Los símbolos son hechos del alma

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Los símbolos son hechos del alma

Alfredo Corvalán

La Masonería es una institución iniciática y esotérica que revela sus enseñanzas a través de determinados códigos basados fundamentalmente en el simbolismo constructivo. Esto se debe a que la masonería actual es, en gran parte, heredera de los antiguos gremios de constructores, y aunque hoy en día los masones ya no construyamos edificios, ese simbolismo sigue vigente, entre otras razones porque es consustancial a la orden masónica y porque constituye sus señas de identidad y su razón de ser.

Símbolos masónicos del siglo XIX.

Símbolos masónicos ingleses del siglo XIX.

Albert G. Mackey se refiere al simbolismo como: “Otra marca de la Orden es el establecimiento de una ciencia especulativa sobre un arte operativo, y el uso simbólico y la explicación de los términos de este arte con propósitos de enseñanzas morales. El templo de Salomón fue la cuna de la orden; por tanto, la referencia a la masonería operativa que construyó el magnífico edificio, a los materiales y las herramientas empleados en su construcción y a los artistas que intervinieron en la obra; son partes esencialmente componentes del cuerpo de la francmasonería, y no es posible substraer ninguna de ellas sin destruir la identidad de la orden. De aquí que todos los ritos modernos masónicos, por mucho que difieran en otros aspectos, mantienen religiosamente la historia de dicho templo y sus elementos operantes como sustrato de todas las modificaciones introducidas en el sistema masónico” (Arte Real, Enciclopedia Lumen, Vol. V, 1972).

Recordemos, por otra parte, que las grandes logias regulares (potencias masónicas) han aceptado, tácita o expresamente, los landmarks contenidos en el listado de Mackey, en particular el del simbolismo masónico. En este punto, las posiciones, en lo esencial, son unánimes.

Podemos definir a un símbolo como cierta forma externa y tangible de una realidad subjetiva indescriptible. Vale decir que todos los símbolos tienen un aspecto externo fácil de ver, y otro interno oculto, que debe ser descubierto. Es un medio para revelar el significado que yace detrás de la forma externa de las cosas.

[box class=”pull”]La masonería se basa en el aspecto subjetivo y eterno que revelan los símbolos, no en cierta forma externa de los mismos. Por eso decimos que se basa en el simbolismo constructivo y no en determinados símbolos.[/box]

La masonería se basa en el aspecto subjetivo y eterno que revelan los símbolos, no en cierta forma externa de los mismos. Por eso decimos que se basa en el simbolismo constructivo y no en determinados símbolos.

Pero debemos advertir que los símbolos no constituyen una finalidad en ellos mismos. No, el símbolo es sólo un vehículo de expresión y conocimiento, y ver en él un fin sería caer en las tentaciones de superstición y de la idolatría, que no logran traspasar las apariencias y se quedan apegadas a ellas, confundiendo al símbolo con la energía en él simbolizada.

El símbolo toca los sentidos, haciendo posible que lo abstracto y lo metafísico se concreten de alguna forma. Al mismo tiempo posibilita que el ser humano, partiendo de esa base sensible, establezca una comunicación con otras esferas más sutiles y con ideas y energías que si no fuese por su mediación muy difícilmente podría experimentar.

El símbolo es un instrumento a través del cual las ideas más elevadas descienden al mundo concreto, y a la vez es un vehículo que conduce al hombre, desde su realidad material hacia su ser verdadero y espiritual.

Es obvio que nos estamos refiriendo al modo de expresión simbólico sagrado, y no al profano. Mientras los símbolos sagrados son exactos y su contenido se encuentra expresado de una manera precisa en las distintas formas que adquieren; los profanos, en cambio, son insignificantes, inventados por los hombres para sus fines particulares y personales.

Algunos signos profanos –como los utilizados por las normas que regulan el tránsito, por ejemplo– indican meras convenciones más o menos arbitrarias. Los sagrados existen en la propia naturaleza del hombre y del universo, y son incluso anteriores a ellos.

Los símbolos profanos, en general, actúan en el psiquismo inferior, y muchas veces pretenden expresar ideas que verdaderamente no contienen. Los sagrados tocan aspectos profundos y sutiles del ser y son más bien promotores de conciencia.

La masonería emplea el simbolismo sagrado y el ceremonial para dramatizar e ilustrar, en forma animada, el proceso evolutivo en la vida humana, con el fin de ayudar a su mejor comprensión. Los símbolos no sólo nos muestran un esquema de cómo se desenvuelve la obra y el plan del Gran Arquitecto de Universo, sino que, lo que es más significativo, despliegan el hecho de que esa obra se realiza a través de nosotros y que el futuro de la misma depende de la comprensión de esa verdad.

[box class=”pull”]Los misterios que guarda nuestra Orden pueden ser comunicados únicamente por medio de símbolos, porque, para nuestro propio bien, estos tienen la virtud de revelar, a quien los mira, sólo aquellos secretos sobre los misterios de la vida que está en condiciones de recibir y tiene capacidad para utilizar.[/box]

Los misterios que guarda nuestra Orden pueden ser comunicados únicamente por medio de símbolos, porque, para nuestro propio bien, estos tienen la virtud de revelar, a quien los mira, sólo aquellos secretos sobre los misterios de la vida que está en condiciones de recibir y tiene capacidad para utilizar.

En el simbolismo masónico se emplean las herramientas de la construcción, no solamente porque están relacionadas con la construcción de sí mismo y del templo, sino porque toda herramienta es significativa desde el punto de vista simbólico.

De estos símbolos se desprenden profundas verdades espirituales y significados subyacentes. Debemos tratar de descubrir qué nos dicen. Al descubrirlo, nos descubriremos a nosotros mismos. Pero si no vemos la luz en el simbolismo masónico es porque no estamos todavía en condiciones de recibirla.

Para experimentar la acción del símbolo sagrado, en toda su fuerza, es preciso asumir una adecuada actitud receptiva que nos permita abrir la mente a su influjo. Es imprescindible despojarse de los prejuicios y los preconceptos que se interponen como un muro entre la energía simbolizada y nuestra conciencia; es necesario también destruir los viejos esquemas aprendidos del mundo profano que impiden el conocimiento directo. Una vez que se ha producido una verdadera vacuidad en la mente, un espacio vacío que permite que las energías sutiles penetren en nuestro interior, es posible que experimentemos la acción despertadora del símbolo y que construyamos esquemas mentales capaces de conocer lo arquetípico con lo que finalmente nos identificaremos.

Para que esto ocurra es necesario una acción y una recepción: que tratemos de penetrar en el interior del símbolo, buscando su esencia invisible, y que a la vez permitamos que su energía penetre nuestra propia interioridad y desde allí actúe.

Mucho se comenta hoy en día sobre que el hombre únicamente utiliza un pequeño porcentaje de sus potencialidades cerebrales y sensibles; y ni qué decir de las espirituales, que casi son totalmente desconocidas, pues se confunde lo espiritual con lo sentimental y lo psicológico, y hasta con lo moral.

Siempre se ha dicho que es posible despertar esas potencialidades dormidas y conocer otras posibilidades de nosotros mismos y variadas dimensiones del ser universal; esta es, precisamente, la tarea que realiza el símbolo sagrado cuando se imprime en nuestro interior: promueve imágenes y visiones, actúa de modo efectivo y posibilita el conocimiento de otros estados de la conciencia y del ser.

Otro aspecto más del simbolismo sagrado, y que no puede dejar de considerarse en nuestra Orden porque hace a su esencia, es su carácter iniciático. La iniciación ocurre justamente cuando logramos salir de lo amorfo del mundo profano e ingresamos en el interior del templo, es decir, en nuestra propia interioridad. Allí comienza un proceso de transmutación interior. Deberemos pasar todas las pruebas y trabajos correspondientes a cada grado del simbolismo masónico, para avanzar en el camino de la liberación que nos conectará con el mundo verdadero. No con el de las apariencias.

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