El silencio en la Masonería

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El silencio en la Masonería

Alfredo Corvalán

 

      El silencio es un landmark de nuestra Orden. En ese sentido, los landmarks son los principios fundamentales que rigen la constitución, la organización y el funcionamiento de nuestra Orden, entendiendo por principios fundamentales aquellos que hacen a la esencia de la Masonería y que por ende son inherentes a su naturaleza. Es decir, los landmarks hacen que la Masonería sea lo que es y no otra cosa.

      Potenciando ese razonamiento, podemos decir que lo que está dentro de esos límites es Masonería, el resto es profano. Los Antiguos Límites (Landmarks) desempeñan la función de preservar los conocimientos trasmitidos por la Tradición. A su vez los Landmarks son preservados por las normas de la Regularidad Masónica.

Caracterización y definición del silencio masónico

       “La Masonería es una sociedad secreta en posesión de secretos que no se pueden divulgar”: este landmark consagra el llamado “secreto masónico”, legado por la Tradición y respetado, en lo esencial, por la Masonería en los tiempos actuales.

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El silencio es un landmark de nuestra Orden.

        Asimismo, el secreto masónico está íntimamente relacionado con el mismo el método de reconocimiento (landmark 1) y con la necesidad de que cada logia trabaje a cubierto, o sea, protegida de los profanos (landmark 11). Albert Mackey nos da una precisa definición de este landmark, en los siguientes términos:

“El secreto de la Institución es otra Marca (Landmark) importantísima. Alguna dificultad se opone a la exacta definición de una ‘sociedad secreta’. La Masonería no es sociedad secreta en el estricto concepto lógico de una de aquellas asociaciones cuyos propósitos se resguardan rigurosamente del conocimiento público, cuyos miembros son desconocidos, que trabajan y laboran en tinieblas y cuyas operaciones se ocultan a la vista pública. A esta clase de sociedades pertenecen los centros políticos de carácter revolucionarios que se forman en los países gobernados despóticamente, donde las reformas se han de lograr por la fuerza y la violencia, si acaso se logran.

La Masonería no pertenece a este linaje de sociedades secretas, pues sus propósitos y su finalidad son de dominio público y los encomian los masones como cosa merecedora de veneración. Se conoce públicamente a los masones porque se considera una honra pertenecer a la Masonería, cuya labor ha de dar un resultado del que los masones se glorifiquen. Pues sus cometidos son el perfeccionamiento del hombre, la mejora de las condiciones de la vida humana y la reforma de las costumbres. Pero la Masonería es una sociedad secreta si por tal se entiende una sociedad con cierta suma de conocimientos y un método de reconocerse entre sus miembros. Además de varias enseñanzas que sólo se comunican a los que han pasado por una establecida forma de iniciación esotérica. Esta índole de secreto es inherente a la Masonería desde su fundación, y como Orden está asegurada por sus antiguas Marcas características, de suerte que si fuese despojada de este carácter secreto dejaría de ser Francmasonería”.

         Éste es uno de los límites masónicos más evidentes e indiscutibles de todos. El principio del secreto es una de las características más destacadas en el universo y en la Masonería. Si se prescindiera de este principio, la Masonería dejaría de ser lo que es.

Antecedentes históricos del silencio masónico

       El secreto masónico tiene, desde un punto de vista estrictamente objetivo, un sólido fundamento en la persecución, las torturas y los asesinatos que en épocas pretéritas muchos miembros de la Orden padecieron por su simple calidad de tales y por ser portadores y defensores de sus principios; en particular, la tolerancia, la libertad y la igualdad.

      En documentos fechados a fines del siglo XIV ya se mencionan estos juramentos y aquellas responsabilidades. Dentro del marco de esa época, los masones marcaban un raro aspecto de tolerancia, ya que nadie podía aventurarse a discrepar con las doctrinas aceptadas e impuestas por la Iglesia de Roma (llamada Católica, Apostólica y Romana). Había una especie de simbiosis entre esa Iglesia y el Estado, y de hecho el hereje era un enemigo del Estado y por ende colocado “fuera de la ley”. Esto significaba mucho más que lo que hoy llamamos estar “fuera de la ley”. En aquella época, esto  implicaba la pérdida total de derechos y no generaba responsabilidad alguna a quien torturara, matara o se apoderara de los bienes del condenado.

     Era también la época del auge de la Inquisición instituida y ejercitada por la Iglesia de Roma contra los imputados por herejía (sin derecho alguno de defensa y con la aplicación de la tortura como método legal de interrogatorio), con condenas que incluía la muerte por el fuego en hogueras, como castigo ejemplarizante. Éstas eran las causas fundamentales por las cuales todo masón tenía prohibido revelar  jamás la calidad de tal de un hermano ni la suya propia. Tal prohibición subsiste hasta la fecha, por la discriminación que en algunos medios sufren los masones.

     En el siglo XVIII, el Papa Clemente XII emitió la primera bula condenatoria de la Orden en 1738. Luego hubo otra de Benedicto XIV, en 1751, justificando la prohibición e ilegalidad de las reuniones de masones en el “secreto” con que se rodeaban las mismas, pues consideraba que la Masonería iba en contra del Derecho Romano en vigor y de la tranquilidad pública. El mismo fundamento fue esgrimido por los totalitarismos del siglo XX (fascismo, comunismo, nazismo, franquismo, etc.) para perseguir, torturar y asesinar a masones por el sólo hecho de serlo. Esas actitudes de la Iglesia de Roma engendraron reacciones por parte de un sector de la Orden conocido como el “anticlericalismo”, que fue tan negativo e intolerante como lo que pretendía combatir, dando así “argumentos” a quienes no los tenían para atacar a la Masonería.

El silencio masónico como parte de la institucionalidad de la Orden

      Desde el punto de vista subjetivo, el secreto masónico se conoce con el nombre de “secreto iniciático” o “misterios” de la Orden. Ello es consecuencia de que la Masonería es esencialmente una Orden iniciática y que la verdadera iniciación, la sagrada, se da en el campo de lo esotérico (del griego eiso-theo: yo hago entrar, es decir dar paso al conocimiento de una verdad oculta); o sea, de lo interno, lo secreto, lo reservado a los iniciados. En contraposición con lo exotérico que separa lo público y lo externo.

La Masonería es una organización mucho más oculta de lo que parece a simple vista.

La Masonería es una organización mucho más oculta de lo que parece a simple vista.

      La Masonería es una organización mucho más oculta de lo que parece a simple vista. En sus ritos y ceremonias yacen ocultas las fuerzas relacionadas con el desarrollo de los aspectos divinos del hombre. Así como secreto e invisible es a los ojos profanos lo que transcurre en el interior del universo y de nuestro ser en su evolución, corresponde, por analogía, que lo sea también el interior de una logia.

      Si la Masonería es una sociedad secreta, lo es en virtud de que el universo es también una organización secreta, tan secreta que tiene aspectos demasiados herméticos y misterios prácticamente indescifrables para la mente humana común. El interior de toda logia masónica tiene que guardar esa estrecha relación con la constitución interna del universo y con todas las características esenciales de la misma. El silencio y el secreto son dos  características que la logia masónica debe cumplir.

      El silencio significa callar. Con este sentido en mente, el masón debe trabajar en el mundo exterior, en lo que respecta a la Masonería, considerando que el profano representa el mundo externo, por lo cual debe callar ante él. Es por esto que el silencio masónico se emplea enfáticamente en los rituales y es la primera lección del Aprendiz.

      Los verdaderos misterios y secretos de la Masonería están ocultos en sus símbolos, ritos, signos, toques y palabras. La existencia material de los símbolos no es ningún secreto, pero sí el significado que tiene para cada uno. Esto es un secreto oculto, cuya revelación cada uno debe descubrir por sí mismo. Las verdades masónicas, por tanto, son secretas y están envueltas en misterio porque se hallan escondidas en símbolos y alegorías. El simbolismo masónico constituye un lenguaje secreto. Ese secreto, custodiado por símbolos, tan sólo lo podremos conocer cuando nos volvamos dignos de ellos. Exige un “precio” en cada masón.

      Para que nadie se llame a engaño conviene aclarar que, si bien los secretos masónicos están ocultos en su simbolismo peculiar, las verdades que ocultan no son exclusivas de la Masonería, pues las mismas son universales.

       El hecho de que la Orden, como lo indican sus logias, sea un camino de Occidente al Oriente simbólico, también vale decir que “de la Oscuridad a la Luz” implica algo secreto, invisible y oculto que debe ser develado y traído a la luz. Esto que se halla escondido en la oscuridad de nuestro ser es el verdadero secreto de la Masonería, y en la terminología ritual lo denominamos misterios.

La discreción masónica

       Veamos, en primer lugar, cómo define, textualmente, el Diccionario de la Enciclopedia Salvat el término siguiente: “DISCRECIÓN, (Del lat. discretio. – tionis.) f. Sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar. Don de expresarse con agudeza, ingenio y oportunidad. Expresión o dicho discreto”.

       Por otra parte, sabemos que el proceso de síntesis a través del conflicto de pares de opuestos –pares simbolizados por el pavimento de mosaicos (blancos y negros), de nuestras Logias y la síntesis simbolizada por el triángulo equilátero: tesis, antítesis y síntesis–, representación espacial del número 3, edad simbólica del aprendiz masón) constituye el eje sobre el cual gira todo el sistema masónico. En ese sentido, podemos deducir que la discreción es la síntesis de los pares de opuestos representados por los términos “secreto” y “público”. En otros términos, la discreción como síntesis superadora nos obliga a conjugar estos dos aspectos de la Orden, aplicado para ello “sensatez para formar juicio y tacto para obrar”. Así, por ejemplo, que debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:

        1) Que la Gran Logia de la Masonería del Uruguay tiene otorgada la Personería Jurídica por parte del Poder Ejecutivo Nacional, hallándose por lo tanto dentro de la ley y amparada por ella. Sus autoridades y el domicilio de su sede y locales son bien conocidos y su dirección telefónica figura en la guía respectiva. Por lo cual, es obvio que no es una sociedad secreta. Por tanto, todos los aspectos relacionados con los orígenes, propósitos y objetivos de la Masonería del Uruguay pueden y deben ser comentados para “difundir la Luz”; pero, obviamente, aplicando la virtud de la “sensatez” en orden a la “seriedad” y la “confianza” que se dispensan a la persona o el público ante quienes realizan los comentarios.

        2) Que sus miembros están obligados por promesas de honor a guardar el llamado secreto iniciático o misterios que tiene dos aspectos: uno subjetivo, interior, esotérico y que por naturaleza es intransferible e incomunicable (por ejemplo: la “vivencia” de los símbolos). El aspecto exterior está constituido por la parte externa de los ritos (llamado ceremonial) que jamás debe ser revelado, comentado, aludido ni participar a alguien que no sea “un verdadero y regular masón, después de reconocido por tal, o en Logia, o con autorización e instrucciones de los legítimos Jefes en la Orden Masónica”. Esto en un sentido estricto, pero el concepto tiene también una acepción más amplia y plenamente vigente, que comprende todo lo actuado en Logia (que siempre debe estar “a cubierto”) durante las Tenidas, en los Ágapes rituales y aún en las conversaciones privadas entre masones sobre dichos temas.

        3) Que todo masón tiene derecho a mantener en reserva su calidad de tal (motiva esto las persecuciones del pasado y las discriminaciones del presente y otras fuentes de injusticias). Por ende,  jamás un masón debe revelar tal calidad de un Hermano, si no está debida y personalmente autorizado para ello por el titular del derecho. Ni la suya propia, salvo autorización de sus legítimos jefes en la Orden masónica.

 

Referencias:

  • Corvalán, Alfredo (2003). Los Landmarks de la Masonería. Montevideo: Ediciones de la Fe.

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