Argentina y una campaña búmeran

El Observador – Publicado 8/11/2015

 

El intento del entorno K de desprestigiar al líder de Cambiemos puede lograr un efecto opuesto al buscado, advierten expertos.

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Es una campaña sucia y negativa”, decía un indignado Daniel Scioli cuando arreciaban las críticas por su viaje a Italia en medio de las inundaciones en la provincia de Buenos Aires.

Ocurrió hace apenas tres meses, pero en esta Argentina de dinámica política acelerada parece que hubiesen transcurrido tres años. Sobre todo, el propio Scioli parece ser el primer olvidadizo.

En aquella oportunidad, su queja era que en Twitter aparecían fotos de inundaciones de otros países que se hacían pasar como si fueran de la provincia, videos viejos de vecinos quejándose por la inundación de La Plata en 2012 y fotos manipuladas de él y Karina Rabolini en unas vacaciones de hace cuatro años en Italia.

Tan enojado estaba el candidato oficialista que no dudó en acusar a Mauricio Macri y sus colaboradores, contra quienes presentó una denuncia formal en la Dirección General Electoral.

“Los tenemos claramente identificados”, afirmaba Scioli, en referencia a un supuesto ejército de 50 mil tuiteros que creaban identidades falsas, interactuaban entre sí y contaban con fotos de ciudadanos de otras nacionalidades. Todo centralizado por “un sistema informático altamente complejo” que se dedicaba a echar a rodar las acusaciones.

Con un antecedente tan cercano, no deja de ser sorprendente que el candidato del Frente para la Victoria haya cambiado ahora su actitud.

No solo no manifiesta tener “claramente identificados” a los activistas anónimos que en las redes sociales agitan el miedo sobre despidos, becas y planes suspendidos, jubilaciones perdidas y calamidades varias. Sino que, además, tampoco manifiesta censura explícita sobre los funcionarios que desde sus posiciones de alto perfil replican las acusaciones. O sobre las publicidades en las emisiones de Fútbol para todos en la TV estatal.

Con los pies en el barro

Lo cierto es que, en comparación con lo que está ocurriendo en estos días previos al balotaje del 22 de noviembre, aquella “campaña sucia” por las inundaciones parece un juego de niños compuesto apenas por chicanas en internet.

Después de todo, aun cuando pudiera haber fotos manipuladas o datos exagerados, lo que dañaba a Scioli no era la campaña en sí, sino la realidad incontrastable de los 10 mil evacuados y los 40 municipios bajo agua.

De hecho, los analistas creen que la campaña, lejos de perjudicar a Scioli, hasta lo estaba transformando en víctima.

“En realidad, hubo un momento en el que el PRO decidió suspender las críticas porque vieron que estaba logrando en la gente más empatía con Scioli que enfatizar el sufrimiento por la situación real que estaba ocurriendo”, afirmó Mariano Tato, un consultor que trabajó en el comité oficialista durante la etapa previa a las primarias.

Según este experto, Macri encontró ahora un mejor antídoto para esta “campaña sucia” que la que en su momento buscó Scioli.

“Hoy las acusaciones no le hacen mella a la oposición, porque eligió el camino de responder con la ridiculización. En vez de tratar de frenar la campaña, la aceleró y la llevó al terreno de lo ridículo. Y ese factor emocional le llega más al electorado”, apuntó.

Macri parece haberse tomado con humor el tema, o al menos esa es la actitud estudiada frente a los micrófonos. Algo que quedó en claro cuando en una entrevista dijo: “Mi hija Antonia me preguntó si era verdad que los huevos Kinder no iban a tener más sorpresas”.

En todo caso, su defensa no estuvo basada en contestar acusaciones puntuales sino en desestimar la estrategia K como una demostración de que “están desesperados por no perder el poder”. Y, sobre todo, apuntó a cuestionar la ética de su contrincante.

“Yo pensé que Scioli tenía otros valores, que era una buena persona, que no podía liderar una campaña de este tipo, pero lamentablemente se ha demostrado 100% kirchnerizado; y avala y se hace el distraído con algo que está sucediendo”, dijo el candidato de Cambiemos.

Por lo bajo, hay quienes concuerdan con este punto de vista en el mismísimo comité sciolista. Dudan respecto de que un candidato que estaba asociado a la idea de lo positivo, la fe en el futuro y la promesa de la conciliación, aparezca ahora ligado a una campaña “por la negativa”.

Pero no solo eso, sino que además consideran que la presencia cotidiana de figuras vinculadas al kirchnerismo duro es algo que perjudica a un candidato necesitado de marcar distancia de la presidenta y de “ser más Scioli que nunca”.

Por caso, José Pampuro, exministro de Néstor Kirchner y ahora director del Banco Provincia, se manifestó indignado por la insinuación que hizo el actual ministro de Salud, Daniel Gollán, sobre la eventual suspensión de tratamientos oncológicos en caso de que Macri ganara la elección.

“Estoy indignado con esto, porque para ellos no basta con que pierdan la provincia de Buenos Aires, quieren hacerlo perder a Scioli y arrastrar a gobernadores victoriosos”, se quejó el veterano dirigente.

Y no dudó en calificar esta estrategia de miedo como contraria al ideario peronista: “Están descontrolados estos muchachos, no entienden lo que significa el peronismo. Creo que si se despierta el general nos mata a todos”.

¿Efecto neutro?

Pero más allá de las polémicas, a esta altura el gran interrogante es si este tipo de campaña es realmente efectiva o si toda la pelea mediática y tanto fervor militante en las redes sociales no sirve más que para cazar en el zoológico de quienes ya están convencidos.

En cambio, los analistas son escépticos respecto de que con este tipo de mensajes se pueda llegar al votante moderado, que es al que Scioli está tratando de seducir en este momento.

“Lo que logran es victimizar a Macri y hacer que la gente genere un lazo afectivo con él”, afirma, off the record, un consultor muy escuchado en el peronismo por haber predicho con precisión los resultados de la primera vuelta.

“Este tipo de mensajes de miedo no le va a llegar al electorado de Massa, por ejemplo. Tal vez podía haber sido efectivo antes de las primarias, pero no ahora. El momento del miedo ya pasó, ahora el votante siente que toma una decisión de riesgo cero, porque lo que vendrá no será peor que lo que estaba”, agrega.

En la misma línea, la analista de opinión pública Graciela Römer argumenta: “La sociedad demostró que está más propensa a respuestas proactivas antes que reactivas”.

Y, en tanto, el encuestador Enrique Zuleta Puceiro es lacónico sobre su visión de este tipo de campañas: “Son inútiles, nunca prosperaron”.

Hablando en números, los primeros indicios apuntan a que, ya con la campaña anti Macri instalada, sigue habiendo una brecha de unos ocho puntos a favor del candidato de Cambiemos.

En el comité sciolista creen que la diferencia puede ser revertida en los días que faltan para la votación, aunque el debate interno reside en si hay que acentuar o suavizar el tono actual.

Y es que, aunque los expertos en comunicación afirmen que meter miedo sobre el rival no funciona, siempre resulta tentador recurrir a esas herramientas. Como sedimento final de tantas acusaciones, se presume, “algo quedará”.

 

EN LÍNEA

Belén Amadeo, experta en comunicación política

“”Es difícil que esto funcione”

¿Es esta una campaña sucia?

No es formalmente una campaña negativa en el sentido de que un partido esté emitiendo publicidad oficial con algún tipo de menosprecio al contrincante. Lo que hay es una muy fuerte movida en la que muchas instituciones del Estado están manifestándose a favor del candidato oficialista. Incluso en las instituciones públicas, en los lugares de trabajo se pasan videos en los que se les habla a los empleados para que voten a Scioli.

¿Quién la impulsa?

Se intuye una fuerte impronta de grupos asociados al kirchnerismo. Todos lo dicen, a mí no me consta. El mismo Macri decía que no esperaba esto de Scioli. Y Scioli no dice que se acaba el mundo si gana Macri, dice que hay que defender los derechos adquiridos.

¿En qué contextos se suele hacer campañas sucias?

Se espera que el candidato propio esté con una alta imagen positiva y poca imagen negativa. El candidato contrario, al que se supone que hay que complicar, debe de tener por lo menos una alta imagen negativa. Las fuerzas que acompañan a Scioli no tienen en cuenta que la comenzaron en el momento en que la imagen positiva de su oponente estaba en su mejor momento, contrariamente a lo que les pasaba a ellos. Estadísticamente, es difícil que esto les funcione.

¿A qué achacaría el tono de la campaña?

Es la primera vez que tenemos un balotaje a nivel nacional y tenemos una cultura política muy confrontativa. En Uruguay lo resolvieron de una forma mucho mejor, nosotros somos más jóvenes en esto y un poco caprichosos.

 

 

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