Herederos de la mejor Celeste; y además exquisitos

Ovación – Publicado 14/10/2015

Con la columna del haber llena y la del debe casi en blanco, Uruguay inició -sin Suárez ni Cavani- el camino hacia Rusia 2018 con gran impulso. Está primero y con dos victorias, como hacía 49 años no acontecía.

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Más allá de los resultados, que son los que animan al hincha, los triunfos ante Bolivia y Colombia dejaron la confirmación de que esta selección recorre el camino que le mostraron sus antecesores y reafirma los conceptos que hicieron grande a Uruguay.

Si ayer lo ponían en la tribuna del Centenario y le decían, sin identificar a los jugadores, que estaba viendo a Uruguay de 2011 o 2012, estoy seguro que lo reconocería como el juego de aquellos inolvidables momentos de la selección y, por citar un partido como referencia, con el 4-0 ante Chile de 2011. Por el contenido y por la forma. Por la concentración, por el funcionamiento táctico perfecto. Por las fortalezas anímicas, porque se plantó con un equipo corto, rápido, efectivo, que se hizo de la pelota. Que manejó los tiempos. Que tuvo individuales que tallaron a gran nivel. Por el contenido y por la forma, insisto, porque Uruguay jugó con una exquisitez como pocas veces se le vio. Con goles extraordinarios. Fue soñado. Perfecto. Que se repita.

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