Frases sobre simbolismo masónico

Los símbolos, que son tan antiguos como el ser humano, han sido utilizados para expresar aquello que muchas veces estaba prohibido transmitir, pero en masonería han cumplido y cumplen un papel mucho más importante: permiten poner a cubierto de la indiscreción de los profanos la esencia última de nuestros trabajos y, fundamentalmente, permiten al iniciado, y sólo a él, disponer de una herramienta insustituible para desbrozar el largo y difícil camino hacia la Perfección.

El símbolo no define, no nos da un único e inmutable significado de una cosa, sino que nos inspira, nos permite construir nuestra propia idea de lo que se trata. He ahí su importancia para la instrucción iniciática, también su finalidad. Por eso nada puede sustituir a los rituales, porque sólo pueden ser cabalmente comprendidos concurriendo a las tenidas y escenificándolos en logia.

José Garchitorena, Vice Venerable Gran Maestro de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay (2013)

Los símbolos son “hechos del alma”, y desde allí deben ser tratados y recreados por todos nosotros.

El símbolo provoca presencia, y su instrumentación es a través de la práctica, no de la creencia.

El símbolo es la forma tangible de una realidad subjetiva indescriptible, es un medio para revelar el significado detrás de lo que vemos.

La Masonería se basa en el simbolismo, es decir, en el significado subjetivo y permanente de los símbolos, no en ellos mismos.

El símbolo cumple con la dualidad de develar y velar a la vez las realidades espirituales, también facilita el estudio de verdades interiores por medio de la observación, la meditación y la experiencia.

Los misterios que guarda nuestra Orden pueden ser comunicados únicamente por medio de símbolos, porque, para nuestro propio bien, estos tienen la virtud de revelar, a quien los mira, sólo aquellos secretos sobre los misterios de la vida que está en condiciones de recibir y tiene capacidad para utilizar.

La diferencia entre signo y símbolo debe esclarecerse: el primero es una mera representación, en cambio el segundo encarna un poder de conciencia. Cuando pedimos a viva voz la luz, no iluminamos la habitación, pues la palabra es un signo representativo; pero cuando se enciende una fuente luminosa, en este caso hay un símbolo, que provoca una presencia y no sólo evoca la idea.

El símbolo es un instrumento a través del cual las ideas más elevadas descienden al mundo concreto, y a la vez es un vehículo que conduce al hombre, desde su realidad material hacia su ser verdadero y espiritual.

Alfredo Corvalán (Montevideo, 2014). Simbolismo masónico.

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