Las Joyas de las tres Luces del Taller

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Las Joyas de las tres Luces del Taller

Alfredo Corvalán

 

      Las tres luces del taller son: El Venerable Maestro de la logia, el  1er. Vigilante de la logia y el 2do. Vigilante de la Logia. Esos tres dignatarios configuran las “Tres Pequeñas Luces” de la Logia, complementando las Tres Grandes Luces que se encuentran en el Ara y que se encuentran asociados a las Tres Joyas Móviles que los identifican (La Escuadra al Venerable Maestro, el Nivel Masónico al Primer Vigilante y el Perpendículo al Segundo Vigilante).

Taller Masónico.

Taller Masónico.

     Sabemos que la masonería especulativa adoptó como símbolos las herramientas de trabajo de la masonería operativa. En los mismos podemos distinguir —sólo a efectos pedagógicos— dualidades que son conformadas por pares de opuestos que no son tales, sino complementarios, simbolizando, ellos también, una misma realidad con distintas gradaciones que se dan en todos los planos del universo manifestado. Es decir, distintos órdenes de una única realidad.

La plomada y el nivel

      Mientras la plomada es el emblema (joya) del 2do. Vigilante, el nivel está asociado al 1er. Vigilante (Vicepresidente de la logia). La utilización de ambos instrumentos en albañilería es perfectamente opuesta entre sí: la plomada sirve para trazar planos perpendiculares; el nivel busca afirmar la horizontalidad.

      Ambos elementos se empezaron a utilizar en la construcción de las pirámides egipcias. En su versión antigua, el nivel consistía en un bastidor de madera parecido a una “A”, un ángulo de lados iguales y desde cuyo vértice, que apunta hacia arriba, pendía una plomada. Una marca situada en el travesaño horizontal señalaba la verticalidad y debía coincidir con la plomada. Hoy, en albañilería este instrumento es completamente diferente y ha sido sustituido por el llamado nivel de burbuja, pero permanece como símbolo de las hermandades de constructores y de la masonería especulativa.

      Algunos han querido ver en el diseño de este instrumento una esquematización del azufre, elemento químico equivalente al alma humana. En cierta forma el nivel se utiliza para fundamentar bien la construcción ulterior sobre un punto firme y completamente horizontal. De la perfección de este instrumento originario dependerá la solidez de todo el conjunto. En este sentido, es efectivamente similar al alma, parte originaria del ser humano cuyo desarrollo y afirmación se pretende. Puede pensarse hasta qué punto resulta absurdo que algunas logias masónicas hayan sustituido este instrumento por el nivel de burbuja, carente de cualquier simbolismo.

     En los primeros grados de la masonería se considera muy importante estos dos instrumentos, que llegan incluso a simbolizar los dos primeros grados de iniciación. Así, el paso de la plomada al nivel comporta el paso del grado de aprendiz al de compañero, el primero y el segundo de la jerarquía masónica. El primero es un grado que comporta reflexión interior, aprendizaje y sumisión al segundo vigilante de la logia. El masón se convierte así en un sujeto pasivo que recibe enseñanza y empieza a ser desbastado de su ignorancia. El segundo, por el contrario, es un grado activo y expansivo: los conocimientos adquiridos en el primer nivel de iniciación le permiten caminar por sí mismo en su interioridad. Pero nada de todo ello sería posible si las bases de ese trabajo no estuvieran sólidamente asentadas sobre un terreno bien equilibrado y horizontal; nada de todo ello, en definitiva, sería posible sin saber utilizar el nivel.

      En el plano moral, aquel donde tan frecuentemente permanecen los masones actuales, el nivel es tomado en su acepción ético-social como el referente de la igualdad, la vida en común y la ausencia de autoritarismo; en otras palabras, como el instrumento paradigmático del segundo término de la trilogía ideológica de la masonería: “igualdad”. Se trata de una igualdad en la dignidad como ser humano, que en nada es incompatible con el sistema jerarquizado que preside la organización interna de las logias. Por el contrario, esta jerarquía es una de las acepciones simbólicas de la plomada.

La utilización de ambos instrumentos en albañilería es perfectamente opuesta entre sí: la plomada sirve para trazar planos perpendiculares; el nivel busca afirmar la horizontalidad.

      En tanto desciende verticalmente, supone distintos escalones de aptitud y preparación: la plomada es superior a lo que mide; la tierra y su ley de gravedad, atrayendo al plomo que pende del límite del hilo dramatiza así la condición humana atraída por el elemento tierra. Indica también una dirección descendente y de caída que debe ser invertida mediante el uso del nivel con el cual, como hemos dicho, se prepara la superficie sobre la que se asentaba el edificio construido ulteriormente.

      La plomada tiene también un sentido superior. Al descender del aire a la tierra, lo que hace es poner en contacto dos órdenes de realidad: un polo celeste y un polo terrenal. Diversos símbolos son los que disponen esta característica axial (de eje) propia de comunicadores entre el cielo y la tierra. También índica una cierta correspondencia entre lo alto y lo bajo, entre las realizaciones trascendentes y lo contingente, entre el mundo del ser y el del devenir. Lo que va de uno a otro extremo de la plomada es lo que va del principio metafísico a la manifestación de este principio en la actividad cotidiana, que resume así perfectamente el concepto masónico de cosmos.

       Fue así cómo estos instrumentos, que proceden de nuestro pasado más remoto y ancestral, rebasaron su modesto contenido de simples útiles de trabajo y sugirieron a los artífices que construyeron nuestras más hermosas catedrales, toda una serie de correlaciones simbólicas que iluminaron su existencia y contestaron a sus más profundos interrogantes respecto a la naturaleza humana, el universo y la divinidad. Por eso sentimos añoranzas de un tiempo en que las herramientas hablaban a los hombres con el lenguaje de la metafísica.

El mallete y el cincel

      Herramientas propias de los canteros, fueron utilizadas durante milenios en las hermandades de constructores, hasta que el destino quiso que su simbolismo fuera incorporado al de las logias masónicas en donde todavía hoy figuran en los cuadros del aprendiz y del compañero. Una vez más encontramos en estos instrumentos el doble carácter, activo y pasivo, que veíamos en el nivel y la plomada. El martillo (mallete), golpea activamente la piedra, dirigido por la hábil mano del artesano que lo dirige, no directamente contra ella, sino optimizando su acción a través del cincel; éste, por su parte, cumple pasivamente su cometido.

       El cincel, en tanto que ocupa un lugar intermedio entre el martillo y el material que desbasta, es activo en relación a éste y pasivo frente al mazo y a la fuerte mano que lo maneja. Este instrumento fue asociado inicialmente al grado de compañero, el segundo en la jerarquía masónica, anterior a la maestría y posterior al aprendizaje. O si se quiere, la jerarquía masónica hace del compañero, un estado intermedio entre la pasividad absoluta y la iniciativa total, correspondiéndole algo de lo uno y de lo otro.

Simbólicamente el mallete es utilizado con la mano derecha y el cincel sostenido con la izquierda.

Simbólicamente el mallete es utilizado con la mano derecha y el cincel sostenido con la izquierda.

      Lo característico del cincel es desgastarse con cierta frecuencia, perder capacidad de penetración y precisar un nuevo afilado, perífrasis (rodeo, circulonquio, ambigüedad) mística del sendero que debe seguir el compañero, siempre propenso a caer en el error y precisar de un nuevo enderezamiento; sometido al riesgo de no persistir en su tarea lo suficiente, de desanimarse así como el cincel se desafila y se convierte en romo (obtuso y sin punta) y estéril para su trabajo. Entonces la hábil mano del maestro deberá entrar en acción; pero también el compañero deberá revisar constantemente su preparación y conocimiento, tendrá la obligación de estar alerta sobre sus deficiencias y desviaciones.

     El mallete ha sido símbolo de la autoridad suprema desde la más lejana antigüedad. Arma de Thor y de Hércules, arma de los “dux bellorum”, ha pasado a las logias como idéntico carácter. Manejado por los maestros se utiliza en las ceremonias para iniciarlas o concluirlas, tocado a ritmos diversos indica momentos importantes en el desarrollo de los ritos y en las recepciones de nuevos hermanos.

      No es raro que el mallete sea el instrumento característico del maestro: expresa la voluntad libre y soberana de crear y construir, más que ningún otro instrumento tiene un carácter ejecutor de la voluntad; quien lo toma en sus manos debe tener previamente en su interior la imagen de lo que va a construir, la forma de lo que quiere modelar; y todo esto debería ser atributo del Venerable Maestro (Presidente) de logia.

      Ambos instrumentos, a pesar de estar dotados de contenidos simbólicos diversos, son inseparables uno del otro; perfectamente inútiles cuando no colaboran en la misma obra, denotan un necesaria capacidad organizativa y una coordinación de quien lo utiliza. Simbólicamente el mallete es utilizado con la mano derecha y el cincel sostenido con la izquierda, tal como corresponde a sus características, es sólo así cómo logran modificar una y mil veces la materia en bruto.

Escuadra y compás

      Ambos, superpuestos, constituyen el símbolo más universalmente extendido y que mejor expresa el origen y los ideales de la masonería. A tal punto, que si ignorásemos cualquier otro instrumento propio de las logias, bastaría con conocer, en profundidad, el cometido de la escuadra y del compás, como símbolos, para reconstruir a partir de ellos la filosofía y el esoterismo masónicos.

 

Referencias:

  • Figueredo, Oscar (2015). Exposición sobre el Primer Vigilante [trazado].
  • Corvalán, Alfredo (2015). Las Joyas de las Luces de la Masonería [trazado].
  • Corvalán, Alfredo (2010). El simbolismo constructivo de la Francmasonería. Montevideo: Ediciones de la fe.

2 thoughts on “Las Joyas de las tres Luces del Taller

    • QUERIDO HERMANO:

      TE AGRADEZCO DE CORAZON TU CONCEPTOS ELOGIOSOS SOBRE MI TRABAJO EN LA WEB.

      DESGRACIADAMENTE, EL MAL DE PARKINSON ATACA PRINCIPALMENTE MI LOCOMOCIÒN Y UN POCO MENOS ME MI MEMORIA, GRACIAS A DIOS.

      MUCHO TE AGRADEZCO TU PACIENCIA Y FRATERNIDAD

      TE DESEO A TI Y A TUS SERES QUERIDOS LA MAYOR FELICIDAD.

      TRIPLE ABRAZO FRATERNO.

      ALFREDO

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