Esto recién empieza

La Nación – Publicado 02/06/2015

 

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Si la elección de Joseph Blatter por quinta vez como presidente de la FIFA era sólo el anticipo de que lo peor estaba por venir, su inesperada renuncia al cargo confirma que esto recién empieza: algo muy potente, información decisiva, tiene que haber llegado hasta el suizo como para que tomara la decisión más dolorosa de su vida.

“Amo a la FIFA más que a ninguna otra cosa”, dijo Blatter. Exagera: el amor que siente por sí mismo es un tanto mayor. Dejando la FIFA antes de tiempo, Blatter protege a Sepp. Era más peligroso quedarse que irse.

La Fiscalía suiza se apresuró a aclarar hoy que el aún presidente no forma parte de su investigación. No es lo que importa, porque la gran amenaza para la FIFA viene de Estados Unidos. Más allá de que recibe informaciones por otras vías, Blatter sabe que leyendo The New York Times se irá enterando de nuevos detalles.

“Sé que vendrán más malas noticias”, dijo el viernes tras ser reelegido. Fueron, evidentemente, peores que malas, y pronto se conocerán.

Andrew Jennings, el periodista que más obsesivamente denunció la corrupción de la FIFA, lanzó horas atrás una especulación propia de la gran trama cinematográfica que es ya el “affaire FIFA”: Blatter, dice Jennings, podría ser otro “topo” al servicio de la investigación que se dirige en Washington.

Sólo una especulación en medio de la notable aceleración de los hechos.

Michel Platini definió hoy como “difícil, valiente y correcta” la decisión de Blatter de renunciar, pero la pregunta es qué sucedió para que en 90 horas el suizo se transformara de candidato imbatible en insólito presidente renunciante.

¿Qué sucedió? La noticia de la comisión de 10 millones de dólares pagada a Jack Warner desde una cuenta controlada por Jerome Valcke acercó el lunes el escándalo decisivamente a Blatter, que mientras anunciaba su renuncia volvía a engañarse. Dijo que, liberado de los condicionamientos de la presidencia, tendrá “manos libres” para las profundas reformas que la FIFA necesita.

Dispuso de 17 años para hacerlo como presidente y de otros tantos antes como secretario general de Joao Havelange. No lo hizo, en gran parte porque no quiso, en mucha menor cuantía porque no pudo.

Aunque se extienda unos meses -que sea presidente interino hasta diciembre es una quimera en la actual situación- la “era Blatter” terminó. Y algo nuevo, indefinido, empieza ya.

 

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