La Biblia en la historia de la Francmasonería Universal

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La Biblia en la historia de la Francmasonería Universal

Alfredo Corvalán

Introducción

La Francmasonería, como expresión de la civilización judeocristiana, se encuentra íntimamente relacionada con la Biblia por su historia y su tradición, por el simbolismo constructivo que nutre el esoterismo masónico y por el Derecho Masónico Interpotencial. Prueba de ello son los Antiguos Manuscritos (Old Charges) y las Constituciones de Anderson de 1723 , el esoterismo masónico basado en el Templo que Salomón mandó a construir y por las Resoluciones de la Gran Logia Unida de Inglaterra de los 1929 y 1989; que establecen las reglas de la llamada Regularidad Masónica.

La palabra Biblia viene del griego “biblos”, que significa “libros”. Biblos era una antigua ciudad fenicia, situada en la orilla del mar Mediterráneo, cerca de Beirut, la actual capital de Líbano. Numerosas investigaciones arqueológicas, que comenzaron en 1921, indican que Biblos es una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo, con restos de civilizaciones que datan aproximadamente del 5000 a. C. Fue la ciudad principal de Fenicia y un importante puerto de mar durante el siglo II a. C., cuando exportaba cedro y otras maderas a Egipto. El nombre de biblos fue luego aplicado por los griegos al papiro que importaban desde esta ciudad; de ahí viene la palabra griega Biblia, aludiendo al papiro o al material utilizado para escribir. Gebal era el nombre bíblico de la ciudad de Biblos. En Ezequiel (27:9) se menciona las capturas marítimas de sus habitantes. La ciudad de Biblos está actualmente ocupada por la localidad libanesa de Yabayl.

Aunque la Biblia es un libro, está compuesto de 66 libros.

Aunque la Biblia es un libro, está compuesto de 66 libros.

Aunque la Biblia es un libro, está compuesto de 66 libros, pero habla de sí como un solo libro. A pesar de que le llamamos “la Biblia”, realmente debemos reconocer que este libro que conocemos como tal, no se llama a sí mismo “Biblia”, sino más bien “la Escritura”, o “Escrituras” (Dan.10:21; Jn.10:35; 2Pe.3:16; 2Ti. 3:15). La Biblia tiene dos grandes secciones; que son llamados “pactos” o “testamentos”: el Antiguo Testamento (AT) y el Nuevo Testamento (NT).

La Biblia tuvo su primera edición impresa en Ment, Alemania, en 1450, por Gutenberg. Desde entonces, algunos de sus datos de interés son:

  1. Es el libro publicado en más idiomas: más de 1200 idiomas y más de 1000 dialectos, y se sigue traduciendo.
  2. Fue escrito por unos 40 autores diferentes; hombres de todas las profesiones: reyes, pastores de oveja, profetas, pescadores, recaudadores de impuestos, médicos, labradores, gobernadores, etc.
  3. Fue escrito durante un período de tiempo de 1500 años, más o menos, desde 1500 a. C al 95 d. C., cuando un hombre llamado Juan escribió el Apocalipsis, que es el último libro de la Biblia.
  4. Fue escrito desde diferentes lugares: Daniel escribió desde Babilonia (Mesopotamia, Asia), mientras que Pablo escribió desde una cárcel en Roma, Italia (una diferencia de 2,500 km).
  5. Contiene diversidad literaria: historia, derecho, biografías, poesía, drama, salmos y proverbios, así como cartas, amonestaciones y exhortaciones.
  6. Fue escrito en tres idiomas: hebreo, arameo y griego.
  7. Unidad temática: a pesar de la distancia geográfica, del tiempo y de los diferentes hombres que escribieron, cada una de las partes de la Biblia encaja perfectamente con las demás. Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Apocalipsis: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron”.
Copia de la Biblia Gutenberg de la Biblioteca Pública de Nueva York.

Copia de la Biblia Gutenberg de la Biblioteca Pública de Nueva York.

La fe iniciática, que como masones nos permite recorrer el camino iniciático (camino de perfeccionamiento espiritual), se nutre de la inteligencia racional y de la inteligencia intuitiva; en otras palabras de la razón y de la fe. Con estas capacidades, dadas por el Gran Arquitecto del Universo (el GADU) al hombre, debemos aproximarnos a una posición más justa de la relación Biblia (fe) y razón (ciencia), que como librepensadores los masones podemos asumir.

[box class=”pull”]La ciencia teológica hace uso del instrumental científico para poder arribar, con cierto nivel de racionalidad, a las verdades de fe reveladas por el misterio divino.[/box]

La Biblia contiene y afirma verdades de fe y no verdades científicas. La fe bíblica, por su naturaleza religiosa, no se apoya, ni requiere hacerlo, con verdades demostrables empíricamente para tener validez. La ciencia teológica, y con ella los estudios bíblicos, hacen uso del instrumental científico, no para hacer sus formulaciones de fe (dogmas) desde premisas científicas, sino para poder arribar, con cierto nivel de racionalidad, a las verdades de fe reveladas por el misterio divino y contenidas en el texto bíblico (Escrituras). Con la fuerza o con la luz que podemos llamar nuestra inteligencia del ser o también nuestra razón, damos cuenta de la realidad, en virtud de la cual podemos percibir y entender el misterio, que en su revelación (manifestación) nos sale al encuentro. El ser humano busca entenderse en su fe y también entenderla a la luz de la inteligencia del ser o de la razón. Esto es un privilegio dado a los seres humanos, que los seres irracionales no poseen.

La metodología científica de las ciencias positivas se basa en dos componentes principales interconectados: la verificación experimental y la ley universal; pero ¿cómo se aplica este método en la teología? Las disciplinas científicas parten de observaciones empíricas, induciendo de ellas determinadas leyes universales o principios evidentes para arribar a conclusiones de enunciados, orgánicamente elaborados y validados a través de una hipótesis que debe ser verificada o comprobada.

En el método científico, un principio es tanto más evidente cuanto mayor sea la verificación a que pueda ser sometido para comprobarlo. En teología, el criterio de verificación no puede estar relacionado con la experiencia empírica, como en el caso de las ciencias positivas. ¿Por qué? Simplemente porque Dios no es verificable empíricamente. Para saber si Dios existe o es real, no necesito someter la realidad Dios a una medición científica para llegar a conclusiones falsas o verdaderas y descartarlo como hipótesis. El misterio divino no funciona así: Él es inmensurable. Antecedentes sobre esto son los debates teológicos del medioevo, cuyos argumentos giran en torno a la idea filosófica de Dios y la demostración de su existencia. El celo religioso del pueblo islámico y el del pueblo judío se sustentan (según la idea religiosa occidental) en el temor reverencial y en el asombro, no en el fanatismo. En las tradiciones islámica y judía, alimentadas de una misma fe abrahámica, Dios es una realidad muy concreta, no es una idea abstracta, discurrida y deducida de un contructo racional, y por lo tanto objeto de una afirmación o negación.

Los Antiguos Manuscritos (Old Charges) y las Constituciones de Anderson

El 17 de enero de 1723, en la capital del Reino de la Gran Bretaña, la Gran Logia de Londres aprobó un Reglamento interno, conocido como las Constituciones de Anderson, a partir del cual guió sus trabajos, ordenó las relaciones entre los masones y propuso una historia mítica de la Masonería basada en la Biblia, que se remontaba literalmente hasta Adán y Eva en el Paraíso Terrenal.

Constituciones de Anderson (1723)

Constituciones de Anderson (1723)

Las Constituciones de Anderson contaban con 92 páginas, que fueron publicadas por la imprenta de William Hunter, por encargo de John Senex y John Hooke. Además, estaban divididas en cuatro partes:

Primera parte: Contiene una serie de preceptos o deberes de un francmasón, y cuenta una historia del arte de la Masonería desde la Creación, basada en el relato bíblico y en la cronología del Obispo irlandés James Ussher, quien llegó a la conclusión en 1650, en su libro Anales del Mundo, que de acuerdo con el inicio del año judío, la creación del mundo ocurrió a las tres de la tarde del lunes 23 de octubre del año 4000 antes de Cristo. En 1701 se insertó esta cronología en la versión autorizada de la Biblia inglesa.

No queriendo contrariar sus deberes de pastores anglicanos y presbiterianos ni la versión bíblica oficial inglesa, los ministros religiosos que redactaron las Constituciones de Anderson fueron fieles a ella y elaboraron en consecuencia una historia del arte de la construcción acorde.
 De aquí nace la costumbre de fechar los textos masónicos añadiendo 4000 al número de años del calendario gregoriano; incluso hoy, muchos textos de la Orden se están fechando con base en la cronología de Ussher. Por ejemplo, el año 2009 de la era común correspondería al 6009 Masónico, o Año de la Verdadera Luz como suele denominarse.

En esta primera parte, Anderson redactó una historia del arte de la construcción que empieza con la identificación de Adán como el primer masón que existió, el segundo fue Caín y su genealogía continuó pasando por Noé y Abraham, Asiria, los israelitas invadiendo Canaán, las Pirámides de Egipto, Moisés, Salomón y su Templo, Hiram, Grecia, Pitágoras, los romanos, los bárbaros y por último su natal Britania.

Se trata de una historia mítica de la Orden que debe interpretarse como alegorías, símbolos y leyendas que velan para el profano y revelan para el iniciado principios consustanciales a la Orden y contemporáneos al origen mismo de la civilización. Así por ejemplo el término “masón” debe interpretarse como sinónimo de constructor, pero no de constructor de edificios materiales sino del “templo interno”, donde mora la Divinidad.

Segunda parte: contiene los llamados Antiguos Manuscritos o Leyes Fundamentales. El nombre original completo de este acápite es Las Antiguas Leyes Fundamentales o Reglas para los Francmasones; que fueron sacadas de los Antiguos Documentos de las Logias de Ultramar, de Inglaterra, de Escocia y de Irlanda, para uso de las Logias de Londres. Estas leyes deben leerse siempre en la ceremonia de recepción de un nuevo Hermano, y siempre que el Maestro lo crea oportuno.

Tercera parte: Reúne las 39 Antiguas Ordenanzas Generales, compiladas por George Payne.

Cuarta parte: Contiene las aprobaciones respectivas y cuatro cantos masónicos.

Esta codificación se tiene universalmente como el punto de partida formal del Derecho Masónico moderno.

[box class=”pull”]Las Constituciones de Anderson son consideradas como el hito que marca el nuevo ciclo histórico de la Orden. Es decir, el paso de la Masonería operativa a la especulativa.[/box]

Las Constituciones de Anderson son consideradas como el hito que marca el nuevo ciclo histórico de la Orden. Es decir, el paso de la Masonería operativa a la especulativa. En la primera, todos los integrantes de las logias pertenecían a gremios de constructores; en la segunda, durante un proceso paulatino, fueron sustituidos por personas ajenas a los mismos y a quienes se les llamó “aceptados”. Ellos introdujeron sus creencias religiosas (protestantes, anglicanas) y sus opiniones filosóficas (deísmo y otras), ajenas a las de los miembros de la masonería estrictamente operativa, de religión católica, y centrados en su quehacer profesional.

La historia de Noé (o Noah) de la inundación y de las dos columnas (una de mármol, a fin de que resistiera el fuego; y la otra de ladrillo, a fin de que resistiera al agua) sobre las que se grabaron todo el saber de la Humanidad, aparece en la mayoría de las antiguas constituciones manuscritas. Incluso el período “Noaquita”, aludiendo a Noé, es una denominación muy utilizada en la literatura masónica del siglo XVIII para referirse a los masones.

La historia de Noé aparece en la mayoría de las antiguas constituciones manuscritas.

La historia de Noé aparece en la mayoría de las antiguas constituciones manuscritas.

Incluir a Noé en las Constituciones de Anderson no es algo que nos deba sorprender, pues Anderson utilizó para su texto el hilo histórico tradicional predominante a comienzos del siglo XVIII. Noé es mencionado explícitamente en ambas, tanto en la primera versión de 1723 como en el documento de 1738. En la edición de 1723 sostiene que el masón debe observar la ley moral “como un verdadero descendiente de Noé”. Se supone que ése fue “el primer nombre de los masones, según algunas tradiciones antiguas”, y que todos los hombres coinciden en “los tres grandes artículos de Noé”. Por otra parte, en la versión revisada de 1738, se llega a afirmar que “un masón está obligado por su condición a observar la ley moral, como verdadero Noachita”.

Por su parte, Lawrence Dermoff, Gran Maestre de la Gran Logia de los Ancient York Masons (1752), tomaba a los términos masón y noaquitas directamente como sinónimos. Se trata de recordar los remotos orígenes de la Masonería de los constructores, señalando su indeleble carácter noaquita, carácter afirmado explícitamente en los más antiguos Manuscritos Masónicos (Old Charges), carácter éste definido como fundamental para el desarrollo de la nueva y la última edad que se iniciaba a partir de la alianza establecida entre Dios y los hombres, luego del Diluvio universal.

Así, por ejemplo, en el arcaico texto llamado York Constitution (926 d. C.), que fue redactado y promulgado por el rey Athelstane de Inglaterra, en un acápite titulado “Las leyes u obligaciones presentadas ante sus Hermanos Masones por el príncipe Edwin” se lee el siguiente artículo: “La primera obligación es honrar sinceramente a Dios y obedecer las leyes de los noaquitas, pues ellas son leyes divinas que deben ser obedecidas por todo el mundo. Por tanto, ustedes deben evitar todas las herejías y no pecar contra Dios”.

Por otra parte, en el manuscrito masónico titulado Regius Poem (circa 1390), Noé y el Diluvio Universal aparecen estableciendo un límite en el tiempo de la humanidad.

Las siete leyes de Noé

Anderson manifiesta en sus Constituciones que todos los hombres coinciden en “los tres grandes artículos de Noé”. Se refería a las tres primeras leyes de Noé, de las siete conocidas: 1) No matar. 2) No robar. 3) No adorar falsos dioses.

La Alianza Noaquita, establecida entre Dios y la humanidad a través del patriarca, es inobjetablemente preabrahámica; por lo tanto anterior al Judaísmo, al Cristianismo y al Islam. De este modo, la Masonería, o más propiamente la masonería de los constructores, dado que el propio Noé era un constructor en madera, es claramente más antigua y tiene prelación sobre las formas abrahámicas. No obstante, debe decirse que también el Judaísmo conserva claramente conciencia de este código aplicable a “a todo el mundo”, como dice la York Constitution antes mencionada. Según el judaísmo rabínico, estas siete leyes se aplican a toda la humanidad como descendiente de Noé, luego del Diluvio Universal.

Por otra parte, la observancia de las leyes noaquitas no exime del cumplimiento de todos los restantes mandamientos propios de las otras religiones particulares. Tradicionalmente, las leyes de Noé son siete, según consta en el Tosefta (Sahedrin 9:4) y en el Talmud (Sanhedrín 56 a/b); pero con el correr de los siglos, por afinidad y correspondencia, se han ampliado sensiblemente sus especificaciones. Los símbolos de la Alianza Noaquita se han conservado ritualmente en la Masonería tradicional, y son el Arca y el Ancla, la Paloma con la Rama de Olivos y el Arco Iris.

Para que no queden dudas, las leyes básicas de Noé son las siguientes:

  1. No matar.
  2. No robar (incluye el secuestro).
  3. No adorar falsos dioses (prohibición de la idolatría y del politeísmo en general).
  4. No cometer desviaciones sexuales.
  5. No comer partes de un animal con vida.
  6. No blasfemar.
  7. Establecer cortes de una justicia recta y honesta, para aplicar estas leyes.

Conclusión

Al respecto, el erudito masón Andrew-Michael Ramsay (1686- 1743), autor del conocido discurso sobre el origen de la Orden, decía: “La Francmasonería es, realmente, la resurrección de la religión noaquita, aquella del patriarca Noé, la religión anterior a todo dogma que nos permite superar las diferencias y las oposiciones de los distintos credos”.

En los distintos textos oficiales de la Masonería se insiste en que todo masón tradicional debe ser fiel a sus orígenes y que sus acciones deben ser espiritualmente constructivas y edificantes, pero para eso debe conocer a fondo los cimientos auténticos del Arte Real. Además de los siete mandamientos de Noé, el conocimiento del simbolismo y de sus leyes es otro de los pilares fundamentales de la casi olvidada Ciencia Central de la Masonería.

[box type=”shadow”]Por textos masónicos adicionales puedes consultar nuestra lista completa de trazados o granarquitectodeluniverso.com.[/box]

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