El mayor huracán de la historia golpea a un México en vilo total

La Nación – Publicado 24/10/2015

 

El ciclón Patricia embistió los estados centrales del Pacífico tras alcanzar vientos récord de 325 kilómetros por hora, los más fuertes jamás registrados del mundo; decenas de miles de evacuados.

MEXICO.- Lluvias torrenciales, violentísimas rachas de viento, olas de ocho metros, deslaves de tierra… todos los ingredientes de la catástrofe se insinuaron anoche sobre la costa del Pacífico mexicano, sometida, desde la tarde, al gigantesco huracán Patricia, el más fuerte jamás registrado en el mundo, que alcanzó vientos de 325 kilómetros cuando aún estaba en el mar.

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“Estamos ante un fenómeno de la naturaleza, una fuerza nunca antes vista. Si hubiese una categoría seis, éste sería seis”, dijo con alarma el presidente Enrique Peña Nieto sobre el huracán de categoría cinco en la escala de Saffir-Simpson. Según la Comisión Nacional del Agua de México, Patricia es “el huracán más poderoso que haya existido en el planeta”. Atrás quedaban los 315 kilómetros por hora del tifón que devastó las Filipinas a fines de 2013.

La desmesura de la lluvia, que comenzó a martillar con furia apocalíptica la costa del estado de Jalisco sobre el fin de la tarde de ayer, puso en fuga desde temprano a miles de residentes y turistas, que ya estaban sobre aviso de la inminencia del ciclón y buscaron amparo en refugios dispuestos por la defensa civil.

Los vientos habían bajado a 270 kilómetros por hora al momento en el que el ojo del huracán -de unos 10 kms de diámetro- tocó tierra, en Jalisco.

Se estima que en 24 horas las precipitaciones habrán acumulado “totales de 150 milímetros a 300 milímetros y máximos puntuales de 500 milímetros sobre los estados de Nayarit, Jalisco, Colima y Michoacán”, según el Servicio Meteorológico Nacional (SMN). Un caudal equivalente al de todo un año en esa zona. En total, con distintos alcances y perjuicios, buena parte del centro y oeste de México vive pendiente de los caprichos del cielo.

Protección Civil de México puso en alerta roja a todo Colima y en roja o naranja a zonas de Jalisco, Nayarit, Zacatecas, Durango y Sinaloa, lo que dio lugar a evacuaciones de miles de personas. Solo de Puerto Vallarta debieron salir 28.000 turistas, entre mexicanos y extranjeros. También fue la señal para la compra masiva de productos básicos, a fin de capear, literalmente, la tormenta que asomaba desde el Pacífico.

Una impresionante vista de Patricia
          Una impresionante vista de Patricia.Foto:Reuters

 

Puerto Vallarta pasó de ser un concurrido balneario a poco más que un pueblo fantasma librado a la furia desatada de Patricia. Lo mismo sucedió con la vecina localidad de Nuevo Vallarta, otro centro de veraneo, y en Manzanillo, uno de los principales puertos del país.

Habitualmente los huracanes golpean más al Noroeste, en la península de Baja California o los estados sureños de Quintana Roo, frontera con Belice o de Chiapas, en los límites con Guatemala. Esta vez, sin embargo, Patricia se desvió a mitad de camino hacia la costa impulsada por el frente frío de Estados Unidos y dio un golpe devastador en una región ya golpeada antes por catástrofes naturales.

Las escuelas, el comercio y el transporte cesaron desde temprano sus actividades, y los últimos en abandonar la costa abordaron sus autos particulares o el transporte público a más tardar hacia el mediodía, cuando los ómnibus dejaron de circular en espera del ciclón.

Previo al escape generalizado, gran cantidad de personas se apresuró a hacerse de bidones de agua, comida enlatada, frazadas y medicamentos, y formaron largas filas frente a las cajas en los centros comerciales como la popular cadena Walmart.

En casas, restaurantes y hoteles de las zonas turísticas, cuadrillas de trabajadores tapiaron puertas y ventanas con láminas de madera y llevaron los muebles exteriores a lugares seguros. Otros negocios protegieron los vidrios de manera algo más básica, con cinta adhesiva cruzada en forma de equis, para al menos atenuar el cañoneo de la lluvia.

Pero no todos los comerciantes fueron lo bastante rápidos o precavidos en dejar sus cosas a salvo. “La verdad que la gente está reaccionando hasta ahorita, se ve que las tiendas están cerradas. He tenido que regalar varias cintas a personas que no se previnieron”, dijo Ramiro Arias, dueño de un negocio de marcos en Puerto Vallarta, cuando ya las nubes se adueñaban de la ciudad.

“El objetivo primordial es cuidar la vida y la integridad de la población”, señaló el presidente Peña Nieto sobre los operativos que se pusieron en marcha en vista de la catástrofe.

El gobierno desplegó 11.000 efectivos de la armada, el ejército y la policía federal en la zona, además de los cuerpos de seguridad de los gobiernos estatales y municipales. El ejército estableció un centro de operaciones en la costa de Jalisco con 2500 hombres y envió un batallón con maquinaria y dos cocinas comunitarias para los evacuados.

El desalojo también afectó a los poblados cercanos al Volcán de Fuego de Colima, con intensa actividad en las últimas semanas, ante el temor de que la ceniza acumulada en las laderas se combinara con la lluvia y desatara una avalancha.

Otra medida preventiva fue la decisión de cortar la energía eléctrica en toda la costa central del Pacífico.

 

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