentido restrictivo) como la condición de libre (con capacidad de decidir por sí mismo) que incluye la de mayoría de edad legal y las buenas costumbres (no-sujeto a la “prisión” del vicio o del delito).

       Albert Mackey en su marca (límite) número 18, directamente, establece: “una mujer ni un esclavo están calificados para ingresar en la Masonería”. Aunque esto evidentemente se ha modificado, en la medida que, en algunos Orientes, existen logias femeninas y mixtas. Mackey, agrega a título explicativo, que éste límite emana de “la misma esencia de la Masonería y de sus símbolos y enseñanzas y ha sido siempre una marca en la institución”.

       Tal afirmación, si bien es cierto se encuentra mayoritariamente confirmada por la historia de la Masonería operativa, no es del todo correcta porque existen documentos que prueban que, en casos aislados, las mujeres formaban parte de algunas logias operativas. Así los Estatutos de la Logia de Norwich (Inglaterra) en 1375 se dirigen “a los hermanos y hermanas”. No obstante, es una realidad incuestionable –desde nuestro punto de vista– que la mujer en aquellas épocas y aún en los siglos XVII y XVIII se encontraba en una posición de sumisión no compatible con la calidad de “hombre libre”.

La historia de la Masonería operativa, no es del todo correcta porque existen documentos que prueban que, en casos aislados, las mujeres formaban parte de algunas logias operativas.

La historia de la Masonería operativa, no es del todo correcta porque existen documentos que prueban que, en casos aislados, las mujeres formaban parte de algunas logias operativas.

      Pero el tema debe ser abordado no desde el punto de vista de la “igualdad jurídica” de los sexos, pues se refiere a una esfera de la realidad más íntima que las que regulan las normas jurídicas. Debemos tener en cuenta que la Orden ofrece a sus miembros un camino de perfección espiritual que no es otro que el camino iniciático y por ende el vínculo relacional que se establece en el seno de la logia no es simplemente “comunicacional”, “puramente verbal” en el ámbito de conciencia superficial, sino también de “comunión” donde la diferencia del ser masculino o femenino adquiere mayor protagonismo.

       No se trata de un ateneo o club de debate, sino de la Masonería, Orden iniciática por naturaleza y donde la “realidad subjetiva” (esotérica) es de partícula importancia.

      La mujer puede  –según mi opinión personal– encontrar en la logia masónica una vía iniciática, pero entiendo que debe separarse la iniciación masculina de la femenina, por cuanto el trabajo en logia propone, tácitamente, un proyecto de construcción personal que debe diferenciarse, ya que la arquitectura interior del hombre y de la mujer no son iguales. Además, sería conveniente que las Grandes Logias de la Masonería Femenina definieran su propia regularidad, estableciendo como condición de admisión a la Orden la mayoría de edad, ser libre y de buenas costumbres, pertenecer al sexo femenino y la creencia en la existencia de Dios como Gran Arquitecto del Universo, la Inmortalidad del Alma y la vida futura.

La creencia en la existencia de Dios como Gran Arquitecto del Universo (19*)

      Tal es el landmark 19* en listado Mackey y considerado uno de los más importantes de la Orden, al establecer como condición de admisión a la misma la creencia en la existencia de Dios.

      La Primera Parte de las Constituciones de Anderson de 1723, la más importante y a cuya luz deben ser considerada las restantes, comienza así: “Adán, nuestro primer padre, creado a imagen y semejanza de Dios, el Gran Arquitecto del Universo”. Por tanto, en toda iniciación el ritual debe comenzar con una invocación al GADU, Dios.

       La palabra Dios viene directamente del latín deus, “deidad, dios”. La palabra latina deus es considerada por algunos filólogos como proveniente del griego Ζέυς (Zeus); aunque también es muy plausible que sea una simple variación fonética de θεός, que es igualmente deidad, dios.

       Hay una serie de nombres de Dios en las lenguas indoeuropeas que se interpretan como derivadas de una única forma original, protoindoeuropea, Dyeus. Éste habría sido el nombre del dios dominante del panteón protoindoeuropeo. Encontramos una forma próxima a la original en el sánscrito antiguo: deiwos. Entre las diversas derivaciones tenemos el griego Zeus pater, cuya forma latinizada es Iupiter (Júpiter), y también la expresión latina tardía, nuevamente derivada del griego, Deus pater, que en español evoluciona a Dios padre. En las lenguas germánicas la palabra para designar a Dios tiene la raíz “Got“, de donde vienen God (Inglés) o Gott (Alemán).

La idea de Dios tiene relación con los siguientes puntos:

  • Es lo sobrenatural, que excede al Universo y a la ciencia (o sea, un mundo de seres trascendentes que quedan concentrados en uno solo).
  • Es el origen de todo (cosmogónicas, Génesis, etc.) la Causa primera, el Creador ex nihilo, etc.
  • Es el principio de la vida, lo que hace vivir y existir.
  • Es (como expresó Aristóteles) el “pensamiento del pensamiento”.
  • Es la esperanza ante la muerte.
  • Es lo Incognoscible (de Spencer), lo inefable (de la Cábala), el nóumeno (de Kan), el Uno o el Todo (de Jenofonte), el Tao (de Lao Tse).
  • Es lo infinito o lo absoluto.
  • Es lo Omnipotente (el Yahvé del Antiguo Testamento, Al-Lah del Corán, etc.), como poder ambivalente, creador y destructor.
  • Es la concidentia oppositorum (Nicolás de Cusa).
  • Es el valor en sí, la perfección o Ahura Mazda, cuyo polo opuesto es Satanás o Angra Mainyu (Zoroastro).
  • Es la garantía del bien (aunque para Epicúreo, Voltaire, ciertas escuelas hindúes, etc., la Divinidad se halla por encima del bien y del mal humanos).
  • Es el origen necesario (el Logos, destino o Providencia).
  • Es el revelador de la verdad (o sea de la Ley de la trascendencia del hombre).
  • Es lo indeterminable (la gracia, la profecía, el milagro, etc.)
  • Es el Alfa y el Omega del mundo.
  • Es el que juzga a los vivos y a los muertos (cf. El libro egipcio de la Salida a la luz del día).
  • Es el amor y la misericordia (Buda, Cristo, etc.).
  • Es el fin supremo (la liberación o salvación).
  • Es el Rey Terrenal (Yahvé, etc.).
  • Es el testigo de la mente.
  • Es la voz de la conciencia.
  • Es lo neutro o impersonal (Brama, Atman).
  • Es la sustancia o el ser “en sí” (el Ser de Parménides, la “sustancia” de Spinoza, etc.).
  • Es un Dios-Hombre, un Dios-Padre, una Trinidad de personas divinas (Cristianismo).

      La fe iniciática, nutrida por la razón y la intuición, nos enseña que “nada tiene su origen en la nada”, es decir, que tiene que haber una Causa Primera, un Creador de todo lo existente, y ese Creador es Dios, el Gran Arquitecto del Universo. Así también nos lo enseña la Gran Tradición Iniciática de la Humanidad.

      El reconocimiento de un Principio Creador es indispensable, como punto de partida, porque, sin esa base, ni la Masonería ni nada en el Universo tendría sentido. Es una explicación de todo lo visible.

      Ello no significa que la Masonería sea una religión, ni que exista un Dios masónico. El Dios del masón es el propio Dios de la religión o de la creencia por el mismo profesada. Pero sí significa que la Masonería tiene un sentimiento religioso, como todo hombre lo tiene por propia naturaleza, como forma de relacionarse con lo Trascendente, con lo Divino. Esta condición de admisión cierra las puertas de la Orden al ateo, puesto que sería una total incongruencia de que se trabaje a la Gloria del GADU, cuya existencia niega o se niega a aceptarlo como tal.

       Al respecto, Mackey dice, textualmente, lo siguiente: “La creencia en Dios como Gran Arquitecto del Universo es una de las más importantes marcas [landmarks] de la Orden”. Este Antiguo Límite se encuentra preservado por la norma de la Regularidad Masónica que establece que una Gran Logia para ser reconocida como tal por sus pares debe estar integrada por logias que establecen la creencia en la existencia del Gran Arquitecto del Universo como condición de admisión de sus miembros.

La creencia en la Inmortalidad del Alma y la vida futura (20*)  

       Este “landmark”, como lo afirmamos antes, está íntimamente ligado con la Leyenda del 3er. Grado que trata precisamente del renacimiento del alma del Maestro constructor del Templo de Jerusalén en cada uno de los maestros masones exaltados al grado.

       La Gran Tradición Iniciática de la Humanidad, primordial y perenne, que aparece desde la protohistoria, concibe al Hombre como una unidad ternaria compuesta de cuerpo, alma y espíritu. El cuerpo es perecedero y sus elementos constitutivos deben cumplir el ciclo de vida y muerte. El alma es inmortal y manifiesta una imperiosa necesidad de evolucionar hacia un estado de perfección que posibilite su reintegro al origen, al Padre, impulsada por el espíritu. La creencia en la inmortalidad del alma y la vida futura es una creencia subsidiaria a la creencia en Dios y base del concepto de trascendencia, propia de la identidad masónica.

       Al respecto, Mackey nos dice, textualmente, lo siguiente: “Subsidiaria de esta creencia en Dios, como marca de la Orden, es la creencia en la inmortalidad del alma y la vida futura. El ritual no señala tan explícitamente esta creencia como la de Dios; pero está implícita en todo el simbolismo masónico. Creer en la Masonería y no creer en la inmortalidad del alma es una absurda anomalía, que sólo cabe excusar si consideramos que quién confunde así su creencia y su escepticismo es tan ignorante del significado de ambas creencias, que no tiene bases racionales para conocerlas”.

       El Alma ha sido pensada como un puente entre el Hombre y Dios. La vida no comienza con un nacimiento ni termina con la muerte. Comienza y termina una manifestación de vida, pero no la vida en manifestación. La muerte misma es una manifestación de una etapa de la vida. Usamos la vida única, como de la energía, por un determinado lapso, pero ella no cesa cuando dejamos de utilizarla. La vida, como la energía, es indestructible.

       Lo único que se puede destruir es la forma de manifestación de la vida; pero lo que anima esa forma no puede ser destruido. Si todo terminara en la tumba, nada en la Masonería tendría sentido. Negar la inmortalidad del alma es negar nuestros símbolos. Debemos tener presente, siempre, el simbolismo de la acacia, conscientes de que en todo lo visible y temporal hay algo invisible que nos mueve y es la base de nuestra existencia.

      La Orden trata de llevarnos por grados a la convicción de que la muerte propiamente dicha no existe. Esta es la meta del Tercer Grado, expuesta en la leyenda del maestro constructor del Templo de Jerusalén. El grado de Maestro Masón tiene por finalidad la enseñanza de la inmortalidad del alma. Si no creemos en lo que sostiene la Masonería en su grado más sublime, y aquello en lo que se basa toda su existencia, mal podemos llamarnos masones.

Libro de la Ley Sagrada ha de constituir parte indispensable del ajuar de una logia (21*) 

       El Libro de la Ley Sagrada será aquél que según la religión del país (judía, cristiana, islámica, etc.) se cree que contiene la revelada voluntad del Gran Arquitecto del Universo.

La Biblia es considerada uno de los “Pilares de la Logia”.

La Biblia es considerada uno de los “Pilares de la Logia”.

       En nuestro caso, ese libro es la Biblia, símbolo de la tradición monoteísta de Occidente, elegida tanto por los antiguos Francmasones operativos como por los modernos especulativos como la Primera de las Tres Grandes Luces de la Francmasonería, incluso aún antes de las herramientas del Oficio como la Escuadra y el Compás.

       La Biblia es el sostén espiritual de la Orden y transmite esa espiritualidad a estas herramientas. En cuanto a la Biblia, dice el Manuscrito Dumfries, datado en Inglaterra, en el año 1710, en un catecismo que figura en su última parte:

   “¿Cuántos pilares hay en vuestra logia?

   -Tres

   -¿Cuáles son?

   -La Escuadra, el Compás y la Biblia”.

     Es decir que, antes de las Constituciones de Anderson, en los antiguos documentos que contenían los llamados Old Charges, la Biblia ya es considerada uno de los “Pilares de la Logia”.

     La denominación Libro de la Ley Sagrada representa aquel volumen que la Tradición marca para cada punto del Orbe como manifestación de la Ley Única, trascendental, del Gran Arquitecto del Universo.

     Es verdad que los ingleses la llaman así y no Biblia, pero esto es clarísimo cuando se marca en los tres grados del ritual inglés que el Libro de la Ley Sagrada debe abrirse en el Salmo 133 en Grado de Aprendiz, en Amós 7:7 en Grado de Compañero, y en Eclesiastés 12 en Grado de Maestro.

     Al respecto, la Gran Logia Unida de Inglaterra, considerada la Gran Logia Madre de la Masonería Regular, dice: “La Sagrada Biblia no es un libro de la Iglesia Católica. Es un libro de la religión cristiana que contiene toda la historia masónica anotada en sus páginas. La Biblia es el Libro de la Ley Sagrada que es obligatorio tener abierto en toda logia masónica en un país cristiano. Como es el libro de la historia masónica del cual han extraído todas las palabras secretas masónicas, debe ser obligatorio tenerlo presente y abierto en la logia”.

La Masonería consiste en una ciencia especulativa fundada en un arte operativo (24*)

       Este landmark se refiere al simbolismo constructivo como método masónico de enseñanza que tiene su génesis en el Templo de Jerusalén, mandado construir por el Rey Salomón, cuna de la Orden según Mackey.

       La construcción del Templo de Salomón se realizó entre el 969 a.C. y el 962 a. C., siguiendo un parecido y sustituyendo al Tabernáculo que por siglos, desde el Éxodo, se venía utilizando como lugar de reunión y de culto para Yahvé.

      Aunque la Masonería actual procede de las diferentes corrientes esotéricas de Occidente y de las adaptaciones de los antiguos rituales operativos que tuvieron lugar durante el siglo XVII, sin embargo su origen real se remonta mucho más lejos en el tiempo, más allá de los gremios y corporaciones de los constructores medievales. Dicho origen, según consta en los propios documentos masónicos, hay que buscarlos en la construcción de aquel Templo, mandado edificar por este rey sabio, autor de los Proverbios, la Sabiduría y el Cantar de los Cantares, cumpliendo así la voluntad de su padre, el rey David.

       Se dice que Salomón escribió el “Cantar de los Cantares” al mismo tiempo que edificaba el Templo. En la poética simbólica de esa obra, Salomón habla de las nupcias entre el alma y el espíritu (entre el “yo” y el “sí mismo”). El Templo de Jerusalén expresa arquitectónicamente esas mismas nupcias o matrimonio sagrado, entre la Tierra y el Cielo, pues su construcción se efectuó conforme al modelo cósmico.

       Según este modelo, el mundo terrestre aparece como el reflejo del mundo celeste, y en íntima comunión con él. Geométricamente esa unión se expresa mediante dos triángulos entrelazados, y el uno siendo reflejo del otro, figura que es conocida como “Sello de Salomón” o “Estrella de David”. Podemos decir entonces que el Templo de Salomón está en la esencia misma de la Masonería, que actualiza permanentemente su contenido espiritual a través de sus ritos y símbolos, empezando por la propia logia, que tiene en él su modelo o prototipo.

      Esta actualización también se lleva a cabo en sus mitos y leyendas ejemplares que recogen los episodios más significativos de su historia sagrada.

 

Fuente:

  • Corvalán, Alfredo (2008). Masonería y trascendencia. Montevideo: Ediciones de la Fe.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *