Editorial abril

Queridos hermanos lectores:

       La laicidad puede abordarse desde diversas maneras o perspectivas. Es por eso que este mes, aun haciendo un esfuerzo mayor en la selección y en mantener la cantidad promedio de trabajos publicados, nos hemos visto en la sana necesidad de publicar más y tener en cuenta una diversidad mayor en los contenidos sobre el tema del mes. Por eso, además, este editorial no se propone esta vez como meta mencionar todo lo que publicamos, sino apenas encauzar una posible lectura vinculante entre algunos de estos trabajos. Queda en nuestros lectores el esfuerzo de hacer sus propias lecturas, de los trabajos mencionados y de los omitidos.

         Quizás la imagen más representativa y aglutinante de todas las formas de valorar la laicidad es aquella que la define como “la arquitectura de la República” [en cuanto a todos los tópicos referentes a la independencia del Estado laico  y democrático, el sistema educativo sin la injerencia de ninguna religión, las libertades cívicas, los Derechos Humanos, el humanismo, los derechos inalienables de cada individuo, etc.], como señalo en  mi breve trazado Recreación sobre laicidad. Y a su vez, desde una perspectiva masónica, la laicidad es base y sostén del Gran Templo de la Fraternidad Masónica Universal. 

        Es precisamente desde estas dos dimensiones tan diversas que se relacionan todos estos trabajos, incluso hay algunos que se fortalecen con el correlato de lo dicho en otros, para coincidir o incluso para marcar algunas diferencias o matices en un mismo enfoque. Por ejemplo, y aprovechamos la ocasión para agradecer esta importante colaboración a la Gran Logia de Chile, en su ponencia Masonería, laicismo y globalización se argumenta en favor de “la necesidad de defender al Estado laico en su rol de garante en el mantenimiento del espacio público como área abierta a la crítica, la discusión y el debate, como auténtica libertad de expresión y tolerancia”. También, reconoce que “El laicismo del Estado hace efectiva la triada fundamental de la Orden: libertad, igualdad y fraternidad, también incorpora a la tolerancia como principio clave de las bases democráticas”. Y señala dos grandes peligros: a) “una sociedad universal homogénea, que termina con las diversidades culturales, puede lesionar muy seriamente los principios del humanismo, del laicismo y de la francmasonería”; b) “la globalización se encuentra en una etapa en que carece de gobernabilidad”.

         Anclando el sentido de esta ponencia y poniendo énfasis en la sociedad chilena, Carlos Leiva Villagrán dice en El empedrado camino del laicismo en Chile: “La escasa laicidad de los partidos de gobierno, como también de los partidos de oposición, se traduce en que, en la práctica política, ella sea una temática incómoda para la clase política chilena en general. En Chile, la separación de la Iglesia del Estado en 1925 no fue más que un acomodo que quitó al Estado el beneficio del patronato, en tanto que el catolicismo dejó de ser la religión oficial y desapareció de la Constitución. (…) En la práctica, no ha habido separación de la Iglesia del Estado”. Y señala un grave problema: “La Iglesia Católica continúa manteniendo el derecho a adoctrinar  a los niños chilenos en la educación pública y particular subvencionada”. Este problema es similar al que aqueja a la educación pública inicial en la República Argentina. 

        Sin embargo, en Uruguay, y teniendo en cuenta el punto de vista de los hermanos masones uruguayos que escribieron sobre este tema, dada la amplia y madura independencia del Estado y la educación pública de cualquier religión, el punto de vista fundamental y las mayores coincidencias en los análisis se establecen en las relaciones de la laicidad con los Derechos Humanos, con los Derechos Constitucionales y con el valor de la educación laica para el Estado democrático.

        En este sentido, entender y asumir que la laicidad “es el respeto a la diversidad” (como sintetiza la cita de Néstor Piriz y Villemur Triay, hecha por el hermano Ricardo Grasso en Aproximación al estudio de la laicidad y del laicismo con los Derechos Humanos) es también otra manera de insistir y hacer valer la importancia de la laicidad para el espacio dual (de independencia constitutiva en sí misma y aporte participativo a la sociedad toda) que necesita la Orden masónica, para su institucionalidad y para sus miembros.

        En Libertad y determinismo el hermano Gerardo Bianchi busca y encuentra una matriz filosófica del tema en el pensamiento de Carlos Vaz Ferreira, de quien cita: “los problemas de la libertad  o no libertad se refieren a seres, y los problemas de determinismo o indeterminismo se refieren a hechos o fenómenos”. Y centra su análisis, amparado también en los conceptos de Vaz Ferreira, en las condiciones que requiere el hombre (como especie, no como género) para ser plenamente libre. Porque, como define Bianchi, “considerar que el hombre es libre, implica también asumir que es responsable de su conducta, de sus actos, que no hay excusas que justifiquen una mala acción”. Y continúa: “como masones asumimos que nos vamos construyendo a nosotros mismos en uso de esa libertad, combatiendo nuestros vicios y nuestros defectos (que son verdaderas larvas espirituales), labrando nuestra piedra en bruto, tratando de ser cada día más virtuosos, aprendiendo de los errores cometidos  en el pasado y siendo conscientes que nuestro presente y futuro dependen de nosotros mismos”.

         Esa capacidad de juicio, de disciplina, de análisis y de reconocimiento en una tradición nacional y universal es lo que aporta, y con creces, la versión de la charla Derechos Humanos y laicidad que dio en 2010 el querido hermano Oscar Figueredo, pero que sigue con plena vigencia, y por eso la publicamos. De su contenido destacamos los fragmentos siguientes:

  1. “Hace ya más de 30 años que en Uruguay la maestra Reina Reyes (entre otros), estableció con claridad una concepción diferente sobre la laicidad, distinguiéndola del laicismo“La laicidad responde al espíritu del humanismo que proclama la dignidad de la persona humana, respeta la individualidad de cada hombre concreto y, por lo mismo, deja los valores en los dominios de la filosofía, de la religión, de la política y del arte, a la libre elección personal.
  2. “La laicidad así entendida no queda restringida a lo que dice la religión. Desde esta perspectiva la noción de laicidad evoluciona, pasando de la neutralidad y la abstinencia (el laicismo), a la manifestación del respeto de las diferentes concepciones políticas, filosóficas y religiosas, porque respetar las ideas ajenas es una conquista que reafirma los valores democráticos más valiosos, como por ejemplo la creación de un pensamiento autónomo. Esto contribuye a la reflexión, al análisis y a la construcción de pensamientos críticos de la realidad.
  3. La concepción actual de la laicidad no supone anular o neutralizar ideas, sino incluirlas a todas en base a un análisis crítico de sus contenidos. (…)

      Y concluye citando nuevamente a Reina Reyes: “El régimen democrático exige una gran dosis de responsabilidad e independencia, y, por lo mismo su problema capital es la educación. La democracia exige un pueblo liberado económicamente y maduro intelectualmente, un pueblo educado en la laicidad”.

       De Oscar Figueredo también recomendamos la quinta entrega de Las masonerías en el mundo contemporáneo, esta vez dedicada a Las Logias de Prince Hall, donde indaga sobre quién fue este hermano negro (su reseña biográfica también puede encontrarse en la sección “Masones ilustres”), y la discriminación que sufrieron, dentro y fuera de la comunidad masónica, este gran hombre y las logias que llevan con merecido reconocimiento su nombre.

       Asimismo, queridos hermanos, en la sección “Masones ilustres” recomendamos leer cuatro reseñas más: Mariano Moreno, de Felipe Pigna; La Masonería en el ejército realista (sobre Tomás de Iriarte), de Antonio Calabrese,  Juan María Gallot, de José A. Ferrer y Juan Teófilo Desaguliers. Ese mes quisimos homenajear a masones de épocas y vidas  diferentes, pero abrazados a una misma noción de libertad, ésa que la laicidad es capaz de amparar por encima del laicismo o la religión que cada cual profesa o no, pero que en la Orden fluyen y confluyen.

        De mi autoría, recomiendo: Masonería e Iglesia Católica Apostólica y Romana, relacionamiento desde 1717 hasta 2015.

       En fin, queridos hermanos lectores: muchos otros trabajos, libros y noticias podrán encontrar en nuestras secciones. Y para que sepan qué estamos preparando y envíen sugerencias y colaboraciones, anunciamos que el tema de mayo será “Esoterismo masónico”.

       Como siempre, los convocamos para que GADU.ORG sea otro lugar de encuentro y diálogo.

 

Alfredo Corvalán

 

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