El riesgo de una economía sin control

infobae – Publicado 29/10/2015
El populismo macroeconómico de los últimos doce años termina como no podía ser de otra manera, como siempre lo ha hecho, aquí en la Argentina y en otros países de la región, con una economía devastada e hiperregulada.

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La magnitud de los desequilibrios macroeconómicos se incrementó a niveles no imaginados apenas algunos meses atrás. Y, por las señales que dio el Gobierno post elecciones, promete incrementarse aún más de aquí hasta la entrega de mando el 10 de diciembre.

El Gobierno viene repitiendo sus viejas fórmulas, cada vez con menor efectividad:

1. Frente a la falta de actividad, más gasto público y más expansión monetaria;

2. Frente al aumento de la demanda de dólares y de la brecha cambiaria, más controles y más intervención de mercados;

3. Frente a la pérdida de reservas a niveles mínimos en casi una década, más cepo y más cosmética en el balance del BCRA;

4. Frente a la inflación, menos depreciación y más atraso cambiario.

Llega así al final de su gestión con un rosario de tristes récords y síntomas de una macroeconomía que necesita de cirugía mayor:

· El gasto público en términos del PBI más alto de la historia argentina (varios puntos superior incluso al de los países desarrollados);

· El segundo déficit fiscal más alto de la historia (sólo superado por los niveles alcanzados antes del “Rodrigazo” de mediados de los 70);

· El BCRA casi sin reservas y con su patrimonio neto (bien medido) en territorio negativo;

· Una de las cinco inflaciones más altas del mundo;

· Sobrevaluación del peso casi récord (sólo superada por la de 1980);

· Caída de las exportaciones industriales récord y un saldo de la balanza comercial que ingresó en terreno negativo.

· Y aun cuando esta lista no es exhaustiva, resulta muy difícil no hablar de crisis cuando se la repasa; y debería ser suficiente, por cierto, para concluir que la administración de Cristina Kirchner le deja el terreno minado a quien la suceda.

Medidas más restrictivas y sorpresas

Ante este panorama desolador, después de la derrota del domingo pasado, el Gobiernoincrementó el cepo importador (reduciendo cupos para la compra de dólares con ese destino); continuó interviniendo masivamente a precios de regalo en los mercados de futuros de tipo de cambio (principalmente ROFEX); e intervino en el mercado de activos en dólares forzando ventas de títulos dolarizados en cartera de algunas aseguradoras.

Hay rumores de medidas extraordinarias tendientes a incentivar la venta de granos en poder de los productores y se hacen especulaciones de qué otras sorpresas podrían darse en los 41 días que quedan de gobierno de CFK.

Las urgencias para el próximo Gobierno

Sin entrar en ese terreno especulativo, hay cuestiones muy delicadas y urgentes que el próximo Gobierno deberá intentar resolver desde su primer día de gestión.

Una de esas cuestiones es el cepo importador. Según nuestras estimaciones, las importaciones impagas hoy ascenderían a unos USD 7.500 millones (hay algunas otras estimaciones que las ubican por encima incluso de USD 10.000 millones) y es probable que se incrementen en las próximas semanas.

Quienes no han podido acceder a los dólares baratos del Banco Central, tienen como contrapartida de una deuda en dólares (con sus proveedores del exterior o sus matrices) activos en pesos.

Están “esperando” a que se resuelvan las cosas y puedan volver a comprar dólares libremente. Porque si eso no sucediera, la actividad industrial seguirá maniatada. Pero lo más probable es que no podrán comprar esos dólares que deben al tipo de cambio de hoy o del momento en el cual realizaron la importación, lo cual les significará una pérdida, en muchos casos, importante.

El próximo régimen cambiario y monetario deberá prever qué hacer con esta demanda reprimida de dólares. Porque podría ser muy riesgoso que el día uno de funcionamiento del nuevo régimen sin cepo, los importadores intentaran hacerse de esos dólares, catapultando su cotización a niveles irreconciliables con la estabilidad nominal.

Otro tema urgente será qué hacer con los contratos de futuro vendidos por el BCRA. El monto total de contratos de futuros en los que el BCRA participa como contraparte vendedora ascendería a unos USD 12.000 millones (considerando sólo lo operado en el ROFEX). En particular, desde el lunes, la posición vendida del BCRA en dicho mercado habría crecido en no menos de USD 2.000 M.

Más allá de la efectividad de esta operatoria para contener la demanda de dólares, y reducir su cotización en los mercados no oficiales, esta estrategia tiene importantes consecuencias sobre la política económica del nuevo gobierno.

La razón es sencilla: si al momento de vencimiento de los contratos, el precio del dólar en el mercado oficial es más alto que el que establece el contrato, el BCRA deberá pagar en pesos la diferencia entre ambos precios. Puesto de otra manera, si el peso se depreciase durante las primeras semanas de gestión del nuevo gobierno, el BCRA debería emitir una muy importante cantidad de pesos para “pagar” esos contratos.

Según estimaciones del mercado, tomando en cuenta la cantidad y precio de los contratos existentes, dicha emisión podría estar entre unos $40.000 millones (si el tipo de cambio alcanzara los 14 pesos por dólar) y unos $85.000 millones, un 15% de la base monetaria si la paridad oficial y única salta a $18 por dólar.

En la práctica, la mayoría de los bancos centrales del mundo se ponen en la punta vendedora del mercado de futuros para dar una señal en contra de una eventual devaluación (depreciación) de su moneda.

Después de todo, a nadie le gusta autoinfligirse una pérdida. Sin embargo, el juicio sobre la actuación de la autoridad monetaria luce muy distinto cuando se utiliza el mercado de futuros con el objetivo de mantener relativamente calmas las cotizaciones en el mercado presente (mercado spot) a sabiendas de que no hay ni habrá poder de fuego para evitar una corrección cambiaria.

Ambos desafíos serán más fáciles de resolver con consecuencias menos disruptivas sobre la estabilidad nominal y financiera si se inscriben en el marco de un programa de estabilización y reforma económica integral. Un programa que reduzca los desequilibrios macro fundamentales, que desinfle las expectativas de inflación y que recree condiciones favorables para la inversión productiva y el crecimiento sustentable.

Lamentablemente, la tarea de seguir comprometiendo la gestión del próximo gobierno no se detuvo y es de esperar que continúe e incluso se intensifique.

 

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