Editorial julio

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Queridos hermanos lectores:

 

El principal objetivo a alcanzar por nuestra Web Site www.gadu.org  lo explicitamos en nuestro lema emblemático: “Docencia para la Libertad”. Siendo condición esencial para lograrlo que las Grandes Logias prediquen a nivel declarativo la libre expresión del pensamiento y que sea una realidad de su diario proceder. Sólo así se logrará un aporte real a la Obra Mayor de la Masonería, que es la construcción del Templo de la Fraternidad Masónica Universal, para que albergue a todos los hombres –no sólo a los masones– de buena voluntad ; sin discriminación alguna por razones de raza, nacionalidad, política o religión.

En este aspecto, tengo la convicción de que la Gran Logia de Argentina es un excelente ejemplo a imitar para que nuestra Orden pueda realizar esa Obra Mayor. La convicción surge de la vivencia que tengo como miembro de honor de esta Gran Loga y por el testimonio dado a mi solicitud por el Gran Canciller de la Gran Logia de Argentina, muy respetable hermano Jorge Clavero, quien  después de analizar los fenómenos que nos depara la sociedad civil de la posmodernidad, sentenció sabiamente: “Somos conscientes de estos fenómenos, son los que nos llevarán a nuevos puertos o serán el remolino en el que nos extinguiremos casi sin darnos cuenta”.

Del ámbito latinoamericano, durante el proceso independentista del siglo XIX, para este mes tomamos dos figuras representativas, con historias de vida diferentes, pero que coinciden  en varios aspectos. Nos referimos a los hermanos masones: el mexicano Benito Juárez (léase: Benito Juárez y el pensamiento masónico, del hermano Cuauhtémoc D. Molina García, y la biografía Benito Pablo Juárez García presidente de México, que publicamos en una versión corregida y enriquecida) y el cubano Carlos Manuel de Céspedes (léase: Carlos Manuel de Céspedes y su vinculación con logias masónicas, de Lohema Céspedes Ginarte).

Juárez fue y es un ejemplo del valor del estudio como una forma de autoliberación, sobre todo teniendo en cuenta su procedencia social y el peso de la discriminación racial en la historia de la nación mexicana. Céspedes, en camino inverso, nació y creció con los beneficios de la burguesía criolla cubana; sin embargo, para bien de su país, liberó a sus esclavos, renunció a su condición de hacendado y lideró una etapa del movimiento independentista de su patria. Los dos fueron abogados. Los dos llegaron a una forma de presidencia: Juárez como presidente constitucional; Céspedes como presidente de una “República en Armas”, es decir, sin ver todavía, aquello que excedió su vida física: la independencia.

Por último, algo más que los acerca y los iguala: la denominación del recuerdo, que en el caso Juárez fue elegida por él: cuando en su iniciación masónica eligió para sí el nombre de Guillermo Tell; nombre del legendario personaje (posiblemente real o imaginado) de la independencia suiza y personaje también de la obra teatral homónima del poeta alemán Friedrich Von Schiller. Pero Guillermo Tell, que en la realidad o en la ficción luchó contra la dominación austríaca, desde entonces y para siempre, se convirtió en un símbolo de la libertad; y, más precisamente, de la libertad en pos de la igualdad; eso que para Juárez fue la misión principal de vida y por lo cual es recordado como  el “Benemérito de las Américas”. Por otra parte, Céspedes es recordado y reconocido en Cuba como “El Padre de la Patria”, héroe entre los héroes de todos los tiempos. El padre de la libertad y de la igualdad primeras, las fundantes de todas las posteriores y venideras.

Yendo, entrando y sosteniendo en el presente inmediato y cercano de nuestra Orden el fuerzo y los trabajos por la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, www.gadu.org a través de este editorial destaca la colaboración que amablemente me envío el querido hermano Ángel Jorge Clavero cuando le pedí que nos aportara un resumen de los  Aportes para la transformación de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, durante el periodo 2008-2014, cuando él estuvo a cargo de la gestión como Gran Maestre.

Como destaca Clavero en el comienzo de su colaboración, y teniendo en cuenta los cambios que la Masonería afronta en estos tiempos, su reto en ese momento fue afrontar que “la Masonería Argentina estaba encerrada en sus templos, no se expresaba en el ámbito de la sociedad profana”. Parte de ese proceso de tranformación lo expone en una entrevista que buscamos en una fuente periodística y que reproducimos aquí: CLAVERO: “La masonería no es secreta; es discreta”.

De la colaboración del hermano Clavero resaltamos además el siguiente fragmento, por la capacidad de síntesis con que define todo el quehacer de la labor masónica: “La fraternidad, nuestra tradicional argamasa, es un concepto que se declama con frecuencia y se practica con menos vigor. Se trataba, entonces, de volver a extender y desarrollar nuestros vínculos fraternales, practicar nuestros valores esenciales de libertad, tolerancia, fraternidad, trascendencia, discreción y secreto”.

Asimismo, destacamos este mes la octava entrega de Las Masonerías en el Mundo Contemporáneo; esta vez, como penúltima del capítulo tercero, dedicada a La Masonería de México y Uruguay. Entre sus tópicos internos, enfatizamos la perspectiva de Figueredo sobre cómo encontró relaciones tan profundas entre la fundación y la evolución de varias logias representativas de la Masonería mexicana y el destino político y cívico de aquel país. También incluye un rastro documentado de cómo Juárez, como masón y figura política, formó parte de esos procesos. Hay un dato que aporta el querido hermano Figueredo que evidencia lo anterior: “el 15 de enero de 1847, en el salón del Senado de la República, habilitado especialmente como recinto masónico, se inició como aprendiz de la logia ‘Independencia Núm. 2’ el licenciado Benito Pablo Juárez García”.

Entre los aportes de mi autoría publicados este mes, sugiero dos breves EL nombre de GADU y la Identidad de la Masonería Simbólica e Ideas centrales sobre la Igualdad. Del primero, resalto la importancia ritualista de observar el  nombre de Gran Arquitecto del Universo para los tres grados del simbolismo como único válido. Del  segundo, teniendo en cuenta que entre las herramientas simbólicas de nuestra Orden el nivel es el encargado de cuidar y dar un sentido a la Igualdad, me permito cerrar este editorial con la siguiente reflexión: “Desde el punto de vista iniciático, la igualdad es un valor humano fundamental que debemos observar en nuestro camino de perfeccionamiento espiritual”.

Queridos hermanos, anunciamos que el tema de agosto será “el silencio”. También destacamos que con nuestra próxima entrega cumpliremos el primer año como publicación masónica. Por lo cual estamos preparando una edición especial para compartir con nuestros lectores y colaboradores. Gracias, muchas gracias por todo el apoyo durante este tiempo.

Como siempre, los convocamos para que www.gadu.org sea otro lugar de encuentro y diálogo.

 

Alfredo Corvalán

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