Carlos Manuel de Céspedes y su vinculación con logias masónicas

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Carlos Manuel de Céspedes y su vinculación con logias masónicas

Lohema Céspedes Ginarte

(Versión abreviada y corregida por GADU.ORG)

 

Profesora de Cultura Latinoamericana y del Caribe y Cultura Cubana en la Universidad de Granma, Cuba. Licenciada en Letras (Filología) por la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba

 

Introducción

          A través del presente trabajo nos acercamos al estudio de una figura paradigmática dentro del ámbito sociopolítico y cultural de la región: Carlos Manuel de Céspedes, y a partir de una arista muy poco tocada, su proyección como un hombre de cultura; esa dimensión humanista, muchas veces, si no soslayada, apuntada de paso para ir a destacar su trayectoria política.

Desarrollo

        Fue Bayamo una de las localidades representativas de la cultura regional; conjuntamente con próceres que, vinculados a ideas separatistas, dieron a la luz su interés porque su terruño fuese culto en toda su dimensión. Ligada a esta vorágine maravillosa se destaca una figura bayamesa de pura cepa. Me refiero a Carlos Manuel de Céspedes, hombre cabal en innumerables sentidos y el primero en desatar la guerra por la independencia de Cuba, aquel 10 de octubre de 1868.

Carlos Manuel de Céspedes del Castillo (1819–1874).

Carlos Manuel de Céspedes del Castillo (1819–1874).

         Es de interés abordar en este trabajo al Hombre de Mármol, como lo llamara nuestro Héroe Nacional, pues quiero tratarlo, no en su arista de luchador incansable por la gesta libertaria; no verlo en su bregar de Presidente de la República en Armas; como el amo de esclavos que les dio la libertad; no mirarlo como aquel hombre inalcanzable, muchas veces idolatrado y nada más; sino desde una dimensión abarcadora, más humana, más cercana a nosotros porque está junto a los cubanos todos. Es decir, realizar la exégesis de las facultades intelectuales de su personalidad a plenitud como el ser de carne y hueso que fue, que sintió y padeció por los terribles dilemas enfrentados.

         Descubrirlo en una de las manifestaciones culturales poco trabajada resulta muy novedoso, pues encontramos en esta figura a un hombre capaz, certero y sobre todo con sus aristas, vertientes, condescendencias, virtudes y defectos como todo ser humano que aprende a equivocarse, a comprender las ideas de otros que en su momento no le escucharon y apaciguar los calores entre los mismos compañeros de batalla.

Carlos de Céspedes y la masonería

         Es conocido que desde los inicios de la masonería, el rasgo caritativo y protector ha sido la responsabilidad de la fundación de hogares masónicos para la atención de los ancianos necesitados y sus viudas, orfanatos y escuelas para los hijos de los miembros. El masón fue y es consciente de que sus obligaciones de ayudar a los miembros [de la Orden] deben ser subordinadas a la obligación que debe a Dios, su país y su familia, con pleno reconocimiento de sus deberes para con la humanidad.

          Conscientes de esta premisa, estamos entonces en condiciones de conocer y corroborar y no asombrarnos nunca por qué El Padre de la Patria se integró a las filas de esta hermandad y su actuar junto a todos los cubanos deseosos de la igualdad, la fraternidad y la libertad (aspectos inherentes a la masonería) sin importar el color de la piel, status social y sexo. Se nos hacen, pues, más comprensibles sus actitudes tomadas en instantes de insomnio, a pesar de las inadecuadas respuestas y acciones para con él, amén de la talla a la cual perteneció.

          Estas cualidades se muestran inmanentes en la figura de Carlos Manuel de Céspedes, es inconcebible ver al pionero de las luchas independentistas ajeno a los problemas tangibles de una sociedad que hasta ese momento se encontraba de rodillas ante una metrópolis aplastante y desgarradora, como lo fue España con Cuba.

          Céspedes, como muchos hombres de su época, formó parte de una logia masónica. En agosto de 1867 allí se reunieron los conspiradores bayameses, aspecto que le permitió llevar adelante aquella difícil pero necesaria lucha revolucionaria. La Logia donde se reunieron se llamaba “Estrella Tropical número 19”. Tenía como Venerable Maestro el acaudalado terrateniente Francisco Vicente Aguilera.

          Los masones que allí concurrían eran, en su mayoría, ricos propietarios de tierra, comprometidos en su totalidad con el proceso independentista cubano; así como otros hombres que, a pesar de su bajo nivel social, sentían inclinación por ver su patria libre. En los encuentros realizados en diferentes casas de los complotados (pues la iglesia católica combatía las logias) llegaban a acuerdos que permitieron aunar patriotas para el difícil pero impostergable enfrentamiento contra la metrópoli española.

          La “Estrella Tropical 19” era una de aquellas logias existentes en el país que conformaban el Gran Oriente de Cuba y las Antillas (GOCA), fundado el 28 de marzo de 1868 en La Habana, por Vicente Antonio de Castro y Bermúdez, un decidido partidario de la separación de Cuba de España, además cirujano.

         El GOCA desempeñaba un papel fundamental y similar al de la masonería francesa durante el siglo XVIII: la preparación ideológica de la revolución y crear, dentro de sus logias irregulares, las condiciones para su concretización.

         Según el criterio de Eduardo Torres-Cuevas, “el plan del doctor de Castro era utilizar la organización masónica para preparar un pueblo capaz de defender su propia existencia; plan propio de su sentido iluminista” y “liberar al hombre de las ataduras de la ignorancia”.

          Es lógico atribuirle razón a dicho criterio, pues sirvió de base para sustentar una semilla que muy pronto saldría a la luz: el inicio de las luchas contra el aparato represivo español, en 1868. Démonos cuenta que las reuniones realizadas por hombres, en su mayoría ricos propietarios de tierras, eran netamente conspirativas, situándose en el extremo opuesto de los mandamientos de la burguesía esclavista.

“Cuba libre es incompatible con Cuba esclavista, ya la abolición de las instituciones españolas debe comprender y comprende por la necesidad y por razones de la más alta justicia, la de la esclavitud como la más inicua de todas”.

“Cuba libre es incompatible con Cuba esclavista, ya la abolición de las instituciones españolas debe comprender y comprende por la necesidad y por razones de la más alta justicia, la de la esclavitud como la más inicua de todas”.

          Lo que perseguía Vicente Antonio de Castro a través de aquella organización era similar a las aspiraciones de “los hombres del 68” y ¿cuál era el objetivo?, pues emancipar a los cubanos a la lucha, unirse todos para librarse del yugo colonial y crear una conciencia nacionalista.

          Nos hemos detenido en este punto porque el Gran Oriente de Cuba y las Antillas, aunque muy poco conocido, influyó positivamente en la vida del prócer, así como en la preparación de la guerra decisiva. Este cuerpo de educación política pretendía formar hombres que dieran respuesta a innumerables problemas tanto socioeconómicos como políticos de ese momento histórico; es decir, solucionar aquellos de la realidad cubana de ese entonces.

          Los intereses de Céspedes, como miembro de la logia citada, coincidían en su totalidad con los preceptos del doctor de Castro, pues es sabido que la misma tenía un carácter insurreccional. Junto a él se afiliaron al GOCA y al Comité Revolucionario destacadas figuras; como los tuneros Francisco Rubalcaba y Vicente García; Julio Grave de Peralta y casi todos los conspiradores holguineros; y el bayamés Donato Mármol y los revolucionarios de esa zona.

          Tal fue su apego a ese ideario [masónico] que en el mes de abril de 1868 fue Venerable Maestro de la logia “Buena Fe” de Manzanillo, prohijada por la “Estrella Tropical”. Ella estuvo integrada por los miembros revolucionarios de esa localidad y trabajó bajo dispensa en el corto tiempo en que funcionó.

La dirección de la “Buena Fe” quedó constituida de la siguiente manera:

Venerable Maestro: Carlos Manuel de Céspedes

Primer Vigilante: Francisco Vicente Aguilera

Segundo Vigilante: Pedro Nuño de Gonzalo

Secretario: Eligio Izaguirre

Tesorero: Manuel José Izaguirre

Orador: Francisco María Fajardo

Experto: Porfirio Tamayo

Maestro de Ceremonia: Bartolomé Masó

Ecónomo: Francisco Javier de Céspedes

Guarda Templo exterior: Manuel de Jesús Calvar

          Como miembros se encontraban: Francisco Agüero, Manuel Anastasio Aguilera, Francisco y Pedro de Céspedes, Joaquín Figueredo, José María Izaguirre, Isaías y Rafael Masó, entre otros hasta sumar 37.

          La hermandad entre las logias de carácter insurreccional tenía un proyecto revolucionario, el cual consistía en la independencia política, la transformación económica y social, gobierno demo-republicano, abolicionismo, libertades públicas, laicización y deísmo.

          Los hermanos masones de La Buena Fe se reunían en las diferentes casas de los asociados para, también, hacer prácticas de tiro y machete, dirigidas por el Teniente Pedro Nuño.

          Es curiosa la presencia en las tenidas masónicas de dos miembros de las filas españolas: el mencionado teniente y Germán González de las Peñas, quien ocupaba el cargo de comisario de policías. Ello nos permite decir que las logias en aquellos instantes tuvieron un marcado significado para sus integrantes, pues da la medida de la unidad manifiesta sin importar, en este caso, las posiciones antagónicas desde el punto de vista militar.

          Se tiene noticias, según datos de Rafael Acosta de Arriba, que Céspedes creó el 29 de septiembre de 1870, en Sierra de Najasa, la Logia “Independencia”, en la cual ocupó el grado máximo de Venerable Maestro. “La misma fue trashumante y fungió en los campos de Cuba Libre”. Se debe agregar además que en dichos centros se proponía luchar contra la esclavitud y el racismo, educar libertos, mientras que en sus preceptos no existía algún señalamiento que diferenciara a los hombres por el color de la piel.

          Céspedes así, como otros de su talla, proclamó la abolición de la esclavitud, pues veía la acelerada disminución de sus ganancias y la de otros criollos orientales condicionado por el atraso técnico; además consideró que la misma ya no tenía razón de ser, era obsoleta e inapropiada, y lo demostró al tener obreros asalariados en su ingenio La Demajagua y alcanzar fructíferas producciones de azúcar en 1867.

          A tal punto llegó su concepción de proclamar la abolición, que el propio 10 de octubre de 1868, al mismo tiempo que leía el Manifiesto, les dio la libertad a todos sus esclavos, invitándolos a luchar por la igualdad plena del hombre. “Cuba libre es incompatible con Cuba esclavista, ya la abolición de las instituciones españolas debe comprender y comprende por la necesidad y por razones de la más alta justicia, la de la esclavitud como la más inicua de todas”.

          La triste condición de los esclavos tocó sus fibras más sensibles y los amparó con el fin de impedir que su situación empeorara con trabajos agobiadores, con sistemáticos abusos por parte de propietarios sin conciencia. Esto lo hizo a través del cargo de Secretario de la Junta jurisdiccional de Fomento de Manzanillo otorgado por el Gobierno Superior de la Isla, según noticia extraída del periódico El Redactor con fecha 9 de agosto de 1859.

          Su misión fue muy bien defendida, reafirmando su entereza y su sensibilidad hacia los que un día llegarán a ser libres como todos los cubanos. Esto conduce a una conclusión: es imposible imaginar a Céspedes independentista opuesto a la abolición de la esclavitud, aunque el primero no dependa del segundo y viceversa; pero estos hechos en él van de la mano, cristalizando una nueva etapa.

 

Referencias:

  • Acosta de Arriba, Rafael (1996).  Apuntes sobre el pensamiento de Carlos Manuel de Céspedes. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1996.
  • (1997). Bio-bliografía de Carlos Manuel de Céspedes. La Habana: Editorial José Martí.
  • (1999). Los silencios quebrados de San Lorenzo. La Habana: Editorial José Martí.

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