Libertad y determinismo

A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.

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Libertad y determinismo

H.·.M.·. Gerardo Bianchi

 

Libertad y determinismo, según Vaz Ferreira

       Desde la Antigüedad, múltiples filósofos se han hecho las siguientes preguntas: ¿Es el hombre realmente libre, independiente de su entorno, o es una simple marioneta que se mueve bajo el influjo de factores externos? ¿Los hechos o fenómenos están predeterminados o suceden  por azar?

       En su libro Los problemas de la libertad y el determinismo,  Carlos Vaz Ferreira nos recalca cómo ambos conceptos son vistos como antagónicos, presentándolos como soluciones opuestas de un mismo problema, pues si se considera al hombre libre no se puede ser determinista y viceversa.

Vuelo de la Libertad, águila calva.

Vuelo de la Libertad, águila calva.

      Vaz Ferreira establece que ambos problemas son independientes, porque “los problemas de la libertad  o no libertad se refieren a seres, y los problemas de determinismo o indeterminismo se refieren a hechos o fenómenos”.

     Los problemas de la libertad nos plantean si el hombre es  independiente o no de su entorno, de todo lo que es exterior a él. Debiendo  considerarse tres puntos fundamentales:

  1. Si el hombre es libre.
  2. Si la voluntad del hombre es libre.
  3. Si es libre la personalidad del hombre.

     Con respecto al primer punto, siguiendo los conceptos de Vaz Ferreira, consideramos que el hombre es libre, es un ser activo no dependiente totalmente de lo que no es él, o sea, del mundo exterior. Consideramos que el hombre es intrínsecamente libre, que tiene la capacidad en sí mismo de imponerse a las influencias del mundo exterior y decidir qué camino seguir.

La libertad según Sartre y el uso de la libertad para el masón

       Sartre, en ese sentido, plantea que el hombre es  libre “pues siempre puede dejar de ser” y que pierde esa libertad cuando muere, pues a partir de ese momento no puede cambiar. No dudamos de la importancia de las influencias externas, culturales, sociales, económicas, educativas y otras; pero el hombre tiene la capacidad, si así lo desea, de sobreponerse a ellas. Ahora, considerar que el hombre es libre, implica  también asumir que es responsable de  su  conducta, de sus actos, que no hay excusas que justifiquen una mala acción.

[box class=”pull”]Considerar que el hombre es libre, implica  también asumir que es responsable de  su  conducta, de sus actos, que no hay excusas que justifiquen una mala acción.[/box]

        Muchas veces hemos escuchado decir luego de un mal accionar “actué así porque no tenía otra posibilidad, las circunstancias me obligaron”, planteando que no eran libres de optar para justificarse y eximirse de culpa. Siempre podemos decir que no, siempre podemos actuar regidos por nuestra conciencia moral y por lo que consideramos debe ser nuestro accionar, buscando la armonía en nuestro pensar decir y actuar. Lo que sucede es que este planteo implica responsabilidad, tener que decidir diariamente nuestra conducta asumiendo aciertos y también errores,  siendo este camino la  única forma de perfeccionarse.

        Esta toma de conciencia de nuestra libertad y responsabilidad por nuestro accionar, del cual no podremos culpar a nadie sino a nosotros mismos, nos genera, según Sartre, angustia; y temor a la libertad, según Erich Fromm.

        Sartre planteaba  que “el hombre estaba condenado ser libre por el hecho de ser una conciencia, pero que también podía engañarse a sí mismo adoptando algún determinismo y decidir cargar su responsabilidad a algo ajeno a él, como su formación, su educación, su entorno, Dios,  pero al hacerlo también estaba optando libremente”.

        Como masones asumimos que nos vamos construyendo a nosotros mismos en uso de esa libertad, combatiendo nuestros vicios y nuestros defectos (que son verdaderas larvas espirituales), labrando nuestra piedra en bruto, tratando de ser cada día más virtuosos, aprendiendo de los errores cometidos  en el pasado y siendo conscientes que nuestro presente y futuro dependen de nosotros mismos.

Los criterios de “hombre”, según José Ingenieros

        Negar que el hombre es libre y que depende totalmente del entorno nos permite justificarnos, nos evita tomar decisiones y comprometernos, de ese modo nos transformamos en el hombre mediocre de José Ingenieros. Ese hombre que sigue siempre a los demás, a su entorno, que no tiene opinión propia, que logra la aceptación de la mayoría  por su sumisión, que transcurre en la vida sin honrarla y que muchas veces es considerado por algunos como un hombre bueno.

        A él, Ingenieros opone al hombre virtuoso, que es capaz de hacer uso de su libertad, de defender sus principios; a quien no le importa las consecuencias de su accionar si considera que éste es el correcto y lo lleva  por el camino de la virtud. Así debemos actuar los masones  transformarnos en verdaderos faros de luz guiados por nuestros principios, capaces de sobreponernos a cualquier presión del entorno, buscar el bien por el bien en sí mismo sin estar motivados por la búsqueda de alguna  recompensa  celestial o terrenal, más allá de la satisfacción íntima del deber cumplido.

      Si así procedemos seremos libres del entorno, nuestro accionar no estará  guiado por ningún interés espurio, como el  temor  a un castigo o la búsqueda de un beneficio o reconocimiento. Consideramos que cada uno de nosotros somos producto de nuestras decisiones y acciones, en el error y en el acierto, tomadas en el ejercicio de nuestra libertad interior, y que siempre debemos mantener la capacidad de aprender de ellas y modificarlas si lo creemos conveniente.

El Hombre con mayúsculas es un ser libre

       Por lo anterior consideramos al Hombre con mayúsculas un ser libre, capaz de no ser dependiente totalmente de su entorno e imponerse a él, como escribió Vaz Ferreira “no depender totalmente de lo que no es él, verdadera definición de libertad”.

       Sartre con respecto a la influencia del entorno refiere “que es la conciencia individual la que le da sentido, para algunos puede ser una oportunidad y para otros algo que los destruye, porque el significado de los factores externos lo elijo yo mismo, y aunque no podamos cambiar nuestro entorno por alguna razón o poderes ajenos a él, puedo elegir cambiar la forma de verlos, su significad0’’.

        En cuanto a los otros dos puntos, se refieren a libertades dentro del hombre, uno se refiere a un punto abstracto como es la voluntad humana y otro concreto pero difícil de definir como es la personalidad.

        Dice Vaz Ferreira que “en estos dos casos se trataría de la libertad no del hombre entero o de su espíritu entero, sino de una parte del hombre o de su espíritu, con relación, no ya ahora sólo al mundo exterior al hombre, sino con relación al mundo exterior al hombre más una parte del hombre o de su espíritu”. Como vemos, ya estos dos puntos son más confusos que el anterior, que es el más importante: la libertad del hombre.

        El problema de la libertad de la voluntad es abstracto, se refiere al libre albedrio o libre arbitrio. Varios filósofos oponen la voluntad a los motivos guiados por  la razón y a los móviles guiados por los sentimientos, y llevan la discusión a definir si la voluntad está determinada o no por la razón y los sentimientos o si es independiente a ellos, volviendo entonces a confundirse los problemas de la libertad con los del determinismo.

        Debemos considerar la voluntad como algo abstracto, como una fuerza interior que nos lleva a la acción independiente de la razón y los sentimientos. Creo que esta concepción de ver a la voluntad como una fuerza independiente de la razón y sentimientos está muy bien representada en la parábola de José Enrique Rodo La pampa de granito; donde el tiempo implacable, representado por el anciano, envía a los niños, uno tras otro, a roer la piedra con los dientes hasta desgastarlos, manteniéndose indiferente al llanto de ellos. Así logra al final, por la fuerza de la voluntad  empleada, el objetivo deseado. La voluntad es el mazo, es la fuerza que permite llevar a cabo la obra planteada por la inteligencia; el cincel es actuar sinérgicamente con él.

        Con respecto al libre albedrío, Vaz Ferreira en su libro Moral para intelectuales plantea que existen dos tipos de personas: las libre pensadoras,  que en ejercicio  de su libre albedrío eligen ser libres de todo dogma; y las” mentes tutelares”, que optan  por adherirse a un dogma  que los guía en su accionar, que les evita el esfuerzo de pensar, que los parasita y esclaviza. Creo que aquellas personas que adhieren a un dogma y conculcan su libertad interior, lo hacen aunque parezca paradojal, ejerciendo libremente su voluntad, ya que la voluntad del hombre es libre  y es el que en definitiva tiene la capacidad de decisión. Sé que este concepto puede ser para muchos muy controversial y generador de múltiples opiniones.

[box class=”pull”]Debemos considerar la voluntad como algo abstracto, como una fuerza interior que nos lleva a la acción independiente de la razón y los sentimientos.[/box]

        Se puede ser libre físicamente y a su vez esclavo de un dogma, y viceversa: ser esclavo físicamente pero libre interiormente, pues ese dominio es nuestro y solo nosotros podemos optar  qué queremos ser, si librepensadores o dogmáticos. En cambio la libertad exterior, de expresión,  de reunión, de circulación, etc. no depende totalmente de nosotros y puede ser cercenada por otros, gobiernos autoritarios, etc., por periodos más o menos largos.

Determinismo versus Indeterminismo, según varios criterios

       Respecto de la libertad de la personalidad, Vaz Ferreira refiere que considera a un sujeto concreto pero difícil de limitar, pero que siempre la solución sería  de no dependencia,  o sea, de libertad. Sin embargo, Freud en su estudio sobre la personalidad establece que el niño es el padre del hombre, que las influencias externas que recibe en los cuatro o cinco primeros años de vida determinan la personalidad de un individuo.

[box class=”pull”]La voluntad es el mazo, es la fuerza que permite llevar a cabo la obra planteada por la inteligencia; el cincel es actuar sinérgicamente con él.[/box]

       Por otro lado, estudios realizados en criminales en Estados Unidos marcaron que muchos tenían determinadas alteraciones cromosómicas que predisponían a conductas violentas, y que éstas no eran explicadas por el entorno. Si los factores externos fuesen no solo influyentes, sino  determinantes de la personalidad, no existiría la posibilidad de que hermanos provenientes de un mismo medio socioeconómico y educacional, sometidos a las mismas influencias familiares, tuvieran personalidades  y procederes diferentes;  como sí ocurre.

       Aunque en la constitución de la personalidad influyen factores externos, siempre tenemos la posibilidad de cambiar, de corregir defectos, educacionales por ejemplo. Lo que sucede es que muchas veces usamos esos factores externos que influyeron en nosotros, algunos penosos para justificar conductas inadecuadas, realizadas voluntaria y conscientemente.

       Además, podemos llegar a considerar la libertad del espíritu con respecto al cuerpo, si el espíritu depende totalmente o no del cuerpo. En este caso debemos considerar al cuerpo como mundo exterior  con respecto al espíritu. Al espíritu lo podemos considerar en forma abstracta, planteando el problema de la libertad de la voluntad respecto a las ideas y los sentimientos y otro concreto que sería la libertad de la personalidad.

[box class=”pull”]Aunque en la constitución de la personalidad influyen factores externos, siempre tenemos la posibilidad de cambiar, de corregir defectos.[/box]

      Creo en la interacción entre el espíritu y el cuerpo, y que el espíritu mantiene su libertad con respecto al cuerpo a pesar de las múltiples influencias de éste. Pensemos en Beethoven, quien estando totalmente sordo en la última etapa de su vida, esta limitación física no le impidió componer la 9 sinfonía, la Missa Solemnis y las tres últimas cantatas durante dicho periodo, llegando a dirigir en  1824 el estreno de la 9 sinfonía y los coros. Pensemos en Stephen Hawking, físico cosmólogo y científico inglés, portador de una enfermedad neurológica invalidante (ELA), que no le impidió realizar su teoría sobre las singularidades espaciotemporales en el marco de la relatividad general y los agujeros negros. Marcando que dichos agujeros negros emiten radiaciones conocidas como “radiaciones de Hawking” y la necesidad de unificar la Teoría de la Relatividad, de Einstein, con la Teoría Cuántica.

      Muchos hombres frente a determinadas limitaciones físicas, que no dudo influyen en el espíritu, se dan  por vencidos  y culpan de su inacción  a sus limitaciones físicas; sin embargo, para otros estas limitaciones son un estímulo para desarrollar sus potencialidades latentes.

      Influye nuestra postura frente a ciertas limitaciones físicas. En esta postura destaco, el desarrollo de las virtudes cardinales, humanas, como ser la fortaleza, la prudencia, la justicia y la templanza.  Si las cultivamos, y esto es responsabilidad de cada uno  de nosotros, nos pueden permitir superar nuestras limitaciones físicas y desarrollar nuestras potencialidades latentes.

Autorretrato del escultor, Reinard de Fonoll, con el mazo y el cincel sujetos uno en cada mano; en el Claustro del Monasterio de Santes Creus.

Autorretrato del escultor, Reinard de Fonoll, con el mazo y el cincel sujetos uno en cada mano; en el Claustro del Monasterio de Santes Creus.

      Con respecto a los problemas del determinismo y siguiendo los conceptos de Vaz Ferreira, podemos decir que “son sobre fenómenos o hechos o estados, su relación con sus antecedentes, con fenómenos anteriores o conjunto de fenómenos anteriores o en general con estados anteriores”.

       El problema del determinismo sería si dada determinadas circunstancias el resultado  estaría predeterminado en un solo sentido o podrían existir varias posibilidades. La primera sería la posición determinista y la segunda indeterminista. Según  el filósofo William James,  sería preguntarse si la noción de posibilidad es real.

       Este problema del determinismo preocupó al hombre desde la antigüedad, como lo vemos en el sexto principio hermético de la causalidad de Hermes Trimegisto, quien establece: “toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa, todo sucede de acuerdo a la ley, la suerte o el azar no es más que el nombre que se da a la ley no reconocida”.

       Para los indeterministas, los hechos o acontecimientos no dependen de un proceso causal lineal por necesidad, sino debido a un proceso no lineal por azar, que no implica que no se reconozcan causas, pero éstas  estarían coordinadas, respondiendo al azar.

      Esta indeterminación lleva a establecer que las acciones y las decisiones humanas no están determinadas, sino condicionadas por las causas. Fueron defensores de las teorías deterministas: Bacon, Newton, Galileo, Descartes, Laplace, Spinoza.

       Dentro de las posturas indeterministas podemos destacar a: Werner Heisemberg, Premio Nobel, con su principio de indeterminación, que establecía que el movimiento de un electrón alrededor de su núcleo es casual y marca la indeterminabilidad del resto del mundo subatómico.

       El físico Murray Gell-Mann, descubridor de los quartz, estableció que “si no somos capaces de hacer predicciones sobre el comportamiento de un núcleo atómico, imagínense cuánto más difícil es interpretar el comportamiento fundamental, impredecible en todo el universo, el cual depende de un número inimaginablemente grande de acontecimientos”.

       Jacques Monod, Premio Nobel en 1965, marcó “el rol del azar en las mutaciones genéticas responsables de la modificación del ADN que contiene las estructuras hereditarias de un organismo marcando que sería el azar el motor de la evolución”.

        Los indeterministas establecen que frente a determinadas circunstancias, hechos o sucesos, varias son las posibilidades, donde intervendría el azar. Critican que si todo estuviera prefijado, caeríamos en una teoría mecanicista, donde el accionar humano no tendría relevancia alguna.

       Ésta es una de las críticas que reciben los defensores del materialismo histórico de Marx y Engels, para quienes los condicionantes socioeconómicos son determinantes exclusivos  de la conducta humana y de los cambios históricos, los cuales se realizarían en un único sentido.

        Los filósofos que mantienen posturas deterministas establecen que los indeterministas muchas veces plantean mal el problema, por eso convalidan varias posibilidades frente a ciertas situaciones que sólo se podían resolver en determinado sentido.

       Por ejemplo: a nivel personal, podemos plantearnos,  si no hubiera hecho lo que hice, si hubiera actuado de otra forma, etc. O a nivel histórico: si tal personaje hubiera actuado de otra forma, otra sería  la historia.

        Para los deterministas el error estaría en no analizar, en lo personal, la situación en la cual tomamos esas decisiones, estado emocional, entorno, etc. Pues si así lo hiciéramos, volveríamos  a tomar la misma decisión. Lo  mismo con respecto a los hechos históricos, frente al planteo de que si Leónidas no hubiera defendido el Paso de las Termópilas frente a Jerjes, quizás hoy no estaríamos hablando sobre este tema, pues sin lugar a duda la Civilización Occidental habría sido diferente. Los deterministas responden, que debido a la psicología espartana guerrera (de no sometimiento y de sacrificio), ningún otro resultado era posible. El concepto determinista se aplica muy bien a las ciencias, donde determinadas causas llevan a determinados efectos previsibles y constantes.

[box class=”pull”]El hombre es un ser libre y capaz con su accionar de sobreponerse y modificar el entorno que lo rodea.[/box]

       Si bien la tendencia mayoritaria es determinista, al menos en la evolución de la civilización humana, el hombre en ejercicio de su libertad puede modificar su evolución en más de un sentido.

       En conclusión, los problemas de la libertad y el determinismo son dos problemas totalmente diferentes y controversiales. Comparto la postura de Vaz Ferreira de que el hombre es un ser libre y capaz con su accionar de sobreponerse y modificar el entorno que lo rodea. Esta libertad conlleva compromiso y responsabilidades que, como masón, debo  estar dispuesto a asumirlas.

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