Simbolismo Masónico del Templo, Logia y Universo

A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.
Libertad Igualdad Fraternidad

Logo M sin Fondo

Simbolismo Masónico del Templo, Logia y Universo

B.·. R.·. L.·. S.·.

Gran Logia Equinoccial del Ecuador

“Luis Vargas Torres” No. 17

Rito Escocés Antiguo y Aceptado

 

Trazado corregido y editado por www.gadu.org

Introducción

       El símbolo es la figura emblemática o imagen representativa que da a conocer mediante su amplia posibilidad un mensaje mucho más extenso de lo que las palabras pueden explicar. El símbolo, además,  mecanismo común de los hombres para lograr una transmisión del conocimiento antes incluso de la palabra hablada o escrita, permite al hombre (o a veces no), asociarse de manera íntima con el conocimiento en él expresado y requiere de su interlocutor una especial sutileza emocional, imaginativa, comprensiva y racional de éste, para lograr la recepción e interpretación adecuada de toda la carga de conocimiento del cual viene provisto.

El simbolo.

El simbolo.

        El método francmasónico es claro en que la investigación del significado y la percepción del significante son fundamentales en la formación de un masón. La aplicación de su interpretación a la moral, a la instrucción filosófica y al pulimento constante del masón de su piedra bruta, está fundamentado en lo que se puede llamar la ciencia del simbolismo.

       De todos los objetos que constituyen la ciencia masónica del simbolismo, quizá el más importante y el que tiene mayor significación sea el templo masónico. Estas razones llevan a pensar que el análisis del simbolismo presente en el templo masónico, en la logia y en el universo masónico sea una muy compleja tarea para cortas páginas.

El Templo

         El Templo masónico, es sin lugar a duda, uno de los más importantes y complejos símbolos de la masonería, sin embargo, lo primero a entender, por lo menos a la vista de un aprendiz es… ¿Por qué un templo? ¿Por qué se requiere de un lugar sagrado y consagrado si la masonería no es una religión? ¿Por qué una imagen o reminiscencia del templo de Salomón, referencias estrictamente bíblicas? ¿Cuál es el simbolismo representado en éste? ¿Por qué un templo?

          El templo, conocido conceptualmente como aquel “edificio o lugar destinado pública o exclusivamente a un culto verdadero o falso” o también como un “lugar real o imaginario en que se rinde o se supone rendirse culto al saber, a la justicia, etc.” fue en el tiempo de la masonería operativa simplemente una sencilla construcción o espacio determinado, en la que se reunían los operarios en sus diferentes grados, para analizar, planificar, trazar y recibir instrucciones conforme las diferentes construcciones de las que se hallaban encargados. Estas sencillas, casi irrisorias construcciones, estaban sin embargo bajo una fuerte y estricta vigilancia que ponían a cubierto los “secretos” que se hablaban en estas reuniones y que eran vitales para el mantenimiento y supervivencia de las diferentes loggias, como se las conocía en la antigua Italia o grupos de constructores. Sus planos, trazados con rudimentarios utensilios sobre el suelo, eran borrados meticulosamente después de cada reunión, puesto que ningún otro grupo de constructores debía enterarse de sus planes para el siguiente trabajo.

         Sin embargo, durante la Edad Media y principios del Renacimiento, los gremios de albañiles no pasaban de ser agrupaciones artesanales que guardaban sigilosamente sus conocimientos, los mismos que les permitían sobrevivir. A finales de la Edad Media, la masonería operativa empieza a sufrir ciertos cambios y se vislumbran referencias de lo que podría ser una masonería no operativa, con miembros aceptados en estos grupos de albañiles, por ejemplo en el Regius Manuscript de 1390 o en el famoso Cooke Manuscript de 1450 y, como sucederá tres siglos más tarde, después de las Constituciones de Anderson, se observan muchos elementos que hacen referencia a aspectos no operativos, en especial referencias a las artes y de manera muy especial en mención al Templo de Salomón. Es así que se observa la “fundación de una ciencia especulativa sobre un arte operativo”.

        Esto permite a la masonería empezar a buscar en elementos simbólicos lo que en un momento se encontró en elementos físicos, empleando adecuadamente el significado mismo de símbolo que viene de un verbo griego que significa “para comparar una cosa con otra”. Se entiende entonces la necesidad de un templo, y qué mejor historia que la del Templo de Salomón, relacionando toda esta leyenda tradicional con amplísimas representaciones alegóricas en cuanto a su propia construcción como al proceso en sí, a un sistema de enseñanzas profundamente morales y filosóficas explicadas por este sistema simbólico.

        Ahora, como arqueólogos del conocimiento, develemos a nuestro templo de las Colgaduras, Pinturas, Mosaicos, Divisiones, Muebles, que lo engalanan como Símbolos y Alegorías colocados en el transcurrir del tiempo, en calidad de útiles herramientas en las enseñanzas masónicas.

Simbolismo del Templo

         La espiritualización del templo probablemente es el primer símbolo de la francmasonería, no la espiritualización dada como mecanismo de acercamiento a un dios, sea cual fuere, sino la relación encausada entre la exaltación en un templo y el progreso hacia la elevación espiritual que surge en esta conexión.

        El ajuste del Templo de Jerusalén a una ciencia simbólica debió ser cosa fácil para aquellos antiguos constructores. Es indudable que en su concepción original, el Templo de Salomón, con su manera muy singular en la organización para su construcción, y en todas las circunstancias legendarias o reales relacionadas con el mismo, sólo pudo ser perfeccionado y pulimentado con la adición de muchos y muchos intelectos. Se equipara casi perfectamente al objetivo que la masonería especulativa pretende: perfeccionar el templo interior de sus trabajadores, con fraternidad y con la suma y el apoyo de muchos intelectos.

         Para el masón, el Templo de Salomón es verdaderamente el símbolo de la vida humana que se construye, que se levanta magnífico en el momento en que paso a paso y con arduo trabajo se pule y se engalana. Pero no con falsos brillos ni con fulgores que enceguecen y no iluminan, sino con la búsqueda de la verdad, unas veces errando, otras arrepintiéndose y creciendo. Hoy lleno de vigor, fuerza y salud; y seguramente más tarde inanimado, consumido por el tiempo. Sabemos que el G.·.  A.·.  D.·.  U.·.  es el principio supremo, la verdadera clave de bóveda o piedra angular del Templo Masónico. Es precisamente bajo esa influencia, representada en diversos símbolos al interior del Templo, que los masones realizamos nuestros trabajos en Logia, y que junto al Rito torna a este espacio consagrado a la luz y al saber. También  se transforma en un espacio significativo, análogo a la misma estructura del cosmos.

         El templo es, en definitiva, un microcosmos que permite en su limitación de oriente a occidente, de sur a norte, del cenit al nadir, concentrar las energías de sabiduría, de vivencia, de luz, sin dejar que entren falsas luces. Tampoco permite que el bullicio y las distracciones profanas flanqueen las puertas para confundir a aquellos que se encuentran en acción de progreso. La elevación, gradual y jerarquizada, fruto del proceso recurrente de pulimento en el trabajo del taller y de la vida diaria, nos permite elevar la densidad del ser humano común a otros planos o niveles superiores de realidad. La luz que recibimos desde el amanecer nos procura la necesaria guía que en nuestro camino.

Detalle del techo de la Gran Logia de Colombia.

Detalle del techo de la Gran Logia de Colombia.

        Al franquear las columnas del entendimiento, la fortaleza nos ofrece sustento en las diferentes estaciones y momentos por los cuales nuestra vida nos conduce. Platón decía: “Es imposible combinar bien dos cosas sin una tercera, hace falta una relación entre ellas que las ensamble, la mejor ligazón para esta relación es el todo. La tierra y el cielo confrontados y opuestos se unen tenuemente en el horizonte, conformando el debir que orienta no sólo por su luz natural, sino por ser geográficamente el origen de gran parte de la sabiduría humana.

        El hikal que sostiene y se muestra como la eterna lucha de los contrarios, pero al mismo tiempo complementarios, nos lleva con su rostro blanco y negro desde el espacio que nos permite penetrar en la sabiduría, apartándonos de la penumbra y la oscuridad, hasta la columna que recibe nuestros más fervorosos votos y que sostiene en su apacible seno las tres grandes luces de la masonería que relucen y engalanan, cual joyas que se muestran a los ojos de aquellos que abandonaron el estado profano y que no se limitan a relucir simplemente, sino que modelan y permiten entender cuál debe ser el sendero del masón enmarcado en la rectitud del actuar y el progreso del espíritu en la construcción del templo personal y social.

       La verdad, inextinguible objetivo del ser humano y sobre todo del masón, se evidencia en la luz ofrecida por la representación de una ley que, aunque elaborada por hombres, se la conoce como sagrada, pues en ella las voluntades de los hombres han puesto su confianza. La posibilidad de las tinieblas en este centro de luz es inconcebible, tanto en el día como en la noche, en las horas de trabajo, estudio o descanso, la percepción de iluminación es constante y franca; fuerte y vigorosa en unos momentos o débil y apacible en otros, la luz siempre acompaña al masón en su marcha. Con su naturaleza de fluido, la luz desemboca como un delta que desciende a liberar al hombre de su ignorancia, al amparo del G.·.  A.·. D.·. U.·. y con su espacio sobre la cabeza de quien deposita su sabiduría en los corazones y las mentes de sus hermanos. He aquí la más fiel representación del trabajo, la obediencia y el esmero en la práctica de las virtudes, es además quien con su sabiduría y experiencia logra guiar a todos su hermanos en la lucha incesante contra el vicio, el error y el egoísmo que esclavizan y oscurecen.

       En fin, este espacio llamado templo está regido por la sabiduría de Minerva (que orienta con su inteligencia creadora), protegido por la fuerza de Hércules (que permite concebir en cada miembro del taller la voluntad de trabajo), y ornamentado por la belleza de Venus (que nos permite el trabajo en armonía y protege a todos y cada uno de los hermanos que trabajan en él). Ésta es la manera en que los masones trabajan en unión de los hermanos; cual si fueran una sola cadena enlazada en fraternos lazos que buscan la construcción simbólica de su propio templo.

Logia

         “¡Silencio en Logia, hermanos míos!” son las palabras con las que el Venerable Maestro abre los trabajos logiales, pero esta logia, se refiere al logos o conocimiento o al lugar, mundo o espacio que nos recuerda la palabra sánscrita loka.

         Una interpretación interesante también es la que acerca logia a lyke, que es luz y otra la que juega con un doble sentido, procurándole un acercamiento a locutio como discurso o diálogo. Es así que la apertura de la logia es un rito cosmogónico. O la invitación a establecer un diálogo entre aquellos que están juntos y con  intrusiones para trabajar en la elevación del espíritu, en la búsqueda de la verdad. “De aquí que se ve como (…) prevalece su sentido ideal que la relaciona con el logos, Verbo o Principio Espiritual animador, que se halla en el origen de la Institución. La logia es simplemente una expresión particular de ese Logos universal y general, que de esta manera representa y encarna en una forma determinada; no es la Masonería, pero la representa y se esfuerza en expresarla, según la sabe comprender y realizar en sí misma”.

         Es este logos universal, aplicable en todo sentido primordial, el que se constituye en el ideal de la institución masónica y es el que transfiere este ideal armónico y constructivo a los miembros de la Logia.  De esta manera se confluye en una dualidad: la Logia es uno y es todo, es espacio y universo, es cosmos y templo interior, procura el cumplimiento particular de una idea universal, confluyendo y ligando de la única manera posible: la existencia de un tercero que permita unir adecuadamente los dos anteriores: la masonería.

         El masón y la masonería existen en facultad de un mismo objetivo: el progreso individual del hombre y universal de la humanidad. Esta razón se muestra en cada símbolo, en cada rito, en cada momento de la vida masónica. La libertad y la igualad nos acercan definitivamente a universo masónico, donde mediante la práctica de la fraternidad es la manera que esta institución fragua sus piedras brutas en un lazo que luego se apreciará como el templo social, humano, libre, igualitario, fraterno, cimentado en la virtud y la moral.

Conclusión

       Cada una de las palabras mencionadas en este trazado, tratan de acercarse sutilmente a los significados y significantes del simbolismo representado en el templo, en la logia y en el universo masónico, pero es momento de reflexionar que mucho de lo dicho se ha perdido en nuestra propia discusión, en nuestro agitado diálogo interno.

      Es muy complejo procurar el silencio interior necesario para aprender desde él, es por esta razón que el simbolismo es único y vital para la supervivencia de la masonería. Sin el símbolo, la palabra, que es débil y volátil, se confunde con nuestro propio ruido interno. En cambio, si somos lo suficientemente receptivos, el símbolo nos deja enseñanzas imperecederas.

 

Referencias:

  • El Aprendiz y sus Misterios, de Jorge Adoum.
  • El libro del aprendiz, de Oswald Wirth.
  • El manuscrito Regius, F. Minarro (introducción).
  • El Secreto Masónico, de Richard Ambelain.
  • El Simbolismo Masónico, de Francisco Ariza
  • El Simbolismo Masónico, de Jean Palou.
  • Enciclopedia de la Francmasonería, de Albert Gallantin Mackey.
  • Estudios sobre francmasonería 1, René Guenón.
  • Estudios sobre francmasonería 2, René Guenón.
  • La Masonería, de Cristian Jacq.
  • Los 33 Temas del Aprendiz Masón, de Adolfo Terrones B y Alfonso León G.
  • Los Antiguos Linderos Masónicos, de Isaac Gamarra.
  • Manual del Aprendiz, de Aldo Lavagnini.
  • Nosotros los Masones, de César Vidal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *