Islam y Masonería en el mundo contemporáneo

A L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.

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Islam y Masonería en el mundo contemporáneo

Julio Casuriaga  y equipo

 

Introducción

El CIEM y la pregunta sobre el Islam

        Ser masón en el Uruguay contemporáneo y plantar una instancia de interrogación, reflexión y crítica entorno al Islam (que es precisamente lo que estamos haciendo en esta Cámara del Área de Grandes Corrientes del Pensamiento del CIEM) supone caminar en un terreno fangoso, donde abundan las dificultades, los problemas y las incertidumbres.

El Corán, el libro sagrado del islam, que según los musulmanes contiene la palabra de Dios (o Allāh, الله), revelada a Mahoma (Muhammad, محمد).

El Corán, el libro sagrado del islam, que según los musulmanes contiene la palabra de Dios (o Allāh, الله), revelada a Mahoma (Muhammad, محمد).

        Esta dificultad proviene, en primer lugar, de nuestra particular posición de masones “sudamericanos”, en la medida de que el universo simbólico que nos rodea responde en mayor medida a los parámetros de la cultura de Occidente. Occidente escribe sobre nosotros, estamos determinados profundamente por una forma simbólica de aprehender la realidad que responde a los cánones de Occidente, y como tal nos es difícil pensar “fuera” de los lineamientos generales trazados por esta cultura.  Todo lo que tenga que ver con Oriente, incluido el Islam, es para nosotros un “otro”, una forma de alteridad radical, una escritura simbólica absolutamente distinta a la que respiramos, por eso mismo nos será bastante complicado entender. Además, nuestra cultura occidental nos ha legado una serie de arquetipos, fórmulas y clisés de todo tipo para acceder simbólicamente a “lo oriental”.  Said le daba el nombre de “orientalismo”, es decir, una determinada manera de entender el Oriente que tiene Occidente, una estructura mental histórica, con un lenguaje y un modo de transmisión propios, y que, como masones en este lugar y tiempo del mundo, no podemos evitar.

        Una buena manera de demostrar los condicionamientos culturales que existen para acceder al Islam consiste en considerar las diferentes maneras cómo distintas culturas  y subculturas de Occidente caracterizan al Islam y contrastarlas. Asimismo, contrastarlas con la manera cómo seguramente se ven los musulmanes. Por ejemplo, el Diccionario de la Real Academia Española define textualmente  al Islam como: “Conjunto de dogmas y preceptos morales que constituyen la religión de Mahoma”.  Esta acepción, a primera vista, parece arriesgar una definición no totalmente libre de preconceptos de orden religioso cristiano-católico y etnocentrista, por ende algo alejada de su real sentido o significado. Es propio destacar que esto no sucede en aquellos diccionarios de lengua inglesa, cualquiera fuese el término que se consulte: Islam  o Religión Mahometana, donde se apunta más bien a definirlos como una “religión monista caracterizada por la aceptación de la doctrina de la sumisión a Dios y a la palabra de Mahoma (Muhammad)”, considerado el “principal y último profeta de Dios”, como así también a los países y personas que creen en Él. En cambio, si nos remitimos a la definición que la propia comunidad de creyentes islámicos tiene de sí misma, la palabra Islam definiría la “Doctrina religiosa expuesta por el profeta Mahoma (Muhammad) en el s. vi d. C., que se sostiene en tres grandes postulados o Tres Pilares:

  1. Creer en Allah como único Dios.
  2. Creer en Mahoma como el último y más grande de sus profetas.
  3. Creer en la resurrección de los muertos”.

Diferencias y error conceptual: Es común que se confunda en occidente el término árabe y musulmán. Los árabes fueron los primeros en convertirse al Islam y el árabe es el idioma en el que el Corán está escrito. El término “árabe”, entonces, expresa un concepto cultural cuyo significado es “pueblo de occidente”, y es el nombre dado a los habitantes de una región o país en particular, en este caso la península arábiga, situada en la confluencia del continente africano y Asia, entre el Golfo Pérsico, el Golfo de Adén y el Mar Rojo. Mientras que “musulmán” se define, desde esta perspectiva, a una persona que cree en el Islam como una religión. Por consiguiente, desde esta perspectiva, el término “islámico” se utiliza para los todos elementos no humanos relacionados con el Islam, como ser su doctrina y filosofía.

        Todo este conjunto de creencias se basan en las revelaciones contenidas en El Corán, libro sagrado de los musulmanes y que fue dictado a Mahoma por el arcángel Gabriel.

        Otro ejemplo de la gran dificultad que tenemos desde el CIEM para entender el Islam, radica en los condicionamientos que nos impone la forma de transmisión cultural del conocimiento, y que son propios de los tiempos que vivimos. En este caso nos referimos a la influencia de los medios masivos de comunicación, en especial la prensa escrita, internet y la televisión, que en la era postmoderna configuran la cultura de la imagen, de lo superficial, de la carencia de contenidos y de información veraces, pero que han determinado una manera de “representar” el Islam a la cual nos estamos acostumbrando.

        Por ejemplo, después de los atentados de las Torres Gemelas, Madrid y Londres, los medios de comunicación occidentales mostraron la figura de Bin Laden hasta el cansancio. Su imagen llegó por la pantalla mediática al público masivo en el horario central del noticiero, cuando la gran audiencia llega a su casa cansada, luego de una jornada extensa de trabajo; cuando las personas no se encuentran con su capacidad reflexiva activa, sino pasiva, porque están descansando y pueden ser bombardeadas por una batería de información mediática a través de la televisión, por de las grandes cadenas internacionales.

       Siempre Bin Laden aparecía de la misma manera: oculto en una caverna, rodeado de armas, profiriendo amenazas de muerte y destrucción contra los “infieles”. Por pensamiento metonímico, pensamos que él es un arquetipo del practicante del Islam. Los medios occidentales nos muestran  imágenes en la que se observan a musulmanes con armas  o bombas, imágenes vacías de contenido, en donde la imagen del hombre barbudo con un rifle pasa a ser el símbolo de la cultura mediática.

       Por más de 30 años las sociedades occidentales han sido educadas y formadas bajo el influjo de la llamada “cultura de la imagen”, y reproducen por medio de gestos y lenguajes lo observado en los medios de comunicación.  Como corolario, buena parte de la comunidad post moderna posee un lenguaje empobrecido, carente de contenido sustancial y lecturas reflexivas. Asimismo, esa comunidad se encuentra indefensa frente a la cultura mediática de los sistemas modernos de información.

Profeta muhammad.

Profeta Muhammad (569/570-632) fue el profeta fundador del islam. Su nombre completo en lengua árabe es Abu l-Qāsim Muḥammad ibn ʿAbd Allāh al-Hāšimī al-Qurayšī del que, castellanizando su nombre coloquial Muhammad (مُحَمِّد), se obtiene Mahoma.

       Aunque es cierto que terroristas vinculados a países árabes han realizado atentados, no por eso debemos englobar al Islam y al mundo árabe como difusores de la violencia terrorista. Sería reducir el problema al mínimo y no entender nada sobre una cultura milenaria. A través de representaciones de este tipo, los medios de comunicación occidentales nos transmiten un estereotipo de musulmán que no se asemeja a la realidad, y construyen “hiperrealidades” en las cuales la audiencia observa el mundo que le cuentan, no el verdadero. Por eso es necesario liberarse de ese mundo hiperreal de sombras, fantasías y ensueños que nos transmiten los medios de comunicación.

       También podrían citarse otros ejemplos de condicionamientos culturales a los que estamos sometidos para entender el Islam (el cine, las noticias internacionales, etc.), pero sin entrar en detalles, a modo de introducción, es bueno que desde el CIEM estemos en guardia hacia los condicionamientos culturales que estamos expuestos a la hora de investigar sobre el Islam. Esto no significa en modo alguno renunciar a intentar comprender de qué se trata “esa cosa llamada Islam”. Es necesario conocer sus costumbres, su cultura, su religión, sus sentimientos, ya que a partir de ahí encontraremos un mejor vehículo para analizar su sociedad, su historia, sus costumbres y, de paso, conocernos mejor a nosotros mismos.

        Sin embargo,  no debemos perder nunca de vista, por nuestra posición cultural de “masones occidentales”, que cualquier consideración a la que lleguemos será parcial, subjetiva y relativa. Ser masones es estar iniciados en un universo simbólico que apunta, entre otras cosas, a que poner en cuestión la dicotomía tradicional del conocimiento profano, como lo es la diferencia entre “sujeto” y “objeto” del conocimiento.  Estamos en la obligación de problematizar esa instancia crítica, con la que pretendemos acercarnos a ese algo extraño y curioso llamado Islam. A partir de ahí, seremos capaces de ser más libres,  más reflexivos y más conscientes de lo que significa esa realidad.

El origen de lo “sagrado” en el Islam y en la Masonería

       Cualquiera sea el modo como se caracterice al Islam, una cosa es cierta: nadie puede dudar que guarda muchos puntos de contacto con la Masonería. Estos vínculos se dan según consideremos a la Masonería como “Orden” o como “Institución”.

       Considerada la Masonería como “Orden” (es decir, en su aspecto subjetivo, esotérico, lo que metafóricamente podríamos llamar “el alma” de la Masonería, su esencia, lo iniciático, lo íntimo de todos y cada uno de sus miembros), estos vínculos se dan en la medida que su fundamento en la concepción de lo “sagrado” es similar, en ciertos aspectos, al que encontramos en el Islam.

Mano de Fátima o Jamsa (en árabe: خمسة, ‘cinco’) .

Mano de Fátima o Jamsa (en árabe: خمسة, ‘cinco’) .

        Partamos de la base que el Islam es una nueva forma de “religar” al hombre con la Divinidad universal, la cual es producto de un individuo: Muhammad. Una figura histórica, nada más alegado de un nito. Nació en la ciudad de La Meca, hacia los años 570/571 d. C. Tuvo que afrontar, ya desde temprana edad, el fallecimiento de sus progenitores. Su educación estuvo en manos de su abuelo paterno y luego de su tío Abu-Talib, hermano de su padre. Sus primeros años de vida transcurrieron entre la actividad pastoril y el comercio de caravanas. A los 25 años contrajo matrimonio con una rica viuda de nombre Jadicha o Khadijah, que le aventajaba en más de 20 años de madurez y fue ella quien primero estimuló y ayudó al futuro profeta a comenzar su obra transformadora. De carácter honrado y justo, era apodado “Al Amin”, que literalmente significa “digno de confianza”, cualidad que al parecer se combinaba con su gran piedad y generosidad. A menudo, durante el mes de Ramadán, se sometía a profundos retiros espirituales en alguna de las cavernas de las montañas que rodean a la ciudad de la Meca.

[box class=”pull”]Partamos de la base que el Islam es una nueva forma de “religar” al hombre con la Divinidad universal, la cual es producto de un individuo: Muhammad.[/box]

        Cuando tenía 40 años, en uno de esos retiros en una caverna del Monte Hara, cerca de La Meca, mientras oraba y meditaba sobre los graves problemas del hombre,  tuvo una revelación. Entonces dirigiéndose ante la presencia de su esposa Kadijah, le comunicó que había hallado la solución a todos los problemas del mundo gracias al favor del cielo. Según sus palabras, luego de tal revelación, las tinieblas de la duda se disiparon y vio todo claramente bajo una nueva luz. Que todos los ídolos y formulas de la tradición pagana no eran otra cosa que pedazos de madera inservibles, sin sentido. Que había un Dios único y debían dejarse a un lado todos los antiguos ídolos y dirigirse solamente a Él. Que Dios es grande, y que no hay nada más fuera de él, ya que su figura es la eterna Realidad.  Él es el creador del mundo y del hombre, y él es quien les sustenta. Somos a su Imagen, al igual que todas las cosas creadas lo son, que el hombre forma parte de una vestidura transitoria que vela el Eterno resplandor. Por ello le define un solo lema: “Allah akbar” (Dios es Grande).

         De ahí proviene el Islam, que es la necesidad de someterse a Dios, la creencia en que toda nuestra fuerza reside en una resignada sumisión a Dios, ocurra lo que ocurra, tanto en este mundo como en el otro. Sea lo que fuere que Dios envíe, aunque fuese la muerte o algo peor, es lo mejor para sus fieles, y los hombres deben resignarse a Su Voluntad. Éste es el espíritu del Islam. No hay que fiarse en la sangre ni en la carne, ni en lo pasajero, lo efímero, lo transitorio, los fútiles placeres, lo pesares ni los deseos. Debe comprenderse que nada sabemos, que lo que parece ser lo peor y lo más cruel a nuestros ojos no es lo que parece. Hay que recibir lo que nos llegue como enviado por Dios. “Dios es Grande”, esto es bueno y conveniente, y aunque Él quitare la vida, en Él se confiará. Ésta es la suprema sabiduría que el Cielo reveló a la Tierra y que Mahoma recibió a través del arcángel Gabriel.

Desde esta perspectiva, no puede dejarse de advertir lo cercano que es el fundamento esotérico del Islam al espíritu de la Masonería. El Islam sostiene, al igual que la Masonería, que nada en la realidad tiene un sentido exterior puro y simple, sino que hay un sentido oculto (exotérico) “sagrado” o “religioso” que reviste los actos más ordinarios de la existencia. La religión no ocupa –como en el mundo profano– un lugar aparte, una esfera separada del resto de las actividades de la vida; al contrario, el sentido de lo sagrado está inmerso en las actividades más cotidianas, el mundo “es” lo sagrado mismo. Y de hecho, tanto el verdadero musulmán como el verdadero masón, deben apuntar a lo mismo: la eliminación o anulación misma del concepto de lo “profano”.

        En realidad, no puede existir nada profano, excepto lo que por uno u otro motivo se encuentra fuera de la tradición, y en tal caso se trata de una simple anomalía. Es desde este punto de vista de la concepción de la vida misma y, la creencia en este elemento metafísico o sobrenatural, que tanto en el Islam como en la Masonería se marca la impronta del devenir. El último camino que hay que recorrer para alcanzar el conocimiento de la existencia misma de esa realidad supra-natural se encuentra en el terreno de la fe. Es en este último aspecto de la creencia en la divinidad, en que Dios (Alá para los musulmanes o el G.A.D.U para nosotros los masones) utiliza los dones y las características propias de una persona en particular para llevar adelante su obra transformadora.

[box class=”pull”]De ahí proviene el Islam, que es la necesidad de someterse a Dios, la creencia en que toda nuestra fuerza reside en una resignada sumisión a Dios, ocurra lo que ocurra, tanto en este mundo como en el otro.[/box]

       Pese a estas grandes coincidencias, la imagen de Alá o la divinidad predicada por el Islam, como centro ontológico de una religión monoteísta y dogmática, está algo lejos de nuestra creencia libre, absolutamente personal e intransferible en el G.·.A.·.D.·.U.·. Por  la cual cada H.·. responde interiormente y con entera laicidad de conciencia. Aun así Islam y Masonería, en sus orígenes y en sus fundamentos “esotéricos” se asemejan de manera interesante. Ambas formas de religar parten de una visión “sagrada” o “religiosa” del mundo, una forma de acceder a lo Superior (el Cielo) desde la contemplación de lo Inferior (la Tierra). Como decía Goethe: “¿No vivimos todos en el Islam, si es esto el Islam?”

El Islam como fuente de la Masonería

        La Orden como Institución, en su simbología, como así también en la práctica de sus rituales, ha absorbido elementos de diferentes culturas a lo largo de su historia. Muchos de estos elementos tienen origen religioso que fueron adoptados mucho antes de la transferencia a la Masonería Especulativa por los antiguos pedreros que prestaban servicios a organizaciones religiosas, y a quienes se los obligaba a profesar su fe. Diferentes orígenes o escuelas de pensamiento le son atribuidos a la Masonería, a través de rigurosas investigaciones realizadas por diversos HH.·. a lo largo y ancho del mundo e inclusive por estudiosos no pertenecientes a la Orden.

La Oración  une los ademanes corporales con las fórmulas de oración. Según la doctrina,  los ademanes corporales indican la adoración y sumisión a  Dios.

La Oración une los ademanes corporales con las fórmulas de oración. Según la doctrina, los ademanes corporales indican la adoración y sumisión a Dios.

        Para Charles Webster Leadbeater, en su libro Escuelas Secretas de la Masonería, capítulo 1, dice que existen cuatro escuelas en el pensamiento masónico, y son:

  1. La Escuela Autentica: proveniente de las Guildas Operativas inglesas de constructores de la Edad Media
  2. La Escuela Antropológica: con su origen en los Antiguos Misterios Iniciáticos de pueblos y naciones primitivas del mundo.
  3. La Escuela Mística: basadas en el despertar espiritual del hombre y en su desenvolvimiento interno, provenientes de las antiguas religiones o escuelas pre-cristianas egipcias, persas, griegas, judías, romanas, celtas, escandinavas.
  4. La Escuela Oculta: proveniente de los Antiguos Misterios Egipcios.

Otros integrantes de la Orden, estudiosos del tema, agregan tres escuelas más:

  1. Escuela o Masonería Operativa Pompílica: proviene de Numa Pompilio, segundo rey de Roma, después de Rómulo, con la creación de los “collegia fabrorum”, corporaciones operativas de herreros, carpinteros, pedreros, arquitectos, etc.
  2. Escuela o Masonería Bíblica: creada por Hiram Abif, arquitecto del Templo de Salomón o según otros por el propio Rey Salomón durante la construcción del Templo de Jerusalén.
  3. Escuela o Masonería Templaria: proveniente de los remanentes de los Caballeros de la Orden del Temple o Templarios en la Abadía de Montserrat, Barcelona, España en el año 1514.

      Es de esta última fuente o escuela mencionada (Escuela o Masonería Templaria) de donde provienen las relaciones entre la Masonería y el Islam, y es a través de la cual el Islam dejó su huella en nuestra querida Institución.

      “Las Cruzadas” es el nombre con el cual se designaron a las campañas militares llevadas a cabo por la Europa latina cristiana, por un período de casi 200 años  (desde 1095 d. C a 1291 d. C) con el objetivo de restablecer el control cristiano de la llamada Tierra Santa, para entonces en poder de los musulmanes. Mucho se ha discutido sobre el motivo de las mismas y las fundamentaciones van desde aspectos económicos (control de las rutas comerciales con Asia), políticos (control hegemónico del papado sobre las monarquías y la iglesia de oriente), e incluso fervor religioso. Su nombre se debe a la Cruz que llevaban como insignia o distintivo los caballeros que valientemente acudían al llamado de aquella arriesgada empresa.

[box class=”pull”]Pese a estas grandes coincidencias, la imagen de Alá o la divinidad predicada por el Islam, como centro ontológico de una religión monoteísta y dogmática, está algo lejos de nuestra creencia libre, absolutamente personal e intransferible en el G.·.A.·.D.·.U.·.[/box]

       Algunos autores consideran a las mismas como un periodo de incursiones militares, batallas, saqueos y crímenes perpetrados en nombre de “Dios” y la cristiandad.  Por otro lado los hay también aquellos quienes le atribuyen otras causas y consecuencias más nobles. Ocho fueron las Cruzadas llevadas a cabo en las tierras de Oriente y África (una en Constantinopla, dos en Egipto, una en el norte de África y cuatro en Palestina), a las que le seguirían otras tantas en territorio europeo. Es en este amplio contexto histórico que la llamada “Orden de los Caballeros del Temple” surgirá  desde Oriente y pretenderá erguirse como guardiana y protectora de la cristiandad.

        A diferencia de lo que sucede con la francmasonería, la Orden del Temple tiene un origen concreto y su historia ha sido ampliamente documentada. Nacida como consecuencia de la primera peregrinación armada a Tierra Santa, fue creada por un grupo de nueve caballeros provenientes en su mayoría de Champagne (Francia), liderados por Hugo de Payens, cuyo objetivo inicial fue el de amparar y proteger a los peregrinos en su camino a Tierra Santa. En el año 1118 el rey Balduino II de Jerusalén cedió parte del recinto del antiguo  «Templum Salomonis» a la naciente orden militar cuyos caballeros fueron llamados, por ese motivo, con el nombre de “Caballeros Templarios”.

Armaduras de Caballeros Templarios.

Armaduras de Caballeros Templarios.

         A pesar de los cruentos encuentros entre cristianos y musulmanes, fieles e infieles, existieron también otros contactos que no se realizaron en los campos de batalla. Algunos fueron abiertos a la vista de todos mientras que otros poseyeron una naturaleza más oculta a ojos profanos; a modo de ejemplo, aquellos que atestiguarían el sometimiento de varios Maestres de la Orden del Temple al Islam, hechos que se desprenden después de años de rigurosas e intensas investigaciones.

        Algunos de los contactos que llevaron a los Caballeros Templarios lejos de sus raíces cristianas ocurrieron en gran parte de las tierras de Palestina, Siria y en la antigua Persia sasánida, con la Orden de los asesinos o hashishim (de donde proviene la palabra asesino) que era conducida por Hasan-i Sabbah, más conocido con el apodo del “Viejo de las Montañas”. Ésta era una sociedad secreta que adoctrinaba jóvenes, desde muy pequeños, en los diferentes castillos que poseía, enseñándoles no sólo diferentes lenguas y costumbres de la época, sino también formándolos en la obediencia absoluta y lealtad indiscutida al líder (es por eso que algunos autores consideran a esta Orden como el inicio del fundamentalismo islámico).

         Esta sociedad tiene su origen en una de las ramas del chiismo ismaili, teniendo mucha similitud con la Orden de los Templarios, ambas de características iniciáticas y militares, y estructuras jerárquicas. Además compartían su misión como guardianes de tierras santas.

         Debido a años de convivencia y relacionamiento, quedará demostrado que entre los Caballeros Templarios y las Órdenes de Caballería Mahometana existían muchas similitudes, sobre todo en lo que refiere a los misterios iniciáticos.

        Como consecuencia de aquellas íntimas relaciones entre la Orden del Temple y otras Órdenes ecuestres, poco a poco enemistadas con los intereses de la nobleza feudal y la Iglesia, se determinará la supresión, muchas veces bajo violentas persecuciones,  de numerosas de aquellas instituciones surgidas en el fervor de las Cruzadas. Sus miembros que lograron sobrevivir, se ocultaron bajo el manto de otras Órdenes, como ser: “La Orden del Cardo” en Escocia, “La Orden de Cristo” en Portugal, “La Orden de Calatrava” en España y “La Orden de la Estrella Flamígera”, en Alemania, según lo afirmado por el H.·. Joseph Ragón y otras fuentes.

[box class=”pull”]Es de esta última fuente o escuela mencionada (Escuela o Masonería Templaria) de donde provienen las relaciones entre la Masonería y el Islam.[/box]

       Otras de las influencias del Islam se realizó a través de los Shriners, “Antigua Orden Árabe de los Nobles del Relicario Místico” que se fundó en La Meca, Arabia, en el año 644 d. de C. por el primo y yerno de Mahoma, Alî ibn Abî Tâlib, la cual se extendió con prontitud por el resto de Arabia, Siria, Egipto, Marruecos y otros países del área mediterránea. En 1698 llegó a Italia, y a Alemania e Inglaterra en 1778. En EE.UU. se estableció en 1872, por los HH.·. Walter M. Fleming, Doctor en medicina, y William J. Florence, quienes crearon el ritual, emblema y vestimentas. Se adoptó una temática inspirada en el medio oriente y los templos fueron erguidos semejantes a mezquitas (aunque el término templo ha sido reemplazado por “Auditorio” o “Centro Shriner”). El primer templo establecido fue la Meca Templo (hoy conocido como Meca Relicario). A pesar de su influencia temática, actualmente el Shriner no se haya conectado de ninguna manera al Islam moderno.

La imagen islámica de la Masonería

En la actualidad, y pese a ser la Masonería el receptáculo de una importante cuota de herencia y tradiciones islámicas de orígenes diversos, existe por parte del Islam moderno una antipatía hacia la Orden, la cual claramente se pone de manifiesto con la actuación casi nula, cuando no prohibición de la misma, en los países islámicos.

       Durante el Siglo XIX muchas fueron las Logias que operaron en estos países, pero debido a presiones de diferente índole han dejado de hacerlo, aunque no en su totalidad, todavía la Orden sigue su accionar en algunos países, como ser: Egipto, Turquía, Líbano, Persia y con menos actividad en Jordania.

[box class=”pull”]Debido a años de convivencia y relacionamiento, quedará demostrado que entre los Caballeros Templarios y las Órdenes de Caballería Mahometana existían muchas similitudes, sobre todo en lo que refiere a los misterios iniciáticos.[/box]

      Si hubiese que buscar las razones de este “divorcio” entre Islam y Masonería, no debería dejarse de nombrar una importantísima: el surgimiento del movimiento religioso-político denominado “Islamismo” y que no debe confundirse con “Islam”. Mientras que en la tradición islámica el Islam está relacionado con aspectos religiosos, como la doctrina, la teología, la filosofía e incluso la sociología, el Islamismo es la adaptación ideológica de preceptos islámicos con fines políticos. Es un fenómeno también conocido como fundamentalismo o integrismo islámico. Es la politización del Islam, a veces radicalizado o fanatizado. Su objetivo es la restauración de los Estados Islámicos basados en la Ley Islámica o Charia. Esta ley caracteriza al Islam. La religión musulmana y la fe se encuentran indisociablemente ligada a la ley. No se trata de derecho en sentido occidental del término. En el Islam los juristas son a la vez teólogos, debido a que la ley es parte integrante de la religión. Esta concepción es un tanto desconcertante para el mundo occidental acostumbrado a disociar el terreno de lo religioso con el jurídico.

        El término Islamismo es una traducción proveniente de la palabra árabe islamiyyun. Es un término aplicado por los movimientos islamistas que buscan distinguirse del muslimun, es decir, de los creyentes musulmanes ordinarios.

        Los islamitas entienden que su religión es la solución a los problemas contemporáneos que padecen los Estados musulmanes. Aunque los numerosos grupos islamistas que se diseminaron a través del mundo islámico en las últimas tres décadas del siglo XX difieren acerca de la forma de llevar adelante los Estados Islámicos, coinciden en la idea de que el retorno a Dios incluye el rechazo de la cultura Occidental (principalmente por su materialismo, hedonismo y permisividad sexual) y a la obligación de apoyar a los seguidores musulmanes en guerra contra los infieles (no musulmanes), en lugares como por ejemplo Palestina o Cachemira. Sin embargo, no todos los islamistas apoyan acciones que requieran el uso de la violencia.

        Los antecedentes de este fenómeno se encuentran en el siglo XVIII y XIX, con la aparición de los reformistas y movimientos salafiyya. No obstante, el Islamismo moderno nace a principios del siglo XX, como reacción a Occidente y a Mustafá Kemal Ataturk, padre de los turcos (no árabes).

La Kaaba (en árabe الكعبة, al-ka'ba, «el dado» o «el cubo») es una construcción con forma de cubo que se halla en La Meca, Arabia Saudí, y representa el lugar sagrado y de peregrinación religiosa más importante del Islam.

La Kaaba (en árabe الكعبة, al-ka’ba, «el dado» o «el cubo») es una construcción con forma de cubo que se halla en La Meca, Arabia Saudí, y representa el lugar sagrado y de peregrinación religiosa más importante del Islam.

        Más puntualmente, su origen se remonta al nacimiento de la Hermandad Musulmana en 1928. Su creador, el maestro egipcio Hasan al-Banna, creía que “en el principio estaba la acción”. Los objetivos originales de esta hermandad fueron tanto morales como políticos, ya que Hasan al-Banna dio cumplimiento al precepto de que “el Islam es al mismo tiempo religión y política”. Con la crisis de Palestina durante y luego de la Segunda Guerra Mundial, la Hermandad comenzó a radicalizarse. Tuvo un rol importante en los disturbios que condujeron al derrocamiento de la monarquía en 1952. Luego de la revolución entró en conflicto directo con el nacionalismo del gobierno de Jamal Abd al-Nasser. El ascenso de Nasser como fuerza nacionalista laica significó un duro revés para el movimiento islamista. Su máximo líder e ideólogo, Sayed Qotb, fue encarcelado por Nasser y ahorcado en 1966. Luego de su prohibición, la Hermandad se internacionalizó con grupos afiliados en Jordania, Siria, Sudán, Pakistán, Indonesia y Malasia. La Hermandad encontró refugió en Arabia Saudí, bajo la protección del Amir Faisal ibn Abd al Aziz, tanto política como financieramente.

        En muchos de los países sunnitas la Hermandad y sus ramificaciones pueden ser divididas en una corriente principal que trabaja dentro del marco de sistemas gubernamentales, donde está permitida y puede también estar relacionada con trabajos de bienestar social, y una tendencia radical que busca lograr sus objetivos por medio de la violencia. Sin embargo, la línea divisoria de estos dos extremos no siempre resulta tan clara. Donde la oportunidad de la participación política fue posible como en Jordania, Yemen, Kuwait y Malasia, los niveles de violencia han sido notablemente menores que en Palestina o Argelia.

[box class=”pull”]Hasan al-Banna dio cumplimiento al precepto de que “el Islam es al mismo tiempo religión y política”.[/box]

        Otro importante influjo proviene de la doctrina del estudiante y periodista indio Abu al-Ala al Maududi, quien había influenciado a Sayed Qotb. La jihad no sería concebida como una guerra defensiva para la protección del territorio islámico, sino que podría librarse contra aquellos gobiernos abocados a prevenir la prédica del verdadero Islam.

         Existe un núcleo duro de militantes islamistas que están comprometidos en la liberación de las tierras musulmanas de los infieles. Ejemplo de ello fue la jihad contra la ocupación soviética en Afganistán (1979-89), cuando miles de voluntarios recibieron entrenamientos de un tipo de guerra irregular. Luego de la guerra y de la retirada del invasor, los militantes tuvieron como objetivo liberar todas las tierras que fueron una vez islámicas de las reglas de los infieles y de aquellos gobiernos que no predican el verdadero Islam.

Es a partir del final de la guerra fría que se corrobora una nueva radicalización del Islamismo, con la aparición de nuevos grupos extremistas (los Talibanes en Afganistán, el Frente Islámico de Salvación en Argelia, la Escuela Unificadora del Islam que se impuso en Sudán, entre otros), capaces de llevar la jihad fuera de las fronteras convencionales del Islam. De esta línea dura del Islamismo deriva, justamente, un divorcio entre el Islam y la Masonería, considerada por el Islamismo como una mirada “occidental” de la Divinidad. En la realidad del Islam actual conviven diversas ramas. Las principales son: el sunismo y chiismo. Además, se puede encontrar el jariyismo en menor medida y una práctica esotérica del Islam como es el sufismo.

         Como la mayoría de los presentes conoce, la Iglesia Católica, a través de diferentes Bulas Papales, ha excomulgado a todos los masones; mientras que el Islam, y pese a no tener una autoridad análoga al Papa, se ha pronunciado a través del Consejo de Jurisdicción Islámica, el 15 de julio de 1978, de la siguiente manera:

Después de una investigación completa sobre esta organización, basada en registros escritos de muchas fuentes, hemos determinado:

  1. La Francmasonería es una organización clandestina, que oculta o revela su sistema, dependiendo de las circunstancias. Sus principios reales están ocultos a sus miembros, excepto para miembros selectos de sus más altos grados.
  2. Los miembros de la organización, a escala mundial, son escogidos entre hombres sin distingos de su religión, fe o secta.
  3. La organización atrae miembros sobre la base de otorgar beneficios personales. Obliga a los hombres a ser políticamente activos y sus intenciones son injustas.
  4. Los nuevos miembros participan en ceremonias de diferentes nombres y símbolos, y son amenazados si desobedecen sus regulaciones y órdenes.
  5. Los miembros son libres de practicar su religión, pero sólo los miembros que son ateos son promovidos a sus más altos grados, basados en cuánto están dispuestos a servir a sus peligrosos planes y principios.
  6. Es una organización política. Ha servido a todas las revoluciones, ha propiciado transformaciones políticas y militares, y en todos los cambios peligrosos siempre aparece una relación expuesta o velada con esta organización.
  7. Es una Organización Judía en sus raíces. Su cuerpo administrativo secreto más alto está integrado por judíos y promueve actividades sionistas.
  8. Su principal objetivo es la eliminación de todas las religiones y aparta a los musulmanes del Islam.
  9. Pugna por reclutar personas con influencia financiera, política, social o científica, para utilizarlas. Recluta reyes, príncipes, primeros ministros, altos oficiales gubernamentales e individuos similares.
  10. Posee ramas bajo diferentes nombres como camuflaje, de tal manera que la gente no pueda rastrear sus actividades, especialmente si el apelativo “francmasonería” tiene opositores. Estas ramas ocultas son conocidas como Leones, Rotarios y otras. Han abrazado principios que abiertamente contradicen las normas del Islam. Existe una clara relación entre la francmasonería, el judaísmo y el sionismo internacional. Ha controlado las actividades de altos oficiales árabes en el problema palestino. Ha limitado sus deberes, obligaciones y actividades para beneficio del judaísmo y del sionismo internacional.

Dado que la Francmasonería encierra en sí actividades peligrosas, es una gran amenaza, con retorcidos objetivos, el Sínodo Jurisdiccional determina que la Francmasonería es una organización peligrosa, destructiva. Cualquier musulmán que a ella se afilie, conociendo la verdad de sus objetivos, es un infiel al Islam”.

       Como se puede apreciar en los diez puntos descriptos anteriormente, la antipatía que existe actualmente desde el Islam hacia la Masonería, se debe más que nada a la influencia del Islamismo, es decir: en razones políticas justificadas tristemente a través de la religión islámica.

 

Referencias:

  • CARLYLE, Thomas, “El héroe como Profeta. Mahoma: el Islamismo”, en: De los héroes, Océano, México, 1999.
  • CORVALÁN, Alfredo, El simbolismo constructivo de la Francmasonería, Montevideo, Ediciones de la Fe, año 610 de la V:. L:.
  • LAMAND, F. “La Charia o Ley Islámica”. En BALTA P. Islam: Civilización y sociedades. España. Siglo Veintiuno Editores.
  • LEADBEATER, Charles W., Escuelas Secretas de la Masonería,
  • RUTHVEN, Malisen; NANJI Azim, Historical Atlas of the Islamic World. Harvard University Press. Cartographica. 2004
  • SAID, Edward W., Orientalismo, Madrid, Libertarias, 1990.
  • SARTORI, Giovani, “El Video Niño”, en: Homo Videns.

 

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