11 de septiembre: ¿Por quién doblan las campanas?

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11 de septiembre: ¿Por quién doblan las campanas?

M.·.M.·. Jorge Milans

Log. Salvador Allende N° 187  Montevideo, Uruguay

         Terminada la Segunda Guerra Mundial, perdido el dominio absoluto del Imperio Británico y anunciada la muerte del colonialismo, surgen dos nuevas potencias que reclaman para sí el liderazgo: los Estados Unidos de América (EE.UU.) y la Unión Soviética (URSS). Este período será conocido como la “Guerra Fría”.

        Sus modelos ideológicos y económicos son tan opuestos que todo hace predecir una solución bélica, sólo frenada en función de las nuevas armas probadas en Hiroshima y Nagasaki. En una guerra total el propio planeta podría ser destruido. Esto no evita, sin embargo, la inexistencia de conflictos que afloran por doquier, empezando por las ex colonias africanas y asiáticas, que luchaban entonces por su libertad y autodeterminación.

La guerra sigue siendo el principal flagelo de muerte de la humanidad.

La guerra sigue siendo el principal flagelo de muerte de la humanidad.

         Rápidamente fraccionan al mundo en dos, obligando al resto de los países a definir su adhesión a uno u otro. Es así que Occidente se alinea tras EE.UU. y la OTAN, y Oriente tras la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia; capitalismo versus comunismo.  Groso modo, en este contexto Chile (que debe responder al liderazgo americano) en 1970,  por primera vez, tiene un gobierno socialista en su historia. Salvador Allende es electo presidente por el bloque de Unidad Popular, integrado por todos los partidos de izquierda; él pertenece al Partido Socialista. Queda claro que no habrá otra Cuba, y Chile queda fuera del sistema, teniendo por líder a un hombre cuyas principales aspiraciones son la libertad y la justicia social.

         Los últimos documentos desclasificados de la CIA ratifican la injerencia directa de EE.UU. (en particular, de Nixon y Kissinger) en la situación de Chile, para no permitir el desarrollo del gobierno de Unidad Popular, por eso financian y promueven el derrocamiento del mismo. Vale señalar que los aviones que bombardean la casa de gobierno son piloteados por norteamericanos. Finalmente, Allende muere el 11 de septiembre de 1973, asediado en la Casa de la Moneda, donde resiste hasta quitarse su propia vida antes que entregarse.

        Este rápido esbozo trata de poner en situación los hechos de los cuales fue actor principal el Hermano Salvador Allende, a quien pretendemos honrar en nuestra logia. Electo democráticamente, es depuesto por un golpe de Estado cuyo período posterior entra en los más negros de la historia latinoamericana y de la propia condición humana. Miles y miles de vidas fueron sesgadas en medio de este golpe de Estado.

          En síntesis, las diferencias políticas y económicas de los sistemas son resueltas en el caso chileno una vez más por la violencia, la muerte y la indignidad. Una vez más, la verdad tendrá que esperar su tiempo para prevalecer sobre la mentira y sobre el olvido. El olvido de Allende sería la muerte de nuestros ideales. El recuerdo de Allende es la vigencia de los mismos y la derrota de sus agresores.

          Treinta y tantos de años después, otro 11 de septiembre nos trae otro manto de horror y dolor. Dos aviones se estrellan casi al mismo tiempo contra las Torres Gemelas de Nueva York, consecuencia de lo cual otros miles de personas pierden su vida, familiares y seres queridos. Los anteriores agresores ahora son agredidos, y estos nuevos no tenían la motivación política de la Guerra Fría, sino que respondían al “llamado divino” de la Guerra Santa.

        Por primera vez un territorio de los EE.UU., exceptuando Pearl Harbor, fue atacado en forma directa y no por un ejército de línea. Después de que Huntington (Especialista en Contrainsurgencia del presidente Lyndon B. Johnson) escribió su libro Choque de civilizaciones, aparece la tesis de que los próximos conflictos bélicos no serían ni territoriales ni económicos, sino culturales y en particular religiosos. Este es el caso de los pilotos de estos aviones, fanáticos musulmanes que creían cumplir el destino de Alá.

        Si bien esta teoría es refutable, por lo menos parece merecer volver a ser tomada en cuenta aunque sea en partes. Años después, el Primer Ministro Británico Tony Blair, en nota a The Economist, señaló que si se pretendía entender el conflicto de Medio Oriente, era indispensable entender los procesos religiosos.

        Hemos querido señalar que, salvando las distancias en el tiempo y utilizando apenas la coincidencia en las fechas, los horrores de ambos hechos nos merecen igual repudio y rechazo. La guerra sigue siendo el principal flagelo de muerte de la humanidad, sea por motivos político-económicos, sea por motivos religiosos, sea que lo ordenen los generales de turno o los iluminados del momento. Y, como sea, la guerra no es solo antiética, sino también amoral.

       Allende fue y será un ejemplo ético y de conducta humana. Combatió la miseria, el hambre, la enfermedad; quiso tratar a todos como a su igual. Quizás su mayor error político fue haber accionado más por su formación de la Orden, que por reacción a la coyuntura del momento.

       Para nosotros, toda muerte es una pérdida y todo nacimiento una esperanza. Por tanto, concebimos la esperanza de la humanidad sin diferencias de clases, sin diferencias religiosas, sin diferencias étnicas, sin diferencias ideológicas. Para ello tratamos de perfeccionarnos y prepararnos en nuestros templos. Por ello, además, nuestro camino debe ser el servicio, nuestra búsqueda la de la verdad y nuestra convicción debe ser que todo es posible cuando nos disponemos a lograrlo. Esa es la esencia de la fraternidad universal que postulamos.

       Por ello, una vez más, cuando pregunten por quién doblan las campanas, suenen donde suenen, has de saber que es por ti.

 

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